Viviana Errecalde: el arte como camino de autoconocimiento

Una mujer decidida. Una artista que le ha perdido el miedo al cambio y a la propia transformación. Una postura ante la vida que invita a sintonizar con el potencial auténtico y creativo que subyace en cada día.

“Yo siempre fui un bicho raro en mi familia. Vengo de un núcleo convencionalista que me crio con la idea de que las mujeres se ocupan de la casa y no hacen carreras universitarias. Siempre fui cabeza dura y eso me ayudó a ir haciendo mi propio camino”, inicia Vivi.

Decidida desde chica a que su destino no sería el que su entorno le exigía por ser mujer, Vivi hizo doble secundario: “En mi casa me dijeron que por cuestiones de plata no me iban a poder mandar a estudiar, entonces quise hacer algo para poder tener una salida laboral: a la par de ir a un secundario bachiller, hice el comercial, que era para adultos. Me recibí de Perito Mercantil por si necesitaba trabajar para poder irme a hacer una carrera”.

“A mi familia no le hizo ninguna gracia que yo me fuera así que me lo hicieron saber. Me llevaron a La Plata y no volvieron. Me quedé sola y fue duro, pero me las arreglé”. Vivi estudió Dibujo en la Universidad de La Plata: “La carrera se había cerrado con los milicos y reabrió con mi camada, entonces éramos solo 13 estudiantes en el aula. Era muy personalizado”.

La universidad reunió a Vivi con quienes compartían su pasión: “Teníamos un docente muy especial, el “Vasco”, que nos ayudó a armarnos una cooperativa entre los estudiantes, para poder comprar buenos materiales. Nos enseñó sobre autogestión, sobre amar lo que hacíamos”.

La trayectoria académica de Vivi fue intensa: comenzó a hacer ayudantías desde su segundo año, llevó la carrera al día y se graduó con uno de los mejores promedios de la universidad. “Después me di cuenta de que necesitaba una pata más pedagógica, entonces hice el profesorado de Dibujo y de Pintura. Ese es mi ascendente en Géminis: siempre hago las cosas de a dos: dos secundarios, dos carreras, dos profesorados”.

La artista es una enamorada de este pueblo: “Siempre vinimos a San Martín con Dani, mi compañero, pero dudábamos de venirnos a vivir: él periodista, yo artista, nos parecía que no iba a ser fácil laboralmente. Un verano estábamos de campamento y nos agarró un temporal tremendo: mucha agua y mucho frío. Nos fuimos a un hotel y fuimos recorriendo más el pueblo y preguntando. Una radio le dijo a Dani que podían darle trabajo. Así que nos fuimos pensando en la posibilidad de volver”.

“En el 2000 registré mi título en Neuquén y vine a San Martín a buscar casa. Llegamos en diciembre y nos instalamos. Los dos empezamos a trabajar al toque. Fue la mejor decisión que tomamos en nuestra vida. Nunca nos arrepentimos y al día de hoy seguimos eligiendo San Martín como lugar para vivir”.

“A la par de las clases en escuelas, comencé a dar un taller para adultos. El taller fue mutando con el tiempo: antes yo asistía a los alumnos a hacer el cuadro que querían, pero con el tiempo eso no me fue conformando. Desde hace unos años solo guío a que cada uno haga su propio camino, ya no meto mano. Trabajamos la pintura como un canal de autoconocimiento más que como un medio para conseguir una obra. El foco no está puesto en el producto sino en el proceso. Es un espacio de disfrute, que busca soltar el deber ser. Es un laburo fuerte, pero me encanta”.

Como en todo, no se puede enseñar aquello que no se ha comprendido personalmente: “Yo traía un deber ser muy fuerte y en 2006 tuve un quiebre en mi vida, toqué fondo. Me di cuenta de que antes pintaba para demostrarle algo a alguien, y fui haciendo un movimiento profundo de irme alivianando y de ir disfrutando cada vez más de mi arte. Ese mismo camino es el que trabajo con mis alumnos: sé las frustraciones y los desafíos que aparecen”.

“En ese cambio personal me aliviané no solo en mi paradigma de vida sino también en mi obra. Antes yo pintaba cuadros gigantescos de flores en los que metía capas de tierra mezcladas con enduido y cola, eran unos pastiches muy gruesos y fuertes. En 2006 hice una muestra muy inusual para mí en la que me salí del cuadro. Elegí 6 conceptos y 6 modelos que para mí los representaban, y les diseñé vestidos. Mucha gente se sumó a armar la performance, fue una experiencia hermosa”.

“Después de esa muestra hice un viro, me empecé a vincular con la obra desde otro lugar: uno más profundo en mí misma desde donde empezaron a salir otras cosas. Hay un diálogo con mi historia, con mi familia, con mi transformación personal. Salen cuadros, pero también objetos e instalaciones”.

«La Red», muestra 2017.

“Hoy puedo decir que, entre el taller y mis obras, amo lo que hago, que hago lo que me gusta de la forma en la que me gusta, apuntando al bienestar, al desarrollo espiritual y a seguir conociéndome”, dice Vivi, con la alegría de haber logrado una conquista personal enorme.

El camino del artista es el de la búsqueda. Y, cuando se le pregunta a Vivi en qué está trabajando actualmente, se evidencia un pedacito de ese transitar: “Hace muchos años escuché una entrevista a Brian Weiss en la que él citaba un poema de Machado que me quedó grabado en la cabeza:

‘Llamó a mi corazón, un claro día,
con un perfume de jazmín, el viento.

-A cambio de este aroma,
todo el aroma de tus rosas quiero.

-No tengo rosas; flores
en mi jardín no hay ya; todas han muerto.

-Me llevaré los llantos de las fuentes,
las hojas amarillas y los mustios pétalos.


Y el viento huyó… Mi corazón sangraba…

-Alma, ¿qué has hecho de tu pobre huerto?’

Me pareció muy interesante la idea de que al alma hay que cultivarla. Hace unos años me volví a cruzar con este poema y se me ocurrió que, a modo de metáfora, iba a hacer un jardín de papel, como un retrato de mi propia alma. Fui investigando todo lo que significa cultivar: la pasión el esfuerzo, la paciencia de los ciclos naturales, que no se pueden forzar. Y va por capas, porque estamos hechos de tantas capas, algunas más inconscientes, otras más conscientes. Encontré unos materiales divinos en los que vengo trabajando haciendo metros y metros de dibujos, para armar una instalación”.

Ella habla de su proceso con esa paciencia propia del cultivar. Hace meses que hace pruebas en esos rollos de papel, y es posible que sean solo borradores. En ese sentido, la artista es una buscadora que bucea por dentro, por eso estos tiempos extraños no le han significado tanto una ruptura en su realidad: “La cuarentena creo que no afectó tanto mi proceso creativo. Mi forma de crear es bien personal, entonces tiendo a meterme para adentro, tengo periodos de mucha soledad en mi trabajo. Sí creo que la pandemia ayudó a bastante gente a darse cuenta de golpe que la vida pasa por otro lado, que hay una distracción continua que nos hace perder el foco. Creo que puede servirnos para sacarnos el velo de los ojos y poder ver cómo queremos vivir. Soy optimista en ese sentido”, cierra Vivi.

«La red», muestra 2017.

2 Comments on Viviana Errecalde: el arte como camino de autoconocimiento

  1. Vasconian!!! Gran profe, gracias por todo lo que nos das!!

  2. Un orgullo enorme, mi profesora de arte, gracias!!!!

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