Día 18: De lo virtual a lo real o de la idealización al realismo

Treinta días sin conexión instantánea. Treinta escritos, uno por día, que narrarán la vida de Clara Oyuela fuera de las redes sociales. Un mes sin whatsapp, sin Instagram y sin Facebook

“Estaba gordo y se le empezaba a caer el pelo,
y ya necesitaba espejuelos para ver de cerca.
¡Pero era él, carajo, era él!”
Crónica de una muerte anunciada

Yo nunca tuve un amante o una relación abierta, pero puedo suponer algunas cosas sobre ese estilo de relaciones porque creo que funcionan parecido a la relación que tenemos con los muertos,  con los familiares que viven a distancia o con algunas fotos que se publican en Instagram: a todxs tendemos a idealizarlos. Al muerto rara vez se lo recuerda con sus defectos; cambiamos sus mezquindades por “hizo lo que pudo” y en el recuerdo melancólico sobreviven sus virtudes, como si al recordarlo de esa forma, se le estuviera dando a la muerte todo el respeto que ella merece en su papel de ente fundacional. Al amante también se lo idealiza. Llega a nuestras vidas para darle ese aliento de aire fresco, de lengüetazos y halagos que el tiempo y sus secretos supieron enterrar por un rato. Pero el amante, tarde o temprano, también se pone gordo y se le empieza a caer el pelo y necesita espejuelos para ver de cerca-  Con el familiar a la distancia pasa lo mismo. Tiene un buen lejos. Pero la cosa cambia a medida que te vas acercando. El muerto, a medida que se vivifica, regresa a su condición deformada. El amante, cuando pasa a ser pareja, termina rompiendo los quinotos como cualquiera. Y a esa foto de Instagram se la devora la primera ola de mar y la devuelve a la orilla, así, resquebrajada y llena de verdad. De lo virtual a lo real. De la idealización al realismo. Azucena y su prima, Lola, a la distancia no se pegan, no se gritan ni se pelean. Pero cuando pasan de lo virtual a lo real, cuando son las diez de la noche y jugaron todo el día y están cansadas, una empieza a correr a la otra para tirarle del pelo y la otra grita como una condenada y todo se vuelve caótico, profundamente real.  Entendí que existe, en línea paralela y abierta las 24 hrs, una vida sin defectos, sin espejuelos para ver de cerca, sin asma ni tristeza, una vida que te sigue y a la que le gusta todo lo que haces y decís. Una vida que no es caótica,  inescrutable ni desordenada ni Winehouse. Una vida con buen lejos. Cada tanto me acerco a esa vida paralela, la observo y juego con ella por un rato, como si se tratara de un juguete ajeno. Y lo disfruto porque sé que es eso, ajeno, que no me pertenece. Que al final, con altibajos o alguna que otra queja, me pertenezco al mundo de lo real, donde amantes, muertos, fotos y familiares son lo que son. Pero entre tanta verdad caótica, les tengo una buena noticia. Acá, de este lado, se escucha la voz de Amy. Y eso, queridxs todxs, es una bendición muy muy Real.

“Debemos aceptar la vida tal y como se presenta ante nuestros ojos, aceptar a los hombres y las mujeres tal y como los encontramos en el mundo real y no como nos los imaginamos en un mundo de fábula…(…) Cuanto antes comprendamos nuestra auténtica posición, mejor, porque antes encontraremos nuestro camino”, James Joyce (autor de “Ulises”, un libro tan complicado que me espera en la mesa de luz hace varios meses y al que no me animo a seguir enfrentando, pero ese, amigxs, es otro tema).

Ilustración Sofía D’ Andre 

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