“A través de los docentes, buscamos estar presentes para acompañar a los niños y niñas en esta situación”

Luis Alberto Solís es el Supervisor de las 24 escuelas primarias de San Martín de los Andes desde el año pasado. A un mes de suspendidas las clases, habló con RSM sobre el escenario escolar en tiempos de aislamiento, la desigualdad en la conectividad de las familias, el ingenio de los docentes y las oportunidades que brinda la actual situación.

Las clases se interrumpieron, pero el trabajo de docentes, directivos y supervisores continúa fuertemente. “Estamos teniendo una comunicación semanal con los equipos directivos de las escuelas urbanas y otra con los de las rurales. Y a su vez cada escuela está teniendo reuniones entre los directivos y los docentes del primero y del segundo ciclo. Está habiendo mucha actividad para poder dar la mejor respuesta posible como escuelas ante la actual situación”, explicó el supervisor.

Si bien se está buscando la mejor manera de sobrellevar el aislamiento, Luis reconoce que es muy complejo: “Tenemos que contener a los niños y niñas en una situación nueva como es una escuela sin escuela. Buscamos la manera de llegar a las familias, de no interrumpir el acercamiento, aunque no tenemos lo presencial, y la presencia del docente y de los niños y niñas en el aula es irremplazable. En otros niveles, quizás en terciario o en algunos años de secundaria, la manera virtual puede funcionar de forma fluida, pero en primaria se necesita mucho más la intervención del maestro”.

Y ante esta falta de presencia física, aparece de una manera más evidente la desigualdad social: “no todas las familias ni todos los docentes tienen buena conectividad en sus casas, y esto es un problema. La mayor dificultad que estamos teniendo es ésa: la conectividad. Hay familias que no están pudiendo recargar los datos en los teléfonos, o que quizás tienen un solo celular para toda la familia”.

“La escuela es un dispositivo pensado para la equidad, para que las desigualdades sean menores. Y al estar sin clases estamos preocupados viendo cómo hacemos para llegar a los sectores que no tienen la misma contención ni las mismas posibilidades que otras familias”.

Es por eso que el sustento en papel se piensa como un aliado: “Se pidieron a Nación cuadernillos para todos los niños y niñas de las escuelas rurales, que es donde más complejidad de conectividad hay. Esta semana ya deberían estar llegando”.

De todas formas, los docentes se las ingenian para estar presentes y acompañar a las familias buscándole la vuelta, aunque la conectividad sea complicada. “Se están dando experiencias muy lindas de maestros leyéndoles libros a los alumnos por audio, o la experiencia de “Avioncitos de papel” de la Escuela 359, que articula con la radio municipal. En general, todos los docentes pudieron entrar en un contacto fluido con todas las familias, y lo que más se usa es el WhatsApp y el mail”.

Y, si bien los desafíos son múltiples, Luis entiende que este tiempo puede traer sus aprendizajes y sus reflexiones: “Nos sirve para pensar lo valioso que es el encuentro cara a cara. Ahora que no lo tenemos, revalorizamos mucho más la compañía del otro, el trabajo en grupo. Y también sirve para poder valorar el encuentro al interior de las familias, valorar las prácticas cotidianas que se realizan en casa: cocinar todos juntos, ayudar a los abuelos, cuidar el huerto. Es necesario tomar estas situaciones como formas de aprendizaje”, finalizó el Supervisor.

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