La antropóloga Malena Pell Richards analiza la interculturalidad en San Martín de los Andes
Por Juan Piterman
Malena Pell Richards es antropóloga y oriunda de San Martín de los Andes. Estudió la Licenciatura en Ciencias Antropológicas con orientación socio-cultural en la Universidad Nacional de Río Negro, ubicada en Bariloche, y allí es integrante de GEMAS (Grupo de Estudio Sobre Memorias Alterizadas y Subalternas), un grupo de antropólogos que realizan estudios enfocados en la Memoria. Ella, en particular, direccionó su objeto de análisis hacia la lucha del pueblo mapuche, en búsqueda de comprender el por qué de la exclusión que sufren y sufrieron desde la sociedad sanmartinense a lo largo de la historia.
Con la premisa de “exotizar lo familiar y desnaturalizarlo”, Malena profundizó su relación con la comunidad mapuche para así poder analizar la interculturalidad con el pueblo de San Martín. Hace un tiempo forma parte de la agrupación Pu Pichike Choike de Bariloche, donde brindan, entre otras cosas, talleres de mapuzungun -la lengua mapuche- a los niños y niñas de los barrios.
Su estudio sobre el tema la llevó a obtener una beca en Canadá y en los últimos días quedó seleccionada para una beca doctoral que otorga el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Esta última estará abocada a investigar las luchas políticas mapuche sobre y desde el mapuzungun, con la convicción de “recuperar la lengua y formar hablantes”.

¿Cómo se da tu acercamiento a la antropología?
Averiguando sobre distintas carreras sociales o de humanidades sentía que antropología era la que me podía ofrecer distintas salidas. Y saber que Antropología con orientación sociocultural se encontraba en Bariloche fue lo que más me motivó a optar por esta carrera, para no cambiar mucho de paisaje ni irme a una ciudad muy grande. Por suerte fue mi primera elección y desde el primer momento me encantó.
¿En qué momento llega el interés de estudiar las comunidades mapuches de la zona?
La carrera en la Universidad de Río Negro tiene una fuerte impronta metodológica y desde temprano va guiando a les estudiantes a formular preguntas antropológicas y proyectos. Por lo que desde los primeros años nos van acompañando a repensar nuestro entorno con lo que caracteriza a la disciplina: exotizar lo familiar, desnaturalizarlo. Mucho del conocimiento antropológico se funda en deconstruir las inquietudes y pre conceptos que uno ya tiene. Fue por eso que sin saber concretamente qué iba a trabajar tenía la intuición de que sería sobre San Martín, que es mi “familiar”. Y luego, a medida que seguía mi paso en la Universidad, y en el contexto de las disputas en torno al izamiento de la Wenufoye o bandera mapuche en la Plaza San Martín, me di cuenta de que podía comenzar a nombrar y a hacer otras relaciones respecto a lo que sucedía en ese entonces. Noté que aportaba otra mirada que iba un poco más allá de mi sentido común y así fue que sin darme cuenta comencé a trabajar sobre eso. El gran interés de fondo estaba centrado a comprender de dónde venía o como se construía la discriminación contra el pueblo Mapuche en San Martín de los Andes, ya que estando en otra ciudad y conociendo un poco de otros lados dejé de naturalizarlo. Me sorprendió muchísimo lo que pasaba, lamentablemente para mal. Así que fue el interés genuino por un lado, de comprender por qué o para qué, y dónde se arraiga toda la exclusión mapuche, y por el otro, de conocer más sobre la lucha del pueblo mapuche con las particularidades de la zona. Lugar que tiene una larga data de lucha por ampliación de sus derechos indígenas y por territorio, con un montón de historias que me siguen sorprendiendo que se mantengan inaudibles para mucha parte de la población.

¿Cómo se relacionan los conceptos de genocidio indígena y Derechos Humanos?
La verdad que estos conceptos se relacionan sí quieren ser relacionados. El hablar de genocidio en relación a los pueblos indígenas, y por lo menos hablando de Argentina, creo que puedo decir que es una lucha que se planteó desde la militancia indígena, y lucha que para muchos hoy en día sigue vigente y es un gran motor de sus proyectos políticos. El tema de los Derechos Humanos, y especialmente en Argentina, muchas veces no ha incluido en su agenda o no ha contemplado el genocidio indígena como parte de sus luchas. Sin juzgar si es algo que está bien o mal, es lo que en la práctica ha ocurrido, y tiene que ver que muchas veces los Derechos Humanos remiten a otras cuestiones, como puede ser la última dictadura. El genocidio indígena tiene, en la diversidad del mismo, sus propias lógicas. Por supuesto las garantías que ambas luchas buscan no son contrapuestas, y los “Nunca más” pueden estar aunados. Pero sin generalizar, en las cuestiones indígenas se hace hincapié en las violencias perpetradas a humanos y no humanos (por ejemplo el territorio). A veces acá algunos discursos en relación a los Derechos Humanos, que no son colectivos sino que son ejercidos por personas, se distancian un poco. Por eso creo que la relación de estos conceptos y luchas se ve en las prácticas.
Luego del izamiento de la bandera mapuche en la Plaza, allá por 2014, ¿cómo crees que se siguió tejiendo esta interculturalidad entre las comunidades indígenas y el poder político?
Creo que la relación entre las comunidades, organizaciones y/o personas mapuche y el poder político en general, post izamiento de la bandera es algo de lo que justamente ellos pueden responder y no me corresponde contestar. Lo que sí puedo decirte es que confío en las comunidades o personas mapuche en la zona respecto a sus luchas y las forma en las cuales las emprenden y cómo van ampliando el sentido de la “interculturalidad” acorde a los contextos. Lo que yo hice fue estudiar cómo este concepto era utilizado según cada grupo y distintos contextos o presencias estatales, y finalmente creo que tiene un gran potencial político. El tema es que San Martín se construyó en base al despojo del territorio mapuche y la alteración de sus modos de vida. La llegada de Parques Nacionales y la construcción y mantenimiento de la industria turística afectó de muchas maneras todo, desde los paisajes imaginados hasta desplazamientos que tuvieron que sufrir muchas familias. Y me animo a decir que todas estas cuestiones casi nunca son reconocidas o nombradas por el poder político en sus diferentes niveles (municipal, provincial, nacional) y en la diversidad de sus presencias estatales. Entonces, aunque confío en el potencial de la interculturalidad, en tanto crea imágenes necesarias respecto a que permite hablar de esas violencias o reconocer las desigualdades o el interés homogenizador detrás de esos poderes, o incluso de hacer sentido de algunas historias tristes que existen al interior de ciertas familias que se enfrentaron a estas violencias, no creo que se puedan tejer cambios sustanciales en esas relaciones hasta que las personas que más poder tienen y han tenido reconozcan lo que sucedió en el pasado y cómo esto afecta la vida cotidiana de mucha gente.

Acerca de las becas… ¿Cómo viviste la experiencia de viajar a Canadá y con qué impresiones regresaste?
Estuvo muy bueno viajar a Canadá. La verdad me animé porque creía que no tenía chances de tenerla ya que la otorgaban únicamente a dos personas de Latinoamérica y en realidad no estaba enfocada a estudiantes de grado. Entonces lo tomé como un regalo desde el comienzo. Fue un acercamiento a los estudios de genocidio y derechos humanos comparativo y a la vez respetando y aprendiendo sobre las particularidades de cada caso. Más allá que tuve clases muy buenas y el pantallazo que hacen es excelente, me volví reafirmando que tenemos excelentes docentes y profesionales en Argentina y que la visión que hay de las luchas latinoamericanas a nivel internacional es buenisima. Hay mucha admiración y reconocimiento de las mismas y eso me motivó muchísimo.
Y ahora fuiste seleccionada para una beca doctoral del CONICET…
La nueva beca está enfocada en los recorridos por los que anduve estos últimos años, los cuales tienen que ver con el aprendizaje y la enseñanza del mapuzugun que es la lengua mapuche. Soy estudiante de mapuzugun y además hace un año formo parte de una organización en Bariloche, que se llama Pu Pichike Choike. Damos talleres de mapuzugun en los barrios Bariloche a niños y personas adultas, también de platería y organizamos koneltun o internados de inmersión lingüística junto con otras organizaciones. En estos espacios en los que participo, aprendí (más allá del aprendizaje del idioma) un montón sobre luchas y a la vez sobre historias, a veces signadas por el silencio y los fragmentos, u olvidos. Que no solo tienen que ver con el enfoque de la Memoria que es lo que más trabajamos desde nuestro grupo de antropólogos GEMAS, sino que nunca dejo de impresionarme sobre la dignidad detrás de la convicción de recuperar la lengua y de formar hablantes. Así que, este nuevo proyecto se centra en que el ser testigo de todo lo que ocurre en relación con el mapuzugun, me motivó a comprender desde la antropología por dónde circulan esas luchas, con qué se relacionan, lo que implica aprender y enseñar. Sabiendo que aunque es la lengua del territorio, y acá transitamos un montón de espacios que son nombrados desde el mapuzugun, un hablante de mapuzugun en cualquier espacio público de San Martín será considerado un ciudadano de segunda. Esto si por ejemplo lo comparamos con un hablante de inglés, que seguramente cualquiera puede contestarle en ese idioma. A la vez creo que cada día crece más la conciencia política en torno a la importancia de la revitalización del mapuzugun, y la investigación que la beca va a bancar va por ese lado, de acompañar este proceso en marcha que siento que va cobrando fuerza. Especialmente voy a tratar de aprender sobre este proceso con sus particularidades y distintas temporalidades entre San Martín, Junín y Bariloche.
En algunos artículos que escribiste hablás de un «ser juntos» para erradicar el «nosotros no mapuche» que está impregnado en el imaginario sanmartinense ¿Qué pasos hay que seguir para lograrlo?
San Martín de los Andes es un lugar, que, desde la forma que lo venimos trabajando y pensando desde la Antropología, los lugares son constelaciones de diferentes trayectorias que dan forma al lugar en tanto estas se encuentran. Y por eso, los lugares van generando sus improntas, y aunque quizás existan lugares que concebimos como “públicos” o “de todos” desde plazas a los paisajes dentro de Parques Nacionales, en realidad son producto de esos encuentros y de los acuerdos que se fueron generando respecto a las convivencias que quisieron o pudieron pautarse allí. Por ejemplo, quiénes son visibles en esos espacios, qué historias se ponen en valor, cuáles no, entre otras cuestiones. Entonces para comprender a los lugares nos tenemos que preguntar respecto a esas exclusiones e inclusiones y a la negociación de las mismas, y eso es lo que va creando al “nosotros” de cada lugar. Sin embargo, el nosotros sanmartinense se funda en la exclusión mapuche, esto se renueva y puede verse cada acto del 4 de febrero, lo que hace que en el “ser juntos” de San Martín, (en el caso del pueblo mapuche, al menos, pero puede haber otros), no haya una consideración real de esa negociación de los espacios y del lugar en sí, en las mismas condiciones que el resto. Esto se vio claramente en la Plaza con la wenufoye, pero se puede pensar en otras cuestiones menos tangibles. Por ejemplo, ¿cuánto lugar se ha hecho a las historias de los pioneros europeos y cuanto a las historias de las familias que siempre habitaron estos lugares pero que no llegaron de Europa? Creo que para pensar un «ser juntos» sanmartinense que no siga reproduciendo las mismas exclusiones que viene generando y sosteniendo desde su conformación, el primer paso es hacer lugar para oír las historias que las personas ya vienen contando y nombrando. No son escuchadas en el sentido que realmente no son comprendidas porque para realmente entenderlas mucha gente tiene que desandar sus privilegios y sabemos que esas son cuestiones que para los poseedores de estos cuesta. Y esto implica una crítica real a la conformación de San Martín, a entender a costa de qué se está sosteniendo la industria turística y el imaginario de aldea de montaña, por ejemplo. Creo que no hay posibilidad de un ser juntos sí en todos los ámbitos no cuestionamos los poderes que se encuentran establecidos.



