Los adultos, la secundaria y la pandemia, a tres meses de educación virtual

A tres meses de escuela sin presencialidad, RSM se contactó con secundarias públicas que dictan clases para adultos: el CPEM 57 y el 96. Docentes, asesores, directivos y preceptores contaron cómo está siendo la experiencia de sus estudiantes y los desafíos por los que se ven atravesados en este contexto de pandemia.
Como el resto de las escuelas (en particular de las públicas), estas instituciones se ven atravesadas por la falta de conectividad: “Muchos no tienen computadora, o no tienen wifi sino que se manejan por datos en el celular; otros tienen un solo teléfono por grupo familiar, o viven en el campo y casi no tienen señal”, explican las preceptoras del 57. “Hoy no logramos hacer contacto con más de la mitad de los estudiantes, nos preocupa y nos duele”, dice Mariana, docente del 96.
Pero, a esta dificultad se suma la que viene aparejada con las responsabilidades de la adultez: “En situaciones normales, cuando nuestros alumnos entran al aula logran dedicarse enteramente a la escuela. Y eso ahora no lo tienen. Al estar en sus casas, nuestros estudiantes a veces tienen que cumplir multiplicidad de funciones siendo padres o madres”, explica Lorena, asesora pedagógica del 57.

“Las necesidades económicas, profundizadas en el presente contexto, generaron significativas modificaciones a nivel emocional: muchos de los alumnos perdieron sus trabajos, siendo padres o madres y, muchas veces, el único sostén del hogar”, explicó Ailín, docente del 96, sabiendo que esta situación genera preocupaciones que desplazan la atención que requieren las materias escolares.
Y la adultez genera otros posibles obstáculos en los vínculos pedagógicos: “Los adultos tienen más dificultad que los adolescentes para preguntar, para decir que no entendieron algo, o que no saben cómo encarar un trabajo”, explicó María, preceptora del 57.

Además, son muchos los adultos cuyo contacto con la tecnología es poco fluido: “De un día a otro tuvieron que abrir un mail, conectarse por un medio tecnológico o una red, recibir propuestas didácticas y enviar sus trabajos a través de medios virtuales y todo eso requiere de un enorme esfuerzo y aprendizaje”, reconoce Mariana. “Esto no me sirve”, “Necesito tener a la profe”, “Yo voy a dejar”, “Usted me explicaba veinte veces en el aula y no entendía, ¿cómo voy a entender ahora, solo?” son frases que ambas instituciones dicen estar escuchando cotidianamente desde sus alumnos.

Pero, aunque los obstáculos sean varios, la creatividad y el compromiso logran mover montañas: “La idea es que nadie se quede en el camino”, dice María. Han desarrollado múltiples estrategias para hacer frente a las dificultades: “Fuimos haciendo relevamientos alumno por alumno, haciendo lo necesario para que pudiera continuar su vínculo con la escuela. Entregamos computadoras, adaptamos las actividades en formatos que consuman pocos datos, y, cuando no es posible la conectividad, les llevamos los cuadernillos a domicilio”, explica María.

“También hemos hecho videos explicativos para todo, para que ellos se familiarizaran con las herramientas tecnológicas mediante una cara que les fuera conocida, y con palabras sencillas”, agrega Lorena.

Desde la preceptoría del 57 reconocen que muchas veces es necesario el contacto 1 a 1 para acompañar diversas situaciones: “Cuando vemos que no responden por los grupos de WhatsApp les escribimos para preguntarles si están bien, si entendieron las consignas”, cuenta Claudia, preceptora de la institución, “somos el nexo entre los profes y los alumnos. Y tienen confianza en nosotros: muchos nos cuentan que están asustados, o que están desanimados porque ven que el título está cada vez más lejos. Ahí buscamos motivarlos. Yo les envío frases que les den seguridad y fuerza para seguir. Hacemos todo lo posible para que no abandonen”. «El trabajo que están haciendo desde preceptoría es brillante», rescata Daniela, directora del 57.

Desde ambas instituciones se sabe de la importancia que puede tener la experiencia escolar en las vidas de estos estudiantes: “Son alumnos que en su momento dejaron la escuela, que no la pudieron continuar, y esta es su oportunidad de cambiar su destino, de mejorar sus posibilidades”, dice Claudia. “La escuela pública tiene la enorme responsabilidad de torcer destinos, tiene que garantizar el derecho efectivo a la educación para construir una realidad más justa”, expresa Mariana.

Es por eso que se busca la forma de que las actividades propuestas sean accesibles a los estudiantes desde sus distintas situaciones, con horarios flexibles que incluyan las distintas realidades, y que puedan motivar a los alumnos. Así fue que surgieron iniciativas como el programa de radio de tercer año del 57, “Pandemia 3.0”, o el que tiene el 96 en la radio municipal, entre otras tantas.
“Yo diría que esto no es educación virtual”, dice Claudia, “porque ahí vos te preparás para que sea así: se elaboran las estrategias para que funcione de ese modo, con las tecnologías necesarias. Yo diría que estamos en una educación en contexto de emergencia, haciendo lo que podemos con lo que tenemos”.

Y, lo que se tiene, en muchos casos, es poco: “Es necesario tener presente que la pandemia encuentra a la educación pública con innumerables carencias, como la edilicia, por ejemplo: nosotros no tenemos edificio propio, funcionamos en la escuela 359; tenemos escasos recursos, y también poco equipamiento tecnológico, dice Mariana.

“Es difícil repartir cuando hay poco. Teníamos 50 computadoras para dar y como 300 alumnos que estaban sin. Tenemos 10 conexiones de internet de Cotesma para entregar, pero hay cientos que están sin wifi en la casa. Lo que hacemos es tratar de elegir las familias que tengan varias personas que se puedan beneficiar de esa conexión. Pero es muy feo dejar afuera a quienes necesitan esta ayuda para poder seguir conectados”, reconoce Lorena.
Con todo, ambos equipos reconocen cuestiones a rescatar de todo este proceso, como el aprendizaje tecnológico que está generando, la revalorización de la presencialidad y el crecimiento de la empatía desde las instituciones hacia sus estudiantes: “Este contexto nos hizo entrar un poco más en la realidad de cada alumno, saber las dificultades a las que tienen que hacer frente para poder prestar atención a la escuela. Dificultades que están siempre presentes, que con el coronavirus son más fuertes, y que se hicieron más visibles. Eso nos genera profundizar el trabajo en equipo para garantizar que la escuela está para todos aquellos que la quieran”, comparte Lorena.



Es admirable la labor que están haciendo los profesores. Pero aún asi, no es suficiente. Y no solamente con alumnos adultos, son muchos estudiantes brillantes, que no pueden seguir con «normalidad» las clases virtuales de s facultad y ya están pensando en abandonar. Asi como el mundo se detuvo, los estudiantes tambien lo deben hacer. Basta con este sistema educativo, que perjudica emocionalmente a buenos esudiantes!!!!!