Una familia sanmartinense viviendo la vida alrededor del mundo

Desde hace tres años, esta familia sanmartinense venía planeando un viaje que marcara un antes y un después en su vida. Así fue como comenzaron a buscar un vehículo para comprar y acondicionar, de manera tal que sirviera como su casa mientras dure esta travesía. La idea original era unir la Patagonia con Alaska. Aunque desde un primer momento supieron que Alaska era sólo un nombre propio y que lo importante era el camino más que el destino. 

Esta familia compuesta por Magdalena Fernández (34 años), Victoria Sciacchitano (7 años), Sergio Sciacchitano (42 años) y Paty (su perrita de 14 años) estipularon como fecha de salida los primeros días de enero de 2019. 

Después de mucho buscar apareció una Kombi Volskwagen del año 1987, la cual estaba radicada en el partido de San Martín, provincia de Buenos Aires. Un familiar la vio, la señó y allí comenzó el viaje. La Kombi llegó a San Martín de los Andes después de tres días, andando perfectamente como si los años no hubiesen pasado para este vehículo legendario. 

Así, esta familia sumaba a un nuevo integrante a sus vidas. Es que sólo los que una vez tuvieron la posibilidad de subirse a una Kombi saben lo que se siente y el vínculo que se genera. De hecho, una tradición que acompaña al mundo “kombinauta” es bautizarlas con un nombre de mujer. A esta le tocó llamarse Frida y al proyecto “Viva la Vida”, haciendo alusión a una de las últimas obras de Frida Kahlo. 

Con la Kombi en casa, comenzó un largo proceso de restauración que incluyó pintura, la ampliación del techo y el mobiliario interior. Este trabajo demoró casi un año y medio de dedicación y esfuerzo. No importaba la lluvia, el frío o la nieve, todos los días se le hacía algo. Una pieza fundamental para este proceso fue el vecino Jorge Neira, carpintero de alma y vocación quien los ayudó a concretar el sueño.  

El tiempo pasó y ambos papás debieron tomar la decisión de renunciar a sus respectivos empleos. Magdalena trabajó durante los últimos ocho años en un centro médico de la ciudad y Sergio en el Parque Nacional Lanín. Mientras tanto, Victoria terminó de cursar el 1° grado en el colegio ICEBLE con el objetivo de aprender a leer y a escribir, y el siete de enero se lanzaron a la aventura.

El viaje comenzó cruzando la frontera Mamuil Malal – Tromen y desde allí comenzaron a subir por la Ruta 5, recorriendo pueblos y ciudades de Chile. “En Chile vivimos grandes experiencias. Allí conocimos gente increíble y lugares muy hermosos. Lo que más recordamos de aquellos días fue el Valle del Elqui y el cruce del desierto de Atacama, con la emblemática “Mano del Desierto. Durante nuestro paso, nos tocó atravesar los llamados Huaicos, producto de las copiosas lluvias generadas en el altiplano boliviano y peruano. Eso hizo que podamos ver el desierto florido, un hecho inusual que sucede cada muchos años”, destacó Sergio. 

El viaje continuó en Perú, superando los 4.600 m.s.n.m y llegando a Puno, cuna del lago más alto del mundo, el Titicaca. “Llegamos a Puno en plena Fiesta de la Candelaria, la patrona de la ciudad. Durante esos días pudimos disfrutar de los desfiles y ceremonias que allí se realizan”, contó Magui. 

Desde allí se dirigieron a Cusco y el Valle Sagrado de los Incas para luego retomar la ruta que regresa al llano y se dirige a las emblemáticas Líneas de Nasca. “Quizás esa fue la parte más dura del viaje. Hacer 690 Km. nos demoró casi seis días atravesando todos los climas: calor y frío intenso, lluvias, nieve y muchísima altura. Luego recorrimos toda la costa peruana hasta ingresar a Ecuador”

Mientras transcurre el viaje, la pequeña Victoria estudia a través del SEAD (Sistema de Educación a Distancia) provisto por el Ministerio de Educación de la Nación. “Este fue quizás, el mayor de los desafíos. Hacer que Victoria asimile que durante un momento del día mamá o papá se transformaban en “profesores” fue una tarea dura al principio. Pero poco a poco fuimos encontrando el camino. Nos dividimos las materias y eso fue clave. Sergio le da Lengua, Ciencias Naturales y Sociales y yo le doy Matemáticas”, cuenta Magui. Así fue como Victoria ya rindió tres exámenes y vivió la experiencia de asistir a una escuela rural en Ecuador. “Esta también fue una experiencia imborrable para ella. Es llamativo el poder de adaptación que tienen los chicos. Para ellos nos existen las fronteras ni las diferencias culturales. Todos los días Victoria cantaba un Himno e izaba una bandera que no era la de su país, pero todo era muy natural para ella y para sus compañeros”, agregó la mamá.  

Otro tema importante es la sociabilización de los chicos. Para Magui este punto es clave en la vida de las niñas y niños viajeros. “A diferencia de lo que muchos creen los chicos que viajan viven constantemente en contacto con otros chicos. Hemos compartido muchísimo tiempo con familias de todas partes del mundo, pero fundamentalmente argentinas. De hecho, una gran parte del viaje lo hicimos con los chicos de Seis Hormigas Viajeras, también oriundos de San Martín de los Andes. También hemos conocido muchas familias que nos han brindado alojamiento en sus casas o simplemente compartido tardes de plaza en distintos lugares. Durante esos encuentros se comparten juegos, estudio y experiencias. Realmente es muy enriquecedor”.

El viaje de esta familia continuó por Ecuador, recorriendo lugares como Guayaquil, Salinas, Montañita, Puerto López, Jipijapa, el Parque Nacional Cotopaxi y Baños. Justamente en este lugar, vivieron sin dudas, el momento más duro de toda la travesía con el fallecimiento de su perrita Paty de 14 años. “Paty compartió con nosotros toda su vida, momentos buenos y malos de nuestra familia, por lo que decidimos que ella también debía ser parte de esta experiencia. Pero con su fallecimiento el viaje se hizo muy duro. El único aliciente que tenemos es saber que vivió una vida increíble, repleta de amor y de vivencias únicas. Pero una parte nuestra quedará para siempre en ese lugar de Ecuador”, comenta Sergio.

Luego de ese duro momento, la familia se replanteó continuar o no con el viaje, sin saber que unos kilómetros más adelante conocerían a dos personas que cambiarían el rumbo de esta experiencia. 

Desde Baños viajaron a Quito, donde permanecieron una semana rodeados de viajeros de todo el mundo. Luego emprendieron viaje rumbo al Valle de Intag. Eje cafetero del Ecuador, este valle está considerado por muchos como uno de los lugares más hermoso del país y recientemente fue declarado por UNESCO como el único geoparque del Ecuador. “Llegamos a Intag para hacer un voluntariado en un hotel. Nosotros somos miembros de Workaway, una plataforma que propone voluntariados en todas partes del mundo. Es una forma de viaje muy buena, especialmente si no contas con mucho presupuesto. La idea es trabajar cinco días a la semana durante cinco horas por día a cambio del alojamiento y la comida”, cuenta Sergio. “Nuestro caso fue muy particular. Llegamos por un mes y nos terminamos quedando cuatro meses en ese hermoso lugar, haciéndonos cargo de la cocina”, agregó. 

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Las vueltas de la vida hicieron que Jimena, la dueña de este hotel fuese argentina y desde hace más de diez años vive en Ecuador junto a Marga, su mamá. “Al llegar sentimos que ese lugar sería un punto de inflexión en nuestro viaje y así fue. Jimena está proyectando un emprendimiento turístico en Italia y luego de varios meses de estar con ella nos pidió que formemos parte de ese proyecto”, comentaron. 

La familia permaneció allí hasta finales de septiembre y luego continuó la ruta rumbo a Colombia. La idea original era llegar a Cartagena y el 17 de octubre embarcar a Frida rumbo a Vigo, España. 

Pero las cosas no siempre salen como las planeamos, y menos en una experiencia como esta. Al ingresar a Colombia, la Kombi comenzó a fallar. Por primera vez en más de 10 mil kilómetros, Frida parecía no querer irse de Sudamérica. A ese problema se le sumó que desde la naviera que debía realizar la exportación del vehículo les informaron de la cancelación del barco, lo que derivó en replantear nuevamente el rumbo.

Hoy, esta familia aventurera se encuentra en Medellín, Colombia. Y según ellos, allí permanecerán un buen tiempo con el fin de trabajar y poder reponer el dinero invertido en la reparación de la Kombi. 

“Mucha gente nos pregunta como nos sustentamos y como hacemos para vivir día a día. Nosotros tenemos nuestra casa alquilada en San Martín de los Andes, pero la devaluación que sufre Argentina hace que cada vez el ingreso que recibimos sea menor. Igualmente, más allá de ese ingreso que nos permite asegurar el combustible mensual, trabajamos todos los días”, nos cuenta Magui. “Hemos hecho absolutamente de todo. Hemos vendido jabones, pulseritas, panqueques con dulce de leche, y desde hace un tiempo nos sustentamos vendiendo fotografías del viaje y haciendo producciones en hoteles, hostels, restaurantes, heladerías y hasta en fundaciones que trabajan en rehabilitación de personas discapacitadas”, agrega. 

Otra pregunta muy frecuente es ¿Cómo continúa el viaje? Sobre esto, Sergio responde. “Realmente no queremos hacer más planes. Nos dimos cuenta que lo único importante es vivir el día de hoy como si fuese el último de nuestras vidas. Parece una frase hecha, pero llega un momento en tu vida que esto lo ves más claro que nunca e intentas ponerlo en práctica día a día. Muchas veces no sale, pero el intento siempre está. Hace poco, cuándo las cosas no salían como pensamos, nos dijeron una frese que nos quedó grabada. Preocuparse no elimina las penas del mañana, solo nos saca fuerzas para afrontar el presente. Lo más importante de este viaje es continuar mostrándole a nuestra hija que el mundo está repleto de gente buena, con el mismo objetivo que todos nosotros: ser felices”.   

Pueden seguir a esta familia viajera a través de:

Instagram: www.instagram.com/vivalavidaenkombi

Facebook:  www.facebook.com/vivalavidaenkombi

Web: www.vivalavidaenkombi.com.ar

Fotos: Gentileza Viva la Vida en Kombi

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