Día 10: Caer en la tentación
Treinta días sin conexión instantánea. Treinta escritos, uno por día, que narrarán la vida de Clara Oyuela fuera de las redes sociales. Un mes sin whatsapp, sin Instagram y sin Facebook
“Fue un soplo del Espíritu Santo”– repetía ella a menudo
Crónica de una muerte anunciada
Hoy tuve mi primer momento de reincidencia. Caí. Caí en la tentación de ver el whatsapp. La situación fue la siguiente: tenía que buscar dos números de mi anterior teléfono y chequear si me habían escrito por un tema de trabajo. Junté valor y abrí el whatsapp. Sabía que estaba quebrando todas las reglas y sin embargo, lo abrí. Decidí focalizarme en los mensajes que estaba esperando y los leí. “Vuelvo a fin de mes y nos reunimos”, decía uno. “Martes a las 10, Junín de los Andes”, decía otro. “Derivación de dos pacientes”, anunciaba el último. Hasta ahí consideré no haber roto las reglas. El tema es que leí varios más y voy a ser honesta porque de eso se trata mi experimento. Los mensajes que leí fueron los siguientes:
-Una pelea entre mi mamá y mi hermano en la cadena familiar de primos y tíos. Lo leí por arriba y mi mamá puteaba a mi hermano por haber usado alguna palabra de esas que usa él con frecuencia. Mi hermano le escribió: ¿Cuál fue la palabra que te molestó? ¿Utopía o Ano?
-Un mensaje de mi hermana Delfina, contando una anécdota con mi sobrina Lola, de 3 años. “Sol estaba durmiendo a Oliver y Lola empezó con un capricho. Yo intenté distraerla y le empecé a hacer cosas divertidas. Lola me miró muy seria y con su tonada española me dijo: “No Delfi, no. Hoy no tengo energía para esas cosas”.
-Una foto del jardín de mi hija con el logo de “Espacio educativo para niños y niñas de 2 a 5 años”. Recordé que el año pasado una niña se fue del jardín porque su madre y su padre se sintieron incómodos por el uso de la “E con comillas” en una notita y recordé el debate que se armó a partir de este hecho. Bienvenido el debate de la “E”, pienso. Bienvenidas todas las letras del abecedario. Bienvenidas las preguntas sin respuestas, bienvenida la incertidumbre y bienvenido el soplo del espíritu que allana nuevos caminos.
Había muchísimos mensajes más, de personas y cadenas diferentes, pero decidí salir. La sensación fue rara y a la vez, reconfortante. Percibí que mi ansiedad había disminuido muchísimo en estos diez días de experimento y que no me interesaba leer los mensajes. Miré a un costado y vi a mi viejo lobo de mar reposando sobre la barra de la cocina. Pensé que ese aparato era detestable y que mi celular moderno estaba buenísimo. Comparé los teclados, la velocidad de la escritura, la textura de uno y otro, y bendije para mis adentros el avance de la tecnología. Recordé algo que dijo Darío Sztajnszrajber sobre las redes y la informática, y me gustó. “Me parece una práctica muy conservadora que frente a la novedad se estigmatice a lo nuevo y se le coloque a la novedad todo eso que venimos trayendo desde siempre. Ahora el gran problema es la informática, que genera falta de valores, vaciamiento del sentido, inseguridad. Todo eso ya existía desde siempre pero no nos hacemos cargo del mundo del que provenimos”.


