Crítica de «El cuento de las comadrejas»: Un homenaje al cine argentino

Por Miguel Krebs

Título original: El cuento de las comadrejas. País: Argentina- España. Año 2019. Dirección: Juan José Campanella. Guión: Juan José Campanella y Darren Kloomok. Basada en la película “Los muchachos de antes no usaban arsénico” De Augusto Giustozzi y José Martínez Suarez. Elenco: Graciela Borges, Oscar Martínez, Luis Brandoni, Marcos Mundstock, Clara Lago, Nicolás Francella. Fotografía: Félix Monti. Música: Emilio Krauderer. Montaje: Juan José Campanella. Maquillaje: Beatushka Wojtowicz y Sylvie Imbert. Vestuario: Cecilia Monti. Director de arte: Nelson Noel Luty. Duración: 129 minutos.

A solo un mes del estallido del golpe cívico-militar (El proceso) se estrenó la película Los muchachos de antes no usaban arsénico, dirigida por José Martínez Suarez (Dar la cara, El crack, Los chantas), y la verdad, que no le fue muy bien. 21 años después, Juan José Campanella retomó la idea y desde entonces la fue madurando, fue cambiando el guión, agregado y sacando situaciones hasta que quedó la idea definitiva y se vio concretada con el estreno a nivel nacional.

En la película original Mara Ordaz (Mecha Ortiz) era una actriz olvidada que vivía  con su esposo Pedro (Arturo García Buhr) que fuera actor, y sus amigos, un médico, Norberto Imbert (Narciso Ibáñez Menta) al que le habían quitado su matrícula por abortista y su administrador Martín Saravia (Mario Soffici). Pedro, Martín y Norberto se complotan contra Mara para evitar que venda la mansión ante la oferta que le hace Laura (Bárbara Mujica)  dueña de una inmobiliaria.

En El cuento de las comadrejas, esto es lo interesante, todos los personajes están vinculados al medio cinematográfico donde Mara (Graciela Borges) sigue siendo una actriz que vive de sus recuerdos, como en Sunset Boulevar (en Argentina se llamó El ocaso de una vida), Pedro (Luis Brandoni) un actor retirado y relegado a segundo plano, lo une una gran amistad con Norberto (Oscar Martínez) antiguo director y con Martín Saravia (Marcos Munstock), guionista. El trío se opone a que Mara venda la mansión donde viven los cuatro ante una oferta de dos jóvenes (Clara Lago y Nicolás Francella) que ven a los ancianos como fáciles de embaucar, para conseguir un brillante negocio inmobiliario. A pesar de que la historia es la misma, ayudó, a raíz de los cambios, a  transformarse en una película coral.

Lo que llama la atención es que Campanella se ha rodeado de técnicos de la vieja generación que igualmente podrían haber acompañado a los protagonistas de la historia empezando por el director de fotografía Félix Monti, el músico Emilio  Kauderer, José Luis Díaz en el sonido, la maquilladora francesa que trabaja en España, Sylvie Imbert. Solo tres jóvenes no pertenecen a esa generación; Cecilia Monti en vestuario; la maquilladora Beatushka Wojtowicz y el director de arte, Nelson Noel Luty.

Es innegable que para hacer la crítica hay que tomar como referencia la primera versión, que a pesar de ser una excelente e ingeniosa película, la remake es superior por el agregado  de situaciones, diálogos y con una vuelta de tuerca sobre el final que justifica el cambio de los personajes. Además la elección del elenco hace que la película sea más sustentable. Obviamente no es lo mismo la actuación de Narciso Ibáñez Menta que construye una caricatura de su personaje, mientras que Oscar Martínez lo hace más creíble.

Es un placer disfrutar con tantos buenos actores. La española Clara Lagos (protagonista de 8 Apellidos vascos) tiene una dulzura en su rostro que se transforma inmediatamente en una perversa y dura antagonista del  cuarteto para conseguir lo que se propone. Además carece de acento español ni fue doblada; habla perfectamente el argentino lo que demuestra su profesionalismo. Graciela Borges (77), más envejecida, igual que Oscar Martínez, interpreta una diva cansada de vivir con los amigos de Pedro, y con la ayuda de diálogos ingeniosos, me atrevo a decir que es la mejor interpretación de su carrera. Sorprende un Marcos Mundstock reposado en su rol de guionista, acompañado de diálogos incisivos e irónicos. Sigue en la misma línea el gran Oscar Martínez. Nicolás Francella en el rol de Seductor, tiene las misma actitudes actorales convincentes que su padre Guillermo Francella

En la versión original había una melodía como leitmotiv que la silbaba Norberto Imbert (Narciso Ibáñez Menta) recordando a M, el vampiro,  película alemana con Peter Lore, que en el cine argentino interpretó Natán Pinzón. En el cuento de las comadrejas, es reemplazado por música de los años 70, y encontramos referencias a esa época en los diálogos y en los objetos. En cuanto al clima de la película, Félix Monti que a los 81 años sigue siendo un maestro de la fotografía, trabajó en clave de claro oscuro los interiores resaltando un intenso contraste de colores sobre todo  en el rojo (las pinturas, los cortinados, en el vestuario) y verde (la mesa de pool, jardines de la mansión). Juan José Campanella todavía sigue sorprendiendo y no se ha quedado dormido sobre sus laureles.

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