Vivir en la ladera del Curruhuinca: “Estamos en una situación de riesgo constante, es de terror”

Esta semana, RSM puso en agenda las problemáticas que atraviesan las familias que viven en la Ladera del Curruhuinca. En esta nota, la presidenta de la Junta Vecinal del Barrio Vallejos, María Concha, y algunos vecinos de la ladera, cuentan en primera persona cómo es vivir con esos riesgos constantes.

“Hay deslaves y caídas de piedras y de árboles sobre las casas. El agua que corre por todos lados, cuando hiela no se puede caminar, la gente se cae, porque el piso y las escaleras se hielan con los cauces que pasan por cualquier lado. También están los cables de alta tensión y los caños de gas a la vista. Son problemas que tenemos hace muchos años, pero que nunca se solucionan: es de terror”, expresó María.

“Cuando cae una piedra y se muere alguien, como hace dos años, que fallecieron dos nenas, sale en los diarios, pero después nadie habla más de este tema”.

María es la presidenta de la Junta Vecinal del barrio Vallejos elegida consecutivamente por tres períodos seguidos, los que suman más de 8 años: “Yo vivo hace 50 años acá: toda la vida”.

“Para solucionar estas cosas hay que pensar más allá del corto plazo: se necesitan contenciones para las piedras, canales para que los cursos de agua bajen de forma adecuada, y un relevamiento sobre qué árboles son peligrosos y se pueden caer. El municipio hizo algunas alcantarillas, pero no terminó el trabajo. Después vinieron a hacer un montón de estudios, a medir todo, pero nunca más volvieron a hacer lo que decían que iban a hacer”, dice María, algo resignada.

La problemática afecta a todos los vecinos: a algunos solo porque caminar por las calles del barrio o subir por las escaleras significa una odisea, a otros porque también el agua les golpea las casas, o porque los árboles o las piedras amenazan con caerles encima. Este último es el caso de Luis: “Hace casi 40 años que vivo en el barrio. El verano lo paso feliz, contento, está todo seco, pero en invierno se pone difícil: se me está desmoronando todo atrás de mi casa, cae el agua y se va llevando la tierra, entonces las piedras van apareciendo y se van cayendo”, explica.

“Yo puse unos tambores para encauzar el agua que pasa por adentro de mi terreno, pero no es suficiente. Faltan canales y alcantarillas bien hechos, y que, los pocos que están, se limpien: hace como 2 ó 3 años que no vienen de la municipalidad a limpiarlos, así que lo terminamos haciendo los vecinos; pero son cosas que corresponden al municipio, para eso pagamos los impuestos. Este terreno lo compré hace más de 20 años, y se me está desmoronando todo. Se caen piedras grandes, y tengo que ir armando contenciones atrás de mi casa para que no se me caigan encima”, cuenta Luis.

“Con estos temas lo que hacemos es avisarle a quien representa al barrio, que en este caso es Mary, porque si uno va personalmente no le dan bolilla”, reconoce Luis. El tema es que a María le sucede lo mismo: “La gente me lo dice a mí, y yo reclamo, pero a mí tampoco me dan bola, no se hacen cargo, y así estamos”.

María cuenta sobre la sede que tiene el barrio, que se presta para actividades de todo tipo: “reuniones de vecinos, talleres, si alguien muere y no hay dónde velarlo, se hace acá. Es un espacio que hace falta”, dice María. Y la sede no es la excepción a la norma del Vallejos: en invierno, el agua le pega de lleno. “Golpea las paredes y el agua se mete para adentro; cae el chiflón desde arriba, como una catarata. Pedí que hicieran un canal, pero nada”.

Sede del barrio.

Otro vecino escucha la conversación y sale a contar su situación: “Yo antes de que venga la lluvia cavo zanjas para desviar el cauce, porque si no se me viene el agua y me va pasando por encima la casa. Caen piedras un poco más atrás, y algunas son feas: son grandes. Si vas al municipio te dan vueltas, y te cansás, porque no te dan una solución, así que lo terminamos haciendo nosotros, como podemos. Yo hice este muro cuando el agua mandó todo para abajo, hace unos 15 años que lo construí, lo hice yo”.

Así es como las problemáticas del Vallejos se van acumulando, algunas se van resolviendo por los vecinos, como se puede, pero la gran mayoría solo se amontonan porque lo que requieren es de una obra con planificación y con fondos para poder ejecutarse.

Y con los años las problemáticas se profundizan: con la necesidad que tienen las familias de hacerse de una vivienda, se van haciendo nuevas casas en la ladera, cada vez más altas, cada vez más peligrosas. “Cada nueva casa debilita más el terreno, porque se sacan árboles, se desvían más los cauces, se suma más peso sobre la montaña, y cuando viene la lluvia se manda todo para abajo: la tierra, las piedras y los árboles. Yo reclamo cuando veo que se construyen nuevas casas más arriba, pero nadie me escucha”, dice María.

A estos problemas, que significan riesgos de vida para las familias, se suma el abandono del Estado en otras áreas: las pocas alcantarillas que están no se limpian, la basura se acumula y se pasa a buscar “cada tanto”, como dice María, “a veces pasa un mes sin que vengan; yo aviso, pero tardan mucho en venir”. Y la pobreza, recrudecida con la cuarentena, tampoco se ve atendida: “Los bolsones que traen no alcanzan, y entonces una chica del barrio me vino a ver para empezar a hacer viandas para 15 familias que están en situaciones muy delicadas, pero me dijeron que no, que no estábamos autorizados a abrir la sede por la pandemia. Yo no entiendo, quieren abrir el cerro, pero una sede para darle de comer a la gente que necesita no, eso me choca mucho. Estamos en un límite en donde las familias están necesitando ayuda para poder comer. Son cosas de barrio, de emergencia. Son cosas que están primero”.

Fotos: Leo Casanova-RSM.

3 Comments on Vivir en la ladera del Curruhuinca: “Estamos en una situación de riesgo constante, es de terror”

  1. Grande Julio Obeid…muy buena tu siembra…ahora,agua y ajo..

  2. NO SON TERRENOS OCUPADOS?????

  3. y si son ocupados no tienen derecho igual? siendo pobre vas a tener que pagar alquiler toda tu vida y después fijarte cómo comes? Me parece no es el punto si son tomas o no. Sino que la dignidad pasa por otro lado. «Cuando el hambre es ley la rebelión es justicia». Cuál sería el plan entonces? castigar a los castigados? mmmmmmm conciencia señorxs. Respuestas, si no hay recursos inventarlos, si lxs vecinxs se motivan y activan, facilitarles recursos o apostar a las organizaciones. Pero qué, dan miedo lxs vecinxs organizadxs? pfff y lxs pobres organizadxs ni te cuento jijiji

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