La voz de los héroes #3: la cuarentena, en primera persona

En esta nueva entrega de la serie de relatos que comenzó el día 1° de mayo, RSM trasladó la charla al barrio El Arenal, precisamente al Centro de Salud que allí opera, para descubrir más historias de cuarentena. Hoy, en la voz de Carola Venegas, coordinadora de la salita del barrio.

Carola Venegas es odontóloga, oriunda de Chos Malal. Estudió en La Plata y hace 12 años que vive en San Martín. Hace 4 años ejerce, además, la jefatura del Centro de Salud del Arenal. En este (ya no tan) nuevo contexto de cuarentena, solo atiende pacientes de urgencia algunos días a la semana. El resto del tiempo lo ocupa en coordinar la salita. 

“En este centro hay solo pacientes ambulatorios, no tenemos internación. Acá trabajan médicos, enfermeros, agentes sanitarios y personal de estadística.”

Su voz tiene una dulzura musical, un tono suave probablemente devenido del ensayo de hacer que sus pacientes le teman un poquito menos al torno. En sus ojos hay un brillo de fortaleza, de firmeza y confianza que dibujan la sonrisa a pesar del barbijo. 

-¿Cómo es un día laboral para vos, Carola?

“Mi tarea en esta pandemia ha sido estar a cargo de la salita, del grupo, coordinando las tareas del centro. Nosotros nos encargamos de darle el alta a los pacientes que están en aislamiento obligatorio. Me tocó correrme de mi lugar de odontóloga y salir a tomar la temperatura, controlar los síntomas referidos al Covid. Me moví a otros lugares.”

-¿Y para vos como persona, como mujer?

“Hoy ya te puedo decir que pienso diferente y vengo más canchera a trabajar, pero las primeras semanas las pasé con mucho miedo. Tener a mi familia lejos, a mis padres y mi hermano, que viven en Chos Malal, era mi gran temor. Después fui entendiendo, aprendiendo lo poco que se sabe del virus, y pudiendo trabajar más tranquila.

En lo que siempre hago hincapié es en mis compañeros de trabajo, que ahora son mi familia, la familia que uno elige cuando tiene que alejarse de los suyos. La verdad es que muchas veces preferimos pasar más horas acá juntos, para no estar solos en casa y porque queremos estar al frente, fuertes y preparados para lo que venga. Para mí el trabajo es mi segunda casa.”

-¿Tenés esa tranquilidad ahora de sentir que están preparados y fuertes como equipo?

“Sí, totalmente. Al principio teníamos todos mucho miedo de lo incierto, de no saber qué era. Estábamos esperando el tsunami, que viene en tal fecha, que tal fecha es el pico. Ahora está todo más estabilizado. 

Personalmente, lo que me pasa es que cuando veo a alguien romper la cuarentena me pongo loca, viste, porque digo: tanto esfuerzo que hacemos nosotros con la prevención, con informar, con estar atentos a responder llamados telefónicos, y después viene gente como la de recién,  que sabe que a la tarde no hay prestaciones, solo se atienden respiratorios, y vienen igual.”

(Carola hace referencia a una mujer con la que dialogaba, momentos antes de esta entrevista, a quién explicaba que su pedido no constituía una urgencia, que debía venir por la mañana, para no tener contacto con los pacientes respiratorios que se atienden a esa hora de la tarde.) 

-¿Sentís que cambió el trato con los pacientes?

“Sí. Se extraña saludar a los pacientes con un beso, se extraña el contacto. Los odontólogos somos los profesionales que estamos con mayor riesgo de contagio por la mínima distancia que mantenemos con los pacientes, al atenderlos, pero también nuestro sillón siempre tuvo algo de psicólogo, de espacio para que nos cuenten sus cosas, y hoy la distancia lo impide. Eso es lo que más hace ruido y lo que más extrañamos.

Por otro lado veo que la gente, en general, es muy consciente. Son muy pocos los que no usan barbijo, los que vienen sin llamar. Yo siempre digo que aplaudimos también a la comunidad porque sin eso creo que no estaríamos como estamos. Nos tenemos que aplaudir todos.”

-¿Qué es lo último que pensás cuando termina el día?

“Hago una revisión de todo lo que hice, lo que toqué, con qué limpie. Esa no era una conducta diaria nuestra, estar tan protegidos. Eso nos va a cambiar, a futuro, en la práctica profesional.”

-¿Cómo sentís que los va a cambiar?

“Nos va a cambiar  porque nos va a llevar más tiempo atender a un paciente, porque nos tenemos que vestir completos, parecemos marcianos ¿viste?. Y te cansa más, te morís de calor, el barbijo te aprieta. Pero son prácticas que nos protegen y que se van a mantener en el tiempo. Nos estamos re educando.”

-¿Llegás a tu casa y te desconectás?

(Hay pausas inevitables, en las que se piensan las respuestas, o más bien se las busca en esos lugares interiores en donde se guardan las cosas importantes. Pausas llenas de emoción, de íntima cercanía, propia de una charla  humana)

“Al final del día aparece la angustia, quiero volver a ver a mi familia. Uno cree que nunca va a pasar nada en Chos Malal, que es un pueblito perdido, pero ves lo que pasó en Loncopué y eso es una intranquilidad. Pasa cualquier cosa y no nos queda otra que estar acá y no poder ir. Todos los días tengo ese pensamiento. Hablamos, nos mandamos fotos, pedidos de cuidado. Eso ayuda. Pero me angustia no saber hasta cuándo, o cuándo los voy a poder volver a ver.”

-¿Qué cambio te gustaría ver en la comunidad, o ves ahora y te gustaría que se mantenga?

“Me gustaría ver un poco más de amor hacia nosotros, que estamos acá adentro, y no que una paciente venga y te pregunte si “te cuesta mucho» entregarle tal cosa, cuando le explicás que hay horarios para cada cosa. No, no me cuesta, pero te estoy cuidando a vos. El maltrato de la gente te lo llevás a tu casa. Nosotros en este centro le estamos poniendo el cuerpo a todo. Ya no nos vamos a almorzar a casa para no estar yendo y viniendo, estamos todo el día acá adentro, los teléfonos explotan de llamados y la gente se queja de que no atendemos. Espero que haya más comprensión, mas empatía.”

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