Explorar el cuerpo y reaccionar al estímulo: el taller de las bailarinas sanmartinenses que saca de cada uno lo mejor

Desde agosto, en el Teatro San José, Stefanía Mateu y Romina Farías dictan un taller de composición y creación escénica destinado a quienes desean investigar los extremos del movimiento. Si bien este primer grupo está cerrado, la buena recepción abrió la posibilidad de iniciar uno nuevo en octubre. RSM presenció una clase para contar, desde adentro, cómo se vive esta experiencia.

Inmersos en un clima calmo y relajado, amparados en la luz cálida que ingresa por los postigos de madera del teatro, los asistentes al taller se ponen en círculo. Empiezan a moverse, muy despacio, siguiendo las indicaciones de una voz dulce que les pide sentir su posición en el espacio. Se desplazan, consientes del paso del otro y del propio. Se escuchan conteos («5, 6, 7, 8»), correcciones de posturas, inhalaciones y exhalaciones. La columna vertebral de cada uno de ellos cobra relevancia absoluta: se estira, dinámica, cambiando en cada ejercicio. La atención se centra en reaccionar a los estímulos.

“Si tengo que tardar más, tardo”, repite una de las profesoras, haciendo hincapié en tomarse el tiempo de explorar, de ver cómo se afecta el cuerpo, en cuánto sentidos lo está alterando. Lo importante no es cumplir una consigna sino transitarla de manera íntima, desde la experiencia propia.

En cierto momento, la música cambia y es tiempo de pasar a la acción, de ejercitar la confianza. Las consignas se transforman en juegos en los que hay que correr con los ojos cerrados, delegando el control y esperando ser atajados por un otro que espera con los brazos abiertos. Escuchar atentamente y buscar la forma de estar presentes en ese instante. Claro que da miedo y ahí es cuando el grupo estalla en risas y gritos, sintiendo el desafío de soltarse, confiar y dejarse atrapar.

De repente todo se detiene y la creatividad se desata a través de las palabras. Ahora el juego pasa por hacerse oír por encima del compañero, no dejarse distraer, sostener el diálogo propio, defender la historia que se narra usando todos los sentidos. La lucha entre el cuerpo y la mente, entre el interior y el exterior.

Hacia el final de la clase, la improvisación gana terreno y una misma emoción se constela en tantas alternativas como participantes hay en el taller. Es un tiempo para construir la escena y vivirla. La adaptación del espacio y de los elementos hacen, de cada puesta, una forma de expresarse en la individualidad, dentro de un gran conjunto. En última instancia, todo se traduce a vivir la experiencia de expresarse en libertad.

RSM: ¿Qué buscan transmitir a los asistentes en un taller de improvisación?

SM: El taller es de creación y composición escénica. Usamos muchas pautas de improvisación para llegar a la creación, para que la persona pueda conocerse, descubrir sus movimientos y sus posibilidades. Nosotras vamos dando pautas y ellos van creando. A las dos nos gusta mucho descubrir lo que sucede en el momento.

RSM: ¿Cada clase tiene un disparador creativo distinto?

SF: Sí. La idea es que los dos primeros meses se trabaje con disparadores diferentes para que ellos tengan un abanico de posibilidades y herramientas para inspirarse a crear: palabras, canciones, imágenes. Que vayan viendo lo que a cada uno le queda más cómodo o le gusta más y lo usen en las últimas cuatro clases para crear el material propio.  

RSM: ¿El fin último del taller cuál es?

RF: Nos gustaría hacer una muestra o componer un trabajo personal de cada uno de ellos. Buscar que cada alumno se lleve un material original y propio, hecho por ellos desde la raíz, lograr que cada uno pueda encontrar una escena y que haya un abanico de distintas ramas.

RSM: ¿Qué les pasa a ustedes, como profes y artistas, viendo reaccionar a los alumnos con las consignas?

SM: Es espectacular. Uno es humano y no puede evitar pensar en cómo lo haría en su lugar, pero todo el tiempo te sorprenden. Realmente se van para cualquier lado, cada uno es un mundo aparte.

RF: Quedamos muy sorprendidas y nos enriquece muchísimo cada encuentro. Planificamos las clases y pensamos en cómo reaccionarían, pero pasa todo distinto y eso lo vamos registrando.

SM: Claro, tenemos un registro de cada alumno para hacer un trabajo más individual y es muy loco cómo en cada clase nos vamos con algo nuevo.

RSM: Este taller termina en octubre, ¿y después que planean hacer?

SM: Nos gustaría empezar uno en simultáneo, en octubre, que lo estamos charlando por temas de horario, y sino esperar a que termine este y arrancar uno nuevo, con gente nueva.

RSM: ¿En la misma línea temática que este?

RF: Sí, una vez que se cierra el grupo no podemos incorporar gente nueva porque se arma una atmósfera de confianza que queremos respetar.

SM: Se da algo muy íntimo en cada grupo, nos conocemos, sabemos la historia de cada uno y está bueno respetarlo.

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