Mariano Tenaglia: «A mí el teatro me salvó la vida, si volviera a nacer lo volvería a elegir»

Mariano Tenaglia coordina, junto con Jorge Bravo, el Teatro Piccolo, un espacio cultural que describe como un “club de barrio”, haciendo referencia al espíritu de comunidad, reunión y empatía que impera en el lugar. RSM tuvo la oportunidad de charlar con él para conocer su historia y planes de cara a la paulatina reapertura.

El teatro Piccolo nació en 2017, ocupando un inmueble pequeño en el centro de la ciudad. Hace un año se trasladó a su nueva locación, en Ruta 40 y callejón de Bello, donde creció en espacio y actividades. “Teníamos mucho miedo de venir acá porque nos descentralizamos, nos alejamos del centro, más que nada por los alumnos del estudio de actuación, que funciona de lunes a viernes, pero fue espectacular porque la gente nos siguió”, dice Mariano, recordando el crecimiento que vivieron a partir de la mudanza.

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RSM: ¿Cuál era el objetivo que perseguían cuando nació el teatro?

MT: El objetivo principal siempre fue cumplir una misión social, que el teatro y las artes escénicas lleguen al público y hacerles olvidar, por un rato, su cotidianidad, sea buena o mala, otorgarles algo distinto. Que entren en nuestro juego y se distraigan, que ayude a repensar y a mejorar. Por otro lado  está el objetivo de la diversidad, que todas las artes encuentren acá un espacio y haya espectáculos para todos los gustos. Esa va a ser siempre la misión del teatro. Hoy por hoy, sin embargo, el objetivo es sobrevivir.

RSM: ¿Cómo están haciendo para sobrellevar la cuarentena?

MT: Estamos haciendo el esfuerzo de sostener el espacio. Todos aportan y ayudan de alguna manera. Hay alumnos que toman las clases por zoom y pagan la cuota igual, aunque yo esté dando las clases abiertas, para los que pueden pagar y para los que no también. Hablé con el propietario y flexibilizó el alquiler, entendiendo la situación. El objetivo es sostener el espacio hasta que podamos abrir. 

Creamos un sistema de venta de entradas anticipadas, dirigida a 6 espectáculos diferentes que van a suceder una vez que podamos volver a abrir al público. Esas entradas tienen 6 meses de vigencia para canjearlas. Se compran vía web en paquetes de 1, 2, 3 o 4 tickets. 

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RSM: ¿Cómo les fue con eso?

MT: Fue emocionante. Nosotros conocemos a mucha gente que ha aportado y sabemos que están en una situación difícil pero así y todo una entradita aunque sea compró y eso nos ayudó a pagar una parte del alquiler. Vendimos alrededor de 80 entradas. Y fue re interesante lo que se movió en la gente. Muchas personas grandes que no podían comprar por la página llamaban por teléfono y nos pedían que pasemos a buscar el sobre de dinero por su casa, gente conocida y muy querida. 

RSM: ¿Sentís que se formó una suerte de comunidad en torno al teatro?

MT: Totalmente, esto es un club. Ya de por sí detrás del estudio de actuación hay 80 familias que participan, porque está el alumno y la gente que lo acompaña. El Piccolo se ha transformado en eso. En verano hubo grupos de docentes que aprovechaban las vacaciones y venían casi todos los fines de semana a ver cosas diferentes porque les gustaba venir al Piccolo. Acá hacemos todo a pulmón, los actores y actrices del elenco estable son también los que ayudan: cuando hay espectáculos se ocupan de servir las bebidas en el bar, o ponen tornillos para armar la escenografía, a veces 20 minutos antes de que largue la función (risas).

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RSM: Y a partir de este nuevo protocolo que habilita la apertura sin público ¿qué están armando?

MT: Estamos generando contenidos audiovisuales. Ahora vamos a hacer una varieté virtual solidaria, que va a ser a la gorra y lo recaudado lo vamos a donar a un comedor de Chacra 30. Va a haber música, teatro y circo. 

Paralelamente vamos a hacer otra varieté, propia del Piccolo, para ir arrancando a generar contenidos y que cada fin de semana, al menos los sábados, haya un evento artístico para disfrutar. Si pueden colaborar, estará la posibilidad de la gorra virtual, aunque el espectáculo estará abierto para todos. 

RSM: ¿Lo van a transmitir a través de la página del teatro?

MT: Acabamos de abrir un canal en Youtube que se llama “Piccolo contenidos”, que va a ser nuestra forma de llegar al público. Nuestra motivación, más allá de los resultados, es volver a estar conectados. 

Justo ahora está Daniel Aguirre, un gran amigo, y la China, dos titiriteros increíbles, fabricando títeres para una obra que escribió mi hermana, Fabiana Tenaglia, y que vamos a estrenar cuando se pueda volver a hacer espectáculos presenciales. Por ahora estamos en etapa de creación y ensayo. Es amor lo que está sucediendo acá, no hay un centavo pero todos colaboramos con algo y es muy emocionante. 

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RSM: ¿Cómo vivís, en lo personal, este momento?

MT: Es muy fuerte. Cuando empezó la cuarentena, los primeros diez días estuve muy mal. Me afectó todo lo que llevábamos hecho, pensé en entregar la llave y cerrar, dedicarme a otra cosa. No sé a qué, porque yo hago teatro desde los 11 años. Lo que pasó también es que me afectó en la economía personal, yo no tenía ningún ahorro porque quince días antes había puesto todo acá en equipamiento. Pero bueno, estamos saliendo adelante, tramitando subsidios de provincia, de nación y del Instituto Nacional del Teatro. 

Estamos generando contenido, creando, para volver con todo. Incorporamos la cocina como arte, con Guillermo Ponce de León que va a estar cocinando en vivo, a futuro, tal vez con un trío de jazz que lo acompañe. 

RSM: ¿En qué te inspiras al momento de crear o de dar clases?

MT: Al momento de dar clases, en mis maestros. Yo soy discípulo de Lito Cruz. El método que utilizamos se transmite de persona a persona, no hay una universidad. Me baso en el amor al arte. A mí el teatro me salvó la vida, si volviera a nacer lo volvería a elegir. Yo soy millonario en experiencias, en lo que sucede con los alumnos, en ver sus cambios. La libertad del juego, que es el teatro, es impagable. El Piccolo y las clases son mi legado, voy a dejar en el mundo lo que me dejaron a mí.

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RSM: ¿Tenés una anécdota que quieras compartir?

MT: Una vez, hace quince años, con mi amigo y compañero Facundo Bebán, hicimos una obra con trescientas velas, porque se había cortado la luz, en Loncopué. Estaba la función vendida, en un boliche que habían adaptado con un escenario. Llegamos con viento blanco, se cortó la luz y dijimos: «listo, no la podemos hacer», porque era una obra que terminaba con un apagón de luces y un sonido.

Estábamos todos los actores ahí afuera y entra, una hora y media antes, una señora, una abuela, vestida con mañanita, pintada, peinada. Se sienta en la primera fila y nos dice: “¿puedo ver cómo arman la obra?, porque es la primera vez que veo teatro en mi vida». Con Facundo nos miramos y dijimos: «lo hacemos». Así que salieron todos a conseguir velas, hasta la intendenta de ese momento, buscando velas en los quioscos, y un rato antes de la obra las empezamos a prender.

El apagón final lo hicimos tirándolas, pegándoles, apagándolas con la palma de la mano, llevando la obra así, viviéndola. Y, en la última escena, Facu me mira, abre los ojos grandes y me hace señas de que quedaba una vela atrás mío, y venía el apagón. Él dice que yo volé y la apagué mientras el director ponía play en un equipo de música con 6 pilas que había conseguido. Esa es la mejor anécdota que tengo. Fue una ovación. Y esa señora de mañanita para mí aparece todos los días que hay una función en el Piccolo.

RSM: ¿No le preguntaste el nombre?

MT: No. Tenía miedo que no fuera de este planeta…(risas).

RSM: ¿Y la obra como se llamaba?

MT: “Es tan fea que le duele la cara”.

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RSM: ¿Qué otra novedad nos podés adelantar de lo que se viene?

MT: Estamos haciendo un programa para niños con mi hermana Fabiana como guionista, junto con Any Romero, que es la protagonista, Mónica Jara en producción y Juan Pablo Cajaraville. Es un programa para toda la familia, en el que se cuenta una historia, en el rincón de lectura de Any, combinada con inventos. Se llama “Al rescate” y va a estar en YouTube. Está buenísimo, trabaja mucho con las emociones de los niños, que parece que hay que ocultarlas, y no es así. 

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RSM: ¿Sentís que hay una falta en hablar del tema emociones con los chicos?

MT: Sí, totalmente. No es de ahora. Se espera la explosión para hablar de emociones. Seríamos todos mucho más libres y genuinos si lo trabajáramos antes. Uno se va acostumbrando a contenerlo y se pierde la parte genuina, la espontaneidad. Todo da miedo y hay que ocultarlo. Yo creo que hay que dejarlo salir, es la naturaleza, lo demás es antinatural.

Yo siempre les digo a los alumnos: «¿no les pasa que a veces dicen dónde está la verdad: afuera del teatro o adentro?» Porque en definitiva nosotros lo que hacemos es vivir permanentemente el aquí y ahora, cuando estamos en el teatro. Todos actuamos un rol en la cotidianidad, y está bien, no hay que liquidarlo, pero es muy complejo. Estamos en un sistema, que es la vida, pero nosotros haciendo teatro tenemos, con día y hora establecido, nuestro espacio de juego y libertad.

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