Ana María de Mena: “Mi mérito es haber acercado la historia a personas que creían que era aburrida”

Este año, en la edición especial de la Feria Regional del Libro, se decidió homenajear a la periodista, historiadora y escritora local Ana María de Mena, por su trayectoria y trabajo ligado a la cultura local. Para conocerla más, RSM dialogó con ella, en una conversación que fluyó amablemente desde su infancia hasta la actualidad.

Es viernes a la tarde, afuera el sol ilumina las montañas haciendo que se vean sin problemas varias gamas de verde, y el aire alegre de la primavera moviliza todos sus aromas florales. Un mensaje de Whatsapp anuncia que la conversación telefónica puede comenzar y, aunque debamos prescindir de la presencialidad por cuestiones de precaución ante el contexto actual, el marco natural resulta ideal para charlar con ella y su tono de voz dulce y claro.

Ana María acompañando a la Asociación italiana en la inauguración de la plazoleta Julieta Lanteri.

“Podemos arrancar cuando quieras, con lo que quieran consultarme”, dice, anuncio tras el cual se abren las puertas de una vida dedicada a la investigación y la vocación por contar la historia.

RSM: ¿Dónde naciste Ana?
AMM: Yo nací en los pagos de Guillermo Enrique Hudson, el escritor. Eso queda en Florencio Varela, donde tengo familiares y muertos queridos. Me crié cerca de Ranelagh, en Berazategui y viví en Quilmes hasta que me vine a vivir a San Martín. Esos tres partidos alguna vez formaron parte de Quilmes, por eso suelo decir que soy quilmeña de nacimiento y sanmartinense por adopción. En el año 2004 me vine a vivir a San Martín de los Andes.

RSM: ¿Por qué decidiste venirte a vivir acá?
AMM: Porque estábamos buscando un lugar más apto para criar a mi hijo, que entonces tenía 7 años. Cada vez que nos juntábamos en cenas de amigos había quienes nos hablaban de la seguridad, de salir tranquilos de noche. Yo no conocía el lugar, así que vinimos y fue amor a primera vista. Me enamoré de la vegetación, de las plantas, los rosales, las flores silvestres.

Ana María de Mena: “Cuando me vine a vivir acá, en Potrero Alto, no tenía dirección porque mi calle no tenía nombre. Para mí el correo postal era muy importante, no tenía celular en esa época. Entonces me puse a juntar firmas para nombrarlo como el escritor, ya que estoy muy vinculada a él por mi trabajo. Me pareció importante que la calle tuviera el nombre de un escritor, que son personas que construyen un poco más que los Generales.”

RSM: ¿Cómo se dio tu elección profesional?
AMM: Yo estudié periodismo en la Universidad de La Plata y tuve el privilegio de ser alumna de Silvio Frondizi, de José Panettieri y profesores que debería ponerme de pie para nombrarlos.

La elección fue muy fortuita, la escritura siempre me tiró, pero una vez mi hermano encontró una billetera y la devolvió. La persona, en recompensa, le regaló una revista y él me la dio a mí. En esa revista había un aviso de la Escuela Superior de Periodismo de la Universidad de La Plata y cuando lo vi dije: «Yo voy a estudiar acá». Fue así.

En ese momento, era el único lugar en donde la carrera tenía nivel universitario y dependía de la Facultad de Humanidades. Egresé muy jovencita, en 1971.

RSM: ¿Te acordás de tu primer trabajo?
AMM: Sí, la primera nota que hice y se publicó era sobre un partido de fútbol. Lo primero que tuve que preguntar fue cómo era el orden, porque se ponía el nombre del jugador y un número que correspondía a un lugar en la cancha, y cuando me pasaron la información no entendía nada. (Risas)

Me acuerdo de algunos reportajes inolvidables, como a Joan Manuel Serrat, por ejemplo, aunque corresponden a una parte muy lejana de mi historia.

Ana María presentando el libro Tierra del Viento, de Eliseo Miciu

RSM: Y emotivamente ¿cuál fue el trabajo que más te gustó hacer?
AMM: Hice muchos trabajos como periodista que me gustaron. Una vez hice una nota, siendo muy pibita yo, cuando trabajaba en un diario quilmeño muy oficialista. En ese momento Quilmes era un distrito de medio millón de habitantes, que tenía dos diarios impresos. El diario en el que yo trabajaba llegaba todas las mañanas al despacho del gobernador de la provincia. Tenía una sección, que salía en primera página, que se llamaba “Buenos días, gobernador”, y siempre incluía algún pedido de algo. A mí se me ocurrió pedir una cocina para la Casa del Niño N°1. Me dio mucha alegría cuando se consiguió, aunque como era un diario oficialista se ve que el gobernador pagaba todo lo que se pedía, que en general eran cosas chicas para una gobernación.

RSM: Y, cuando te viniste a vivir acá, ¿cómo empezaste a vincularte con la cultura y la gente del pueblo?
AMM: Cuando vine para acá, vivía en Potrero Alto y en esa época había muchas publicaciones que se repartían gratuitamente y las retirabas de las mesas de los negocios. Una vez cayó en mis manos un ejemplar de la revista La Grieta. De todo lo que me llevaba para leer cada vez que bajaba al pueblo, lo que más me gustaba era lo que se publicaba en esa revista, aunque no siempre estuviera de acuerdo.

A través de un vecino, Eduardo Detang, al que un día le comenté que quería vincularme con la gente de la revista, me puse en contacto con quien la dirigía en ese momento que era Alberto Dos Santos. Él me puso en comunicación con Daniel Tórtora y Marcelo Bardelli, con quienes me reuní un día en el Chapelco Ski, que era como la oficina de La Grieta, porque nunca tuvieron sede propia.

Ana María junto a escritores locales, la nieta de Miguel Camino y Juan Sasturain

Llegué al Chapelco Ski con mi currículum impreso, que había elaborado porque quería publicar algo y, según ellos, me vieron bajar de una 4×4, con pollera y tacos altos, y dijeron: “A esta la vamos a masacrar” (risas). Yo le di a Bardelli el currículum y ni lo miró, lo dejó con desdén al costado. Tiempo después, cuando ya nos conocíamos, me contó que al verme pensaron que no iba a ir con la línea de la revista, que era muy de izquierda. Bueno, hoy por hoy soy de las personas más antiguas que colaboran en el colectivo La Grieta, con notas de historia que se leyeron mucho y circularon por muchos medios, hasta en Buenos Aires.

RSM: ¿Fue una cuestión fortuita la de trabajar sobre la historia del pueblo o era un tema que ya tenías decidido abordar?
AMM: No, yo cuando llegué a San Martín ya tenía cinco libros publicados y dos premios nacionales. Mi intención era seguir escribiendo libros, pero no tenía idea cómo. Lo primero que publiqué acá, fuera de los artículos de La Grieta, fue a raíz de una muestra fotográfica que organicé en el Museo Primeros Pobladores, a pedido de Fernanda González, quien en ese momento estaba a cargo de la Secretaría de Cultura.

Algunos de los libros escritos por Ana María de Mena

Yo no conocía casi a nadie, era muy nueva. Fui armando la muestra con fotos históricas del muelle, pero cada vez que alguien me daba una foto, me contaba la historia de ese instante y el por qué me la daba. Todo eso lo fui escribiendo y cuando terminé de armar la muestra, le propuse a Fernanda publicar esas historias. Cuando Bardelli lo vio, dijo: “Con esto vamos a hacer una publicación”, y así salió un cuadernillo que se llamó “La historia del Lácar”, que fue lo primero que publique y todavía anda dando vueltas por ahí. No había nada publicado sobre la historia del muelle y me pareció importante que existiera.

Tiempo después, por medio de un proyecto de la Universidad del Comahue, me puse a investigar la historia de la Hostería de los Andes. Yo sabía que Neruda se había hospedado ahí pero cuando fui me enteré que además habían pasado cosas muy pintorescas, con gente hasta de la realeza. Escribí la historia y la Universidad imprimió el libro con el dinero del proyecto.

A mí me da cierto pudor cuando me llaman “la escritora” o “la historiadora”, me parece que escritora es Cristina Venturini, que es perfecta con lo que escribe. Yo soy periodista y escribo rápido, evitando los calificativos, como la periodista gráfica que fui. Sí soy una buena buscadora, por eso al pueblo pude darle tantas novedades, de las que me siento orgullosa, porque investigo mucho y en eso soy muy buena, pero escribiendo soy una más del montón.

Creo que el mérito de mi escritura es que es divertida, dinámica. Escribo acelerada y tratando de que sea entretenido porque si yo me aburro escribiendo, también se aburre el lector, que es lo que pasa con muchos libros de historia.

RSM: ¿Hay alguna historia que te haya gustado más que otras?
AMM: Como tarea global me gustó mucho escribir la historia del Club Lácar. Tuvo mucha adrenalina porque tenía poco tiempo. Además, el club sufrió un incendio y se perdieron los archivos, hubo que reconstruir la historia a través de los recuerdos de la gente y los recortes que alguno de ellos guardara.

Presentación del libro «70 años de pasión en el Lácar», junto a referentes del club.

Cuando me llamaron yo nunca había entrado al club, no soy deportista y no lo conocía. Lo que me gustó mucho fue contar la historia de los deportistas, de Quito Astete y Marisol Ibáñez, que me contó cosas hasta desde el llanto. Muchos me hicieron llorar a mí, emocionados por sus propios recuerdos, y eso es muy lindo porque cuando algo te emociona hasta las lágrimas quiere decir que fue algo muy profundo.

El club es una de las entidades más antiguas del pueblo y alguien me dijo que era como el patio de juegos de su infancia, porque era el lugar donde se reunían, donde iban después de clases, donde se hacían los bailes. Hay muchas historias de pérdida detrás de eso, se perdieron terrenos, como el que ocupa ahora La Anónima, y hay gente que a causa de eso nunca entró al supermercado. Hay también historias de rencores que, por suerte, gracias al libro, a que se escribieron esos relatos, pudieron apaciguarse.

Inauguración de la ampliación del Museo Primeros Pobladores.

RSM: ¿Cómo te acercaste a la Asociación Amigos del Museo?
AMM: Un poco por casualidad, me asocié al poquito tiempo de haber llegado. El Patrimonio es algo que siempre me interesó, fui docente de la cátedra de Patrimonio Cultural en la Universidad del Comahue muchos años.

Un día, en el año 2009, estaban en asamblea y les faltaba una persona para completar la lista. Me llamaron, porque yo tenía la antigüedad suficiente, y me pidieron ser vocal. Después fui participando, me fueron enganchando porque se notaba que me gustaba (risas), y desde hace 10 años que no paré de involucrarme, como secretaria y hace tres años como presidenta.

Estoy muy orgullosa de todo el trabajo que hicimos como asociación, principalmente por la ampliación del museo que logramos hacer. Ahora estamos trabajando en la declaración del museo como Patrimonio Cultural de la Provincia.

RSM: ¿Qué te genera que te reconozcan por tus libros, Ana?
AMM: Me genera enormes alegrías, me han pasado cosas muy bellas, emociones muy fuertes. Me han contado tantas cosas, porque me fui ganando el respeto y la confianza de la gente. La persona que escribe es muy solitaria, es un trabajo de mucha investigación, de pedir fotos e información dependiendo de terceros. El reconocimiento justifica todo ese trabajo.

RSM: ¿Cómo recibiste la noticia del Homenaje en la Feria del Libro?
AMM: Lo recibí con mucha sorpresa. Me llamaron para decírmelo el día siguiente al que yo me jubilé de la Universidad. Estaba con la cabeza en el papeleo y los trámites, y me sorprendió mucho porque en general los libros de historia no entran en certámenes, nadie hace concursos para el género historia o ensayos. No estaba en mi fantasía el homenaje.

Homenaje a Maclovia Torres, junto al doctor Benigno Fernández, entonces presidente de la Asociación Amigos del Museo

Me llamaron para contármelo y para preguntarme si lo aceptaba, en este contexto, porque no iba a poder hacerse en la forma presencial de otros años. Yo pregunté si había sido una decisión por unanimidad, me dijeron que sí, y entonces contesté que los homenajes hay que recibirlos en vida, si el virus me atrapa que me lleve con el premio. Un reconocimiento que te dan tus pares es muy importante, una linda palmadita en el hombro.

Más allá de esto, yo siento un reconocimiento muy grande en todas las personas que me contaron sus recuerdos, que me prestaron sus fotos, sus recortes o me buscaron para escribir sus historias. En un pueblo chico como este, ese voto de confianza es muy hermoso.

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