Realidad Sanmartinense

Viajeros hermanados por la cuarentena: «Somos como una gran familia, nos cuidamos entre todos»

El Camping Travellers es el espacio en donde se dispuso que pasarían la cuarentena los grupos de personas de todo el mundo que viven, cual caracol, con su casa a cuestas. Cada camioneta, combi o colectivo esconde la historia de quienes eligen vivir transitando el mundo, y que con la pandemia vieron sus planes detenidos. El encuentro fue forjando una gran familia, que pasa el aislamiento en el cobijo que les brindaron Erika y Maxi, los dueños del camping.

Erika y Maxi, dueños del Caming Travellers.

Rusia, Brasil, Austria, Francia y Argentina son las nacionalidades que esta cuarentena encontró en la costa del Lácar. Luego de que se entendiera que este grupo de viajeros no tiene un domicilio al que volver, que su casa es sobre ruedas, la municipalidad solicitó al Camping Travellers que reabriera sus puertas para alojar a las diez parejas que vieron interrumpidos sus recorridos. “Con esta situación se manifestó el espíritu del proyecto: recibir a la gente viajera”, explica Maxi, “y se armó un grupo increíble”.

Las tardes en el camping tienen, siempre, yoga. María, una mujer de Rusia que viaja junto a Matías, su pareja, suele ser quien las guía: “Vi que los chicos de Austria también hacían y un día nos juntamos a practicar, y después ya vinieron todos”. La pareja se conoció viajando por Bolivia hace 9 años, luego el camino los llevó por sendas diferentes y se volvieron a encontrar en 2018. Venían del sur de Argentina con rumbo a Colombia y la cuarentena los detuvo en San Martín. “El plan de viaje que teníamos en mente ya sabemos que no lo vamos a poder hacer cuando se termine el aislamiento, así que estamos viendo si nos alquilamos algo acá”, cuenta Matías. “San Martín ya se siente como casa”, dice María.

María y Matías.

Los sanmartinenses Mexi, Mani y su hija Charo emprendieron viaje a fines del año pasado. Salieron en un recorrido que los llevaría por Uruguay, Brasil, el norte de Argentina y que los encontraría de vuelta en San Martín en julio, para trabajar en el cerro. La cuarentena los descubrió en Brasil: “Veíamos que no le daban mucha bola a la situación ahí, y nos daba un poco de miedo. Nos empezó a picar el bichito de volver y decidimos arrancar. Fueron como 1200 kilómetros hasta cruzar la frontera, y el colectivo va a 60 por hora, así que le metimos lo más rápido que pudimos”.

Mani, Mexi y Charo.

“Desde la muni nos dijeron que como veníamos de una zona de riesgo teníamos que hacer la cuarentena aislada. Y la hicimos dentro del colectivo, acá en el camping, terminó el 4 de abril”. Y, como todo el resto de los viajeros, agradecen la hospitalidad que les están brindando: “La verdad es que este lugar fue un golazo. Tanto para nosotros como para la gente de afuera, que veía las camionetas en el lago y se asustaba. La predisposición de Maxi y Erika es tremenda, se preocupan por que estemos cómodos, por que no pasemos frío, nos trajeron mantas. Tienen gestos humanos, que yo creo que es lo que más necesitamos como sociedad”, dice el Mexi.

Rodrigo y Paola son de Jacinto Aráoz, La Pampa. “Hace un año y dos meses decidimos cambiar de estilo de vida. Vendimos y regalamos todo lo que teníamos y salimos a la ruta, con la camioneta cargada con 140 litros de gasoil, y $1300 en la mano. Vamos trabajando para sustentarnos el viaje”. Paola es peluquera y Rodrigo es mecánico, lleva sus herramientas y repuestos: el taller va a donde él vaya. Trabaja a colaboración voluntaria y explica: “No nos falta nada, tenemos todo lo que necesitamos en nuestra camioneta”. Eso significa cama, agua fría y caliente, bacha, caloventor y perra: Lola, su pitbull de 6 años, es su fiel compañera de viaje.

Marie y David vienen de Austria. Estuvieron por Colombia, Bolivia, y Chile, y venían subiendo desde Ushuaia. “Estamos bien, tenemos todo lo que necesitamos”, dicen agradecidos. Si bien pensaban seguir viajando un poco por Argentina, los planes cambiaron: “Cuando vuelvan a abrir las fronteras queremos volver a nuestro país, pero estaremos por acá hasta entonces. Venimos bien. Mañana hacemos empanadas argentinas”. Los días van teniendo su gracia compartiendo entre nuevos amigos.

Martín y Estefanía son de Río Grande, Tierra del Fuego. Son artesanos, hacen encuadernaciones, macramé y mostacillas. Los planes de viaje les cambiaron fuertemente y su sustento económico depende de las ventas de sus artesanías. Pero igual están agradecidos de estar en donde están: “Acá nos cuidamos como una familia. Salimos lo menos posible, cuando alguno va al súper avisa así trae lo que necesita el resto. Se armó una comunidad”. Reconocen que una de sus preocupaciones es la baja de las temperaturas: “Nosotros conocemos el frío, pero nunca lo vivimos en la camioneta”.

Constance y Tomas, de los Alpes franceses, agradecen la suerte de haber llegado a este camping: “hay otros viajeros que están siendo echados de todas las ciudades, con la Policía sacándolos de cada lugar. Acá estamos muy bien, nos están recibiendo perfecto”.

Y tanta hospitalidad cobra sentido cuando se conoce la historia de Maxi y Erika: “Nosotros somos ex viajeros: en 2012 nos compramos una moto y nos fuimos hasta Alaska. Cuando terminamos nuestra vuelta surgió la idea de ponernos un camping para recibir a gente que estuviera viajando. Abrimos en enero y llegamos a laburar un poco durante el verano. Con la cuarentena decidimos cerrar, y unos días más tarde la muni nos llamó para comentarnos la situación. Somos viajeros y nos pusimos en el lugar de ellos: cuando te pasan estas cosas en un viaje, es la gente la que te ayuda; así que los recibimos. Y se está dando todo increíble: es un grupo de personas muy piolas y estamos interactuando muy naturalmente. Es como una gran familia, nos cuidamos entre todos”.

Maxi y Erika.

Fotos: Leo Casanova-RSM.

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