Romina Domínguez: «Ser guardaparques es un privilegio y un trabajo que se hace con el corazón»

Cada 9 de octubre se celebra en Argentina el Día del Guardaparques Nacional, fecha que conmemora la sanción de la Ley que creó, en 1934, la ex Dirección de Parques Nacionales, actual Administración de Parques Nacionales, e impulsó la creación de un Cuerpo de Guardaparques.

En referencia a su labor y vivencias, RSM charló con Romina Domínguez, guardaparques de la seccional Tromen del Parque Nacional Lanín, para conocer cómo es su día a día y su experiencia como mujer en una profesión ejercida mayoritariamente por hombres.

RSM: ¿Cómo es la instrucción para ser guardaparques Romina?

RD: El curso de habilitación para Parques Nacionales es por concurso público. Previamente te piden hacer una Tecnicatura en Conservación de la Naturaleza. Yo la hice en Buenos Aires y la terminé en el 2013. El concurso no se realiza todos los años, hay que esperar el llamado, que se da cuando se liberan puestos en la administración pública.

El proceso de selección es bastante arduo y estresante, ya que te piden muchos requisitos. En principio se revisan los antecedentes laborales. Luego se hacen evaluaciones con un comité de selección en Córdoba, donde está el centro de formación. Se rinde un examen teórico y uno físico, que comprende pruebas aeróbicas, de natación y de estilos equinos. Después se rinde un examen de manejo, que comprende equipos de seguridad y mecánica de revisión. Finalmente hay una evaluación psicológica y una nueva entrevista laboral con el comité.

Una vez que aprobás todas estas instancias ingresás a la capacitación, que dura un año y son aproximadamente 30 materias, con una parte práctica en el terreno. Yo la hice en la Quebrada del Condorito, en Córdoba.

RSM: Una vez recibidos, ¿pueden destinarlos a cualquier parte del país?

RD: El día que egresamos, en la colación, nos dicen nuestro primer destino, que lo define la administración según nuestro perfil y una planilla con 3 posibilidades que nosotros marcamos como de interés. A partir del segundo destino ya podemos elegir, aunque estamos sujetos a la necesidad de personal en cada lugar. En general hay muy pocos funcionarios en el campo.

RSM: ¿Cómo fue que decidiste hacer la instrucción?

RD: En el 2009, yo estaba estudiando Psicología. Fui de vacaciones a Península Valdez y conocí el trabajo que hacían los guardafaunas. Me llamó mucho la atención y me puse a investigarlo. Las carreras de conservación no se dan en muchos lugares, solo en Misiones, Mendoza, Córdoba y Buenos Aires.

Yo vivía en Buenos Aires así que estudié ahí la tecnicatura, que me habilita a trabajar en cualquier sistema, tanto provincial como municipal o privado. Dentro de la cursada me pedían realizar prácticas. Ahí conocí los Parques Nacionales y empecé a hacer voluntariados.

RSM: ¿Qué tipo de voluntariados?

RD: En el reglamento te piden 21 días de voluntariado mínimo, con extensión de hasta 3 meses. Lo que hacés es acompañar a los guardaparques y brigadistas en sus tareas diarias: podés hacer atención al público, mantenimiento de sendas, de todo un poco.

Ellos te programan el voluntariado según tus intenciones, porque están abiertos al público en general, no solo a los cursantes de carreras afines. Hay mucha gente a la que le gusta hacer tareas ad-honorem y se suma a la experiencia de realizar trabajos en áreas protegidas. No hay límite de edad o profesión.

RSM: ¿Tenés algún recuerdo o anécdota que te haya quedado grabado en este tiempo de instrucción y trabajo?

RD: Lo que sí me quedó grabado es que, cuando uno está decidido a concursar por el cargo, no se lo tiene que tomar a la ligera. Tiene que ir sabiendo que va a pasar la semana más estresante de su vida, con dos pruebas diarias en las que no sabés si pasás o te quedás afuera. Entonces, no hay que tomárselo a la ligera y tenés que estar preparado para eso.

RSM: ¿Cómo es tu día a día laboral?

RD: Nosotros no tenemos una jornada laboral estipulada. Cada mañana codificamos para dar aviso a la estación central de las tareas que vamos a llevar a cabo en el día, pero podemos terminar a las 3 de la tarde o a las 10 de la noche. Depende también de si hay visitaciones o no. Ahora no las hay y hasta hace poco había nieve así que eso nos limitaba bastante el trabajo de mantenimiento.

En el área Tromen hacemos tareas de revisión del equipo necesario para hacer los ascensos al volcán Lanín, mantenimiento de sendas y zonas de uso diurno, atención al público y a escuelas cuando hay visitaciones. Ahora que no las hay, nos estamos abocando a proyectos de mantenimiento de estas áreas, de los espacios de uso y cartelería.

Tenemos una planificación semanal con objetivos mensuales para organizar el grupo de trabajo. Las codificaciones las hacemos como medida de seguridad, para dar aviso de lo que vamos a hacer y en dónde estaremos.

RSM: ¿Cuántos guardaparques son en tu área de trabajo?

RD: Somos dos nada más. Yo vivo dentro del parque, con mi hijo de 3 años, y mi compañero vive en otra vivienda con su mujer. La cantidad de guardaparques en cada área depende de la disponibilidad de viviendas. Si hubiera una sola, habría un guardaparques.

RSM: Dentro de tus tareas habituales, ¿cuál es la que más disfrutás?

RD: La relación con las comunidades, el tema de las veranadas y encarar proyectos conjuntos.

RSM: ¿Qué son las veranadas?

RD: Es el movimiento de animales de lugares de pastura. La comunidad Mapuche más cercana a nosotros no está dentro del área, pero hace uso del lugar de manera histórica. Lo que se hace es el movimiento de animales, que ingresan en verano y luego, en invierno, vuelven a sus corrales. Nosotros tenemos que estar ahí fiscalizando el movimiento de animales, controlando que no falte ninguno, haciendo un apoyo a los referentes de las comunidades.

Todo lo que se pueda encarar en conjunto con las comunidades, para nosotros es mejor, para generar una mejor relación y poder visibilizar la cosmovisión Mapuche en relación al volcán Lanín, que es un sitio sagrado muy representativo para la comunidad.

RSM: ¿Cómo se comportan los visitantes en el parque?

RD: En esta área, al estar muy cerca del cruce con Chile, no hay un gran sentido de pertenencia porque la gente, en su mayoría, está de paso. Lo que sí tenemos es un gran público de visitantes que vienen a disfrutar de la montaña, que aman el espacio y son muy cuidadosos. Por otro lado, tenemos las visitaciones de público de Junín, Aluminé y San Martín, que en general hace uso respetuoso, pero cada tanto tenemos que controlar que no se metan en líos…(Risas)

RSM: ¿En qué líos se meten?

RD: Por ejemplo, que no entren con mascotas, que no armen fogatas, que no pesquen sin permiso y, sobre todo, que no se salgan de las sendas habilitadas, que es peligroso.

Nosotros tratamos de educar a la gente, no es la idea aplicar la normativa sin dar explicaciones. Si la situación no cesa o la falta es muy grave, se labra un acta de infracción, pero tratamos de apelar siempre al diálogo para que se entiendan los motivos. Sabemos que solo con la sanción, uno se gana el odio de la gente y no es la intención. No somos una fuerza de seguridad sino gestores de territorio.

RSM: Como mujer, ¿cuesta un poco estar viviendo sola en el área?

RD: No, creo que no. Bueno, una cuando ingresa a la carrera sabe cómo va a ser su vida, así que ya va siendo un poco ermitaña. También es verdad que el compañerismo hace que tu compañero se convierta en tu familia, mejor si se tiene una buena relación. Nos solemos apoyar bastante. Yo no siento que haya tanta soledad, aunque hablo por mí, no sé qué les pasará a otras compañeras.

Mi hijo de 3 años se acostumbró a vivir acá y le encanta, no sé si podría adaptarse a vivir en contexto de ciudad. Le gusta mucho sumarse a las tareas y ayudarnos, acompañarnos en los recorridos, acomodar la leña.

Yo quiero alentar a las mujeres a que se sumen a este trabajo. Somos muy pocas mujeres guardaparques y las quiero incentivar, decirles que no tengan miedo, que es como cualquier otro trabajo. Inclusive, en mi caso, yo creía que era imposible ser madre y guardaparques a la vez, y no lo es. Hay que saber lo que uno quiere y de qué modo quiere vivir. Este es un modo de vida que te hace feliz.

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