La voz de los héroes: la cuarentena, en primera persona

Mucho se ha hablado y se habla, en estos tiempos, sobre protocolos de seguridad, avales, prohibiciones e iniciativas para contener la pandemia. Sin embargo, el recurso más valioso con el que se cuenta para proteger a la comunidad en caso de contagio, es el humano. A modo de homenaje, en este 1° de Mayo, RSM se propone recolectar, a través de una serie de notas, los relatos del día a día de trabajadores y trabajadoras de la salud, quienes pasan sus jornadas en la primera linea de batalla.

  1. «Siempre te vas con miedo»

El hospital Ramón Carrillo está tranquilo. Salió el sol, después de tanta lluvia, y detrás de las puertas de vidrio de la entrada principal, las tareas se desarrollan en silencio, con suma concentración, amparados en la luz dorada de la tarde, con el tiempo detenido.

El primero en recibirnos es Rodrigo Castillo, de 30 años, nacido y criado en San Martín de los Andes. Saluda con una sonrisa imaginaria a través de su barbijo y guía el camino hacia un patio interno lleno de rosas donde, dice, se puede hablar tranquilos. Rodrigo trabaja en el hospital hace 6 años, primero en informes y ahora como camillero. Conoce todas las áreas y las transita varias veces por jornada, haciendo los traslados necesarios.

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¿Cómo es un día laboral para vos en este contexto?

«Nosotros siempre trabajamos con protocolos de seguridad, por el Hantavirus, pero ahora es más difícil, porque no conocemos bien la enfermedad, no se declara tan rápido. Hay que equiparse más.»

Su voz es tranquila, pausada, los ojos le brillan mientras se mueven de un lado a otro tomando elementos prestados a la memoria. Cuenta que el trabajo disminuyó, ya no va tanta gente a la guardia ni hacen muchas salidas para asistir en pleitos en la vía pública. Sin embargo, cuando toca salir, se va con miedo.

«Yo me tuve que ir de mi casa, restringir las visitas a mi hija, que tiene un año y medio, para cuidarla. Ya lo habíamos hablado con la mamá. Cuando empezaron a salir casos positivos me fui. Ahora espero dos semanas entre que surge una sospecha de caso positivo y que la vuelvo a ver. O hasta que el análisis dé negativo.»

¿Cómo cambió el trato con los pacientes?

«No hay empatía. No hablás directamente. Antes se hacía un chiste, o se charlaba con el paciente. Ahora hay una distancia implícita. Yo he cambiado, no hago lo mismo que hacía antes. Desde que se empezó a usar el barbijo obligatorio las personas te miran con susto.»

¿Qué es lo último que pensás cuando termina el día y llegás a tu casa?

«Empezás a repasar todo lo que hiciste en el día. Retrocedés para ver si encontrás el error, si cometiste algún error. El laburo siempre está presente, no te lo podés sacar de la cabeza. Pienso en eso y en las visitas a mi hija. Te vas con miedo, eso te lo van a decir todos mis compañeros. Siempre te vas con miedo.»

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-¿Cómo quisieras que cambie la comunidad cuando todo esto pase?

«Hay muchas personas que la están pasando muy mal económicamente, y he visto cómo los vecinos se han hecho cargo de esto, dejando cajas de alimentos. Sacaron el lado bueno, el lado sensible. Me gustaría tomar esto para hermanarnos, como sociedad.»

2. «Que el amor sea la próxima pandemia»

Un camino de cemento abre el estacionamiento del hospital, pero también conduce a una casita, recubierta en mosaicos, murales brillantes y grullas de papel, cuyo cartel en la entrada indica «cuidados paliativos». La puerta se abre y una voz alegre surge desde uno de los consultorios: «Pasá, pasá, sentate que ya estoy con vos».

Nora Borda, de 54 años, es enfermera recibida en la Universidad del Comahue. Hace 9 años que ejerce su profesión y hace 3 que se desempeña en cuidados paliativos, junto a un equipo de salud, brindando atención a pacientes que cursan una enfermedad oncológica. Con ella está Graciela Troler, de 59 años, enfermera recibida en la UBA, hace 38 años. Desde el 2012 trabaja en el área de cuidados paliativos, año en que se fundó el servicio.

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¿Cómo es su día laboral en cuarentena?

NB: Lo primero que pienso cuando me levanto es dónde está mi barbijo. Los primeros días fueron un torbellino emocional. Mucha información, mucho estrés, cambios de hábitos. Todo eso me tuvo algunos días contrariada, emocionalmente más inestable, irritada, por trabajar con lo incierto, lo no conocido. Nosotras somos un equipo que nos tenemos unas a otras como anclaje emocional y al paciente lo abordamos entre todas, en eso nos sentimos muy acompañadas.

GT: Cuando empezó todo esto yo estaba de vacaciones en Brasil. Volví en el último vuelo que llegó a San Martín y cumplí con los catorce días de aislamiento en casa. Ese tiempo lo viví muy angustiada. Recordaba a los pacientes que a la nochecita empiezan con todos los dolores y a mí me pasaba eso también. Somaticé bastante, me faltaba el aire.

Yo vivo con mi marido. Tenemos cuatro hijos, tres viven en Buenos Aires y una vive acá con su esposo y dos hijas. Hace dos meses que no los vemos. Ayer fue la primera vez que nos acercamos a ver a mi sobrina, que cumplió quince años, y le llevamos un regalo, desde la puerta. Le armamos un vídeo en donde participaron familiares que andan por diferentes partes del mundo. Dentro de todo la pasó bien ella.

Y en Buenos Aires, uno de mis hijos es médico, otra es nutricionista y la tercera está embarazada. Están los tres en grupo de riesgo. Imaginate, yo pensaba, si les llega a pasar algo, uno no puede ir a cuidarlos, a estar con ellos.

Acá en el trabajo las chicas me cuidan mucho. Me dijeron que me quede atendiendo a los pacientes que vienen al consultorio y Norita sale a atender las internaciones o los domiciliarios. Ella es más joven, yo además de tener casi 60 años tomo medicación preventiva para la presión y la diabetes.

NB: Se dio naturalmente, nosotras no tenemos problema en acomodarnos.

GT: A mí me da un poco de culpa (risas)

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-¿Cómo es la vuelta a casa? ¿qué es lo último que piensan al final del día?

NB: Yo vivo sola, toda mi familia está en Buenos Aires, así que no tengo esa carga extra de extremar cuidados por un otro, solo el cuidado personal. Cuando vuelvo a casa trato de desconectar de mi actividad laboral, me gusta darme tiempo para mí, seguir mis actividades cotidianas con la mayor normalidad posible dentro de este contexto.

GT: Yo llego y ahí está Jorge, mi marido. Trato de ocuparme la mente con otra cosa, hago el esfuerzo, aunque el trabajo siempre está presente. Estuve ordenando el altillo. Con Jorge charlamos mucho, compartimos el sentimiento de no saber hasta cuándo, hasta dónde. Es mucha incertidumbre, más con los hijos lejos.

NB: Uno trata de llegar a la casa y desconectarse porque es mucha la carga emocional.

-¿Cómo sienten que cambió el trato con el paciente?

NB: A mí me cuesta un montón. Yo soy de usar mucho el contacto, abrazar, acariciar. Me cuesta tenerte que tocar a través de un guante. Uso el barbijo como un juego, le digo a los pacientes que adivinen si estoy sonriendo o sacando la lengua. Pero me cuesta, me tengo que contener para no sacarme todo y darles un abrazo.

GT: Claro, porque Norita es payaso de hospital, es una «payanurse». Lo que cambió también es que estamos haciendo más llamadas telefónicas y los pacientes se ponen felices viendo que no nos olvidamos de ellos, que los llamamos y les preguntamos cómo están. Tanto los que están bien como los que están mal. No queda ningún paciente sin asistir.

-Chicas, ¿qué cambio les gustaría ver en la comunidad cuando todo esto pase?

NB: Esto nos demostró de un sacudón cuán vulnerables somos nosotros y todo el planeta. Siempre nos sentimos tan omnipotentes. A mí me gustaría que podamos aprender a ser más solidarios. Me gusta una expresión que dice: «Ojalá que el amor sea la próxima pandemia», que podamos aprender a cuidarnos y que se sostenga la importancia de los afectos y la familia.

GT: Bueno, después de todo lo que dijo ella, yo deseo lo mismo. En mi barrio (Tiro Federal) los vecinos me sorprendieron, más allá de los aplausos, que se escuchan religiosamente todas las noches, hay un acatamiento muy fuerte al aislamiento. Eso es ser solidario también, espero que se mantenga.

1 Comment on La voz de los héroes: la cuarentena, en primera persona

  1. Ricardo Powell // 1 de mayo de 2020 en 14:27 // Responder

    Hermosa nota, muy sentida! Un reconocimiento a esos trabajadores, que conozco y doy fe de su entrega, y a través de ellos a todos los trabajadores dela hospital

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