“Hay muchas prácticas discriminatorias que repetimos como sociedad, sin darnos cuenta del daño que provocan”

Rocío y Jimena.

En el Día Internacional de Lucha contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género, Rocío Baravalle y Jimena Blanco, dos psicólogas sanmartinenses con formación en Género y Diversidad, hablaron con RSM sobre las distintas violencias a las que se enfrentan cotidianamente quienes integran el colectivo LGTBIQ+ (lesbianas, gays, trans, bisexuales, intersex, queer y otras identidades diversas) y sobre cómo superar los prejuicios que generan estas discriminaciones.

La 17 de mayo es el Día Internacional de Lucha contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género porque fue en esa fecha que, en 1990, la OMS dejó de considerar a la orientación sexual homosexual, como un trastorno en sí mismo. “Es un día para visibilizar, poner en tela de juicio y repudiar, aquellas prácticas discriminatorias, que muchas veces como sociedad repetimos y avalamos, sin darnos cuenta del daño que provocan”, introdujo Rocío.

RSM: ¿Cuáles son las discriminaciones a las que se suele enfrentar el colectivo LGTBIQ+?

Rocío: Las discriminaciones y violencias que sufrimos, son muchísimas. Partamos de que, quienes estamos dentro del colectivo diverso, nos corremos muchas veces de la norma, estamos por fuera de lo que “social y culturalmente es aceptado”. Eso nos expone todo el tiempo, a tener que dar explicaciones de quiénes somos, qué elegimos, cómo queremos vivir; cuestiones que generalmente, para las personas que se autoperciben heterosexuales, no es un dilema a esclarecer. Otras dificultades tienen que ver con poder acceder a distintos derechos como la salud, la educación, a ejercer y ocupar cualquier puesto trabajo y a ser nombrados, nombradas y nombrades como queramos.  

Jimena: Algunas de las dificultades que nos encontramos tienen que ver, por ejemplo, con que las  personas trans tienen una esperanza de vida de 35 años en nuestro país y de 42 años en la provincia, porque en lo que va del año y al momento de esta entrevista, habiendo transcurrido 136 días del 2020 en Argentina, ha habido 29 transfemicidios; siguen siendo noticias las golpizas a parejas de varones gays en un Mc Donald en Palermo, o el ataque de un vecino de San Martín de los Andes a un funcionario de Nación que paseaba con su pareja varón por el centro de la ciudad en enero de 2019, o que echan de un bar a una pareja de lesbianas por darse un beso o la mano, porque discriminan a un niñe en un jardín porque tiene dos mamás o dos papás, porque una maestra se niega a llamar por el nombre elegido a un niño que se autopercibe diferente al sexo asignado al nacer, y podríamos seguir con cientos de miles tristes ejemplos más.

RSM: ¿Por qué hay tanta discriminación al colectivo diverso?

Jimena: Personalmente lo que pienso es que cuando hablamos de identidad de género y de orientación sexual se ponen en juego dos categorías que forman parte de la sexualidad humana y entonces -implícitamente- aparece la genitalidad. Creo que por más que ha habido muchos avances, la sexualidad sigue siendo un tabú y muchas personas aún la siguen pensando únicamente con el modelo hegemónico, cuando las posibilidades de encuentros son enormemente variadas.

Rocío: La discriminación parte de no aceptar lo distinto. Todas las personas nacemos bajo un régimen político y obligatorio que es la heterosexualidad, como única manera posible de organizar la sociedad. Este régimen configura una realidad binaria, es decir, una realidad en la que pareciera que sólo pueden existir dos opciones opuestas: varones o mujeres, con todas las características y aspectos que le son propias a cada categoría. 

Sin embargo, nuestras vivencias personales muchas veces son distintas a eso que se nos quiere imponer desde afuera. No nos alcanzan los términos de varón o mujer, no nos identificamos con los estereotipos y roles impuestos, nuestra orientación sexual es diversa. Y es justamente todo eso lo que lo que no se acepta, lo que genera odio por ir en contra de lo establecido, lo que hay que aniquilar, desconociendo el derecho a la libre orientación sexual e identidad.

RSM: ¿Cómo hace una sociedad para terminar con estas discriminaciones?

Jimena: En primer lugar, por medio del respeto a todas las personas, que es algo básico e inherente a la dignidad humana y además es un derecho, un derecho humano y un derecho enmarcado en la Ley Nacional de Identidad de Género (Ley 26.743).

En segundo lugar, por medio de la educación. Explicarles a las personas, preguntarles qué les pasaría si su hije les confesara que es trans y qué sentirían al enterarse que la esperanza de vida de su hije en la provincia sería nada más que 42 años. A los vecines les diría que escuchen atentamente cuando alguien les dice el nombre para tratarle como pide, que no se presuponga el género o la orientación sexual heterosexual, que presten atención a estas cosas. También, que se ofrezcan fuentes de trabajo a las personas trans. Hay en la ciudad personas sin trabajo excluidas del sistema por motivos de identidad de género.

Por suerte, en la medida que se va ingresando en las escuelas y se va multiplicando la información, algunas cosas van cambiando. Se van mejorando los accesos a la salud, entre otras cosas: en el Hospital Ramón Carrillo tenemos un equipo multidisciplinario (integrado por dos médicas generales, dos ginecólogas, una enfermera y yo como psicóloga) para la atención integral de las personas LGBTIQ+.

Rocío: Creo que como sociedad nos hace mucha falta la escucha amable y amorosa, despojarnos de los prejuicios para poder mirar a los, las y les demás, sin tantos cánones impuestos, sin estructuras únicas e inquebrantables.  Nos hace falta preguntarle a la persona que tenemos en frente, quién es, cómo quiere ser nombrada, cómo quiere ser tratada. Es necesario que nos observemos más introspectivamente, que nos cuestionemos nuestros privilegios económicos, de clase, de educación, de lugar de residencia; que los pongamos en tensión, para ver desde dónde hablamos y desde dónde lo hace el otro, la otra, el otre. 

¿Con qué medidas sería bueno que el Estado garantizara los derechos del colectivo LGBTIQ+?

Jimena: La Ley de Identidad de Género es hermosa como norma, es de vanguardia, ejemplo para muchos otros países. Lo que falta es capacitación en todos los sectores del Estado para que se cumpla. Habría que capacitar para sensibilizar y para entender que todo funcionarie público dentro de su área de competencia está obligade a cumplir con la Ley dejando de lado sus creencias personales. Y cuando hablamos del Estado y de la función pública hablamos de maestres, directores, profesores, equipos de salud, policía, personal del registro civil y cada estamento del Estado. 

Rocío: Es necesario la existencia de una voluntad política con perspectiva en género, diversidad sexual y derechos humanos, es decir, interés y deseo de que aquello que se reglamenta, no quede sólo en lo escrito, sino que se exija su correcta implementación en todos los agentes del Estado y sus estratos, según sea la función e injerencia de los mismos. Con esto quiero decir, que no alcanza únicamente con tener en nuestra Constitución, por ejemplo, la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) sancionada en el 2006, si catorce años después, todavía seguimos discutiendo su valor y habilitando a que su implementación quede a criterio del docente, equipo directivo o escuela.

Algo similar sucede con la Ley de Identidad de Género sancionada en el 2012, siendo que en el Artículo 1 nos deja en claro que las personas tenemos derecho a ser nombradas según nuestra identidad de género, todavía nos encontramos con espacios de atención públicos y privados que no pueden respetar algo tan básico.

Rocío Baravalle (MP 1880) es Psicóloga, con Formación en Género y Diversidad. Jimena Blanco (MP 1959, MN 68788) es Psicóloga integrante del Equipo de Diversidad del Hospital Ramón Carrillo.

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