A 26 años de su desaparición, sigue faltando Natalia

Hay heridas que no cierran, la de Natalia Ciccioli es una de ellas. Desapareció el 16 de enero de 1994, a sus 12 años, bajaba al centro a tomar un helado en una tarde de calor y nunca más se supo nada de ella.

Luego de que pasaran algunas horas de su partida, sus padres comenzaron a preocuparse. “Salimos a buscarla alrededor de las 19. No la encontramos en la ciudad, y tampoco sus amigas la habían visto. Fuimos de inmediato a radicar la denuncia en la comisaría”, explicó Mirta, su madre.

Pero la Policía no les tomó la denuncia, “se habrá ido con algún noviecito, esperemos”, esa fue la contestación que les dieron.

Fueron a todas las radios del pueblo a dar el aviso de la ausencia de su hija, pidiendo que quien supiera algo les avisara. Y por la noche, más de un centenar de vecinos se organizaron para salir a buscar a Nati.

“Al final, nos ayudaron más los vecinos del pueblo que la Policía, no se pusieron controles en las rutas porque se lo tomó como una picardía de chicos”, explicó Mirta. Fue recién después de que el caso trascendiera mediáticamente que la fuerza se hizo presente: “A mi marido lo llamó el jefe de la Policía de ese entonces para decirle que bajara los decibeles. Mi marido le dijo que iba a hacer todo lo que tuviera que hacer para encontrar a nuestra hija”.

Pasaron los días y no había novedades. Su familia movió cielo y tierra para encontrarla, todos los locales de San Martín colgaron la foto de Natalia en sus vidrieras y la búsqueda fue trascendiendo fronteras, llegó a la Interpol.

Se realizaron rastrillajes, hubo búsquedas en lagos y ríos de la región y, a raíz de algunas hipótesis de la investigación, se hicieron excavaciones en distintos puntos de la ciudad, pero no se encontró nada, nunca.

“Se sabe menos de Natalia que el día que desapareció. Por lo menos ese día teníamos la esperanza de que apareciera ella o que apareciera algo. Ahora ya no”, expresó, con crudeza, Mirta.

La investigación contempló como hipótesis que la niña se hubiera escapado sola, también que hubiera sido víctima de la trata de personas, pero ninguna fue constatada y, luego de tantos años Mirta cree que la niña fue violada y asesinada, y que su cuerpo fue enterrado en las cercanías.

Su historia se hermana con otras de mujeres desaparecidas en democracia, ausencias que se encontraron para ser parte de la muestra “Todas las mujeres presentes”, en el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA).

Su nombre resuena al día de hoy en las marchas de mujeres que denuncian la violencia de género, las redes de trata, los femicidios.

La “Maratón Recordatorio Natalia Ciccioli” y el torneo de fútbol femenino “Copa Nati Ciccioli” fueron eventos organizados por Ernesto Coliluan que encontraron a los sanmartinenses recordando, durante varios años, el aniversario de su cumpleaños, el 14 de marzo.

Una placa recordatoria interpela a quienes caminan por la Cuesta de los Andes, el último lugar donde se vio a Natalia. Falta entre los sanmartinenses su presencia, es una herida que quedó abierta, y que reclama atención.

Quizás esa necesidad de poder hacer presente su ausencia haya sido lo que movilizó a Miguel Selser a escribir el libro que narra la historia de Natalia. “Es como una curva que no termina nunca” es un aporte imprescindible a la memoria colectiva de los sanmartinenses.

Dicen que las acciones que se realizan en las primeras horas de una desaparición son fundamentales para poder buscar e investigar. Esas acciones les fueron negadas a la familia de Natalia. A raíz de su caso, la Provincia implementó un nuevo protocolo de búsqueda, el Alerta Nati. Gracias a ella, cuando hay alguien desaparecido en Neuquén, su búsqueda comienza desde el primero momento en que se lo notifica.

Natalia: una herida que no cierra, y que reclama memoria, para que su ausencia no se vuelva olvido, para que el dolor no se niegue y su desaparición no se naturalice. A 26 años de su desaparición: Natalia presente.

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