El hambre y el frío acechan a muchas familias sanmartinenses en los barrios populares

El aislamiento complica económicamente a la gran mayoría de la población. Pero la situación es más delicada aun en los barrios populares, donde el aislamiento recrudece condiciones de vida que ya previo a la pandemia eran marginadas. Sin empleos en blanco, ni ahorros y sin posibilidad de salir a trabajar, muchas familias están teniendo serias dificultades para poder cubrir necesidades tan básicas como la comida y el calor.

Es por eso que, quienes reciben el bolsón que están entregando semanalmente las diferentes colectas solidarias, muchas veces se emocionan, y comparten su preocupación: “No tenía nada para comer en casa, por eso los tuve que llamar”, “No sé cuándo voy a volver a trabajar, y no tengo un peso”, “Tengo una nena de 5 años, y estoy haciendo malabares para poder ponerle algo en la mesa”.

Si bien Desarrollo Social ha aumentado la cantidad de familias a las que asiste, no dan abasto. “Muchas familias del barrio se inscribieron y les dijeron que iban a llevarles el bolsón de alimentos, pero no recibieron nada”, explica Susy, referente del Barrio Vallejos, ubicado en la ladera del Curruhuinca. “Hay situaciones muy delicadas, gente con tratamientos de salud, familias con niños chiquitos o con discapacidad que no están recibiendo ayuda por parte del Estado”.

“Por suerte hay vecinos que se preocupan, como los de la Colecta del Trabún, que permiten darles una mano a los vecinos que más nos preocupan. Y cuando les entregamos los bolsones se ponen muy contentos, no saben cómo agradecerte. Se sorprenden cuando ven los productos y se encuentran con fideos de los ricos, o con algunas galletitas para los hijos, que no están comiendo cosas dulces hace rato. Es importante en este tiempo ser solidarios, poder ponernos en el lugar del otro”.

El otoño se va sintiendo y el hambre no es lo único que preocupa a los vecinos: también el frío se hace presente. Y quienes no tienen conexión de gas, como es la gran mayoría de los vecinos que vive en los barrios populares que se construyeron sobre laderas, se ven en el desafío de calefaccionar su casa. Las garrafas hay que comprarlas y la leña también. Y en este momento, para muchos hogares, no hay con qué.

“Desde Desarrollo se da un bono mensual con el que la garrafa sale más barata, pero hay que tener plata extra para poder recargarla, y mucha gente no la tiene. Por eso la gente termina acudiendo a nosotros, se acercan a casa, golpean las manos y me cuentan. Intentamos darles una mano para comprar la garrafa o la leña, pero se está poniendo muy complicada la cosa” reconoce Susy.

Ante este escenario, la ayuda de los propios vecinos sanmartinenses se vuelve imprescindible. Hay distintas formas de poder colaborar, como las colectas solidarias del Trabún, de “Ayudanos a Ayudar” y del Club Lácar, que se ofrecen a buscar las donaciones por los domicilios y que comparten los listados con Desarrollo Social, para intentar llegar a todas las familias que requieren de esta colaboración.

La Colecta del Trabún cuenta también con cajas instaladas en más de 70 supermercados, almacenes y comercios de limpieza, en donde se pueden dejar los alimentos no perecederos y artículos de higiene que semanalmente se buscan por los locales, se higienizan y se dividen en bolsones y para entregarse a las familias que los necesitan.

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