Chilling Point, una experiencia para compartir pequeños detalles que hacen a la forma de vida

Tomar un te chai con leche acompañado con un budín de zanahoria y cacao con una suave crema de vainilla en la merienda es una buena experiencia para cerrar el día laboral. Y esto sucede en Villegas 1184 donde está ubicado el cálido espacio que se llama “Chilling Point”.

“Chilling es el resultado de nuestras mejores experiencias tanto las vivenciales como las gastronómicas a lo largo de viajes,  de momentos con amigos, con familias, de los living donde más nos gustó estar leyendo un libro” afirma Valentina Ruiz, una de sus dueñas.

Porque este pequeño espacio es un emprendimiento familiar en el que además de Valentina participan su pareja, Manuel Albisu, y su mamá, Emilia Otharán. “Es la esencia de lo que disfrutamos en casa y cuando viajamos” confirma Valentina.  

De los viajes de montaña traen las recetas de los mejores guisos, aunque no faltan las verduras asadas a los cuatros quesos. “Nada es frito, las verduras primero se hierven y luego se hornean” manifiesta. Chilling Point propone una forma de alimentarse más saludable, algo que escasea en la ciudad.  Y en este punto este restaurante se destaca: que la propuesta de comer rico y sano salga de quien brinda el servicio.

“El pan tiene que ser un buen alimento” dice Valentina. Por eso, los panificados son tercerizados, distintas personas los elaboran ya que no son los típicos que encontramos en la panadería. Bagel, pan de campo integral, medialunas integrales, tostadas de pan de brioche hacen a la totalidad de un plato en el que se busca calidad y una propuesta alternativa. “Buscamos la magia de  nuestra carta, que cada cosa esté realmente pensada desde el inicio hasta el final de la combinación de los sabores”.

Chilling Point es una experiencia diferente.  Lo que marca esa diferencia  es la posibilidad de combinar la variedad;  en una misma mesa uno puede estar tomándose un café, otro un chocolate, otro un buen vino, otro una cerveza tirada. Además no es lo mismo pasar por la mañana que hacerlo por la noche. Para llevarse una impresión de la totalidad hay que pasar en distintos momentos. “Nosotros ofrecemos  que mientras estés en la mesa  tomés un libro, tenemos libros de poesía , novelas, folleterías que hemos recogido de nuestros viajes, de distintas montañas, distintos idiomas, traemos también cosas recomendadas por músicos, de cultura,  además tenemos un perchero con accesorios, con ropa de diseño” cuenta Valentina.

En cuanto a esto, cabe destacar que en el local se puede conseguir indumentaria de diseño y accesorios con una impronta ecológica.  El showroom cuenta con ropa nueva y de segunda selección.  También hay bolsas reutilizables y bombillas de acero inoxidable.

Además, Chilling Point es un buen lugar para escuchar buena música y para compartir con amigos: una tablita, un brunch, la picadita, el tapeo, un buen plato, un canastón lleno de cosas ricas a un precio accesible, con atención personalizada y una sorpresa musical. La experiencia es posible en Chilling Point.

Fotos: Leo Casanova – RSM y gentileza Chilling Point

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