Crítica de «Monos»: el horror y la crueldad de una guerrilla juvenil

En una montaña en medio de la nada un grupo armado conformado por adolescentes permanece a la espera nuevas órdenes mientras poseen a su cuidado una rehén y una vaca. Alterados por el deseo y la crueldad de sus propios compañeros las cosas comienzan a salirse de control cuando uno de los chicos, comienza a disparar en el aire, poniendo en riesgo la seguridad de su equipo y desencadenando una serie de desgracias sobre el grupo.

Con la producción central de Colombia y una coproducción de ocho países (Argentina, Dinamarca, Holanda, Alemania, Uruguay, Suiza, Suecia y Estados Unidos). Alejandro Landes toma el desafío de filmar en El Páramo de Chingaza y en el cañón de Samaná, lugares en los cuales nunca se había realizado una filmación debido a lo inhóspitos que eran. Y no solo nos muestra estas nuevas tierras, sino que con gran ojo nos hace sentir diminutos y vulnerables en ellas.  

El paisaje no es lo único que logra deslumbrarnos, la fotografía y el sonido no hacen más que aportar a esta experiencia. El sonido, siendo tan subjetivo nos pone en los zapatos del protagonista, y con algunos más leves pero sugerentes se crea un clima y un ambiente óptimos para la historia. Lo mismo con la fotografía, contando con un paisaje tan grande e intimidante, Jasper Wolf, el director de fotografía, confía en la grandeza de los propios personajes mostrando la intensidad de sus emociones y sus miedos. 

Monos es una película que disfruté muchísimo, es lenta, pero capta tu atención durante todo el desarrollo. La historia es realmente interesante y uno no es capaz de predecir lo que va a ocurrir a continuación. Recomiendo esta película, ya que no solo la he disfrutado profundamente, sino también por los riesgos que ha tomado, mostrando nuevamente que el amor al arte rinde sus frutos.

Por Francisco Corso para RSM

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