Cambiar para no repetir

Por Fernando Sebastián Ciuffolotti - Nota de opinión

La gestión de Carlos Saloniti al frente de la intendencia de una de las ciudades más importante de la provincia cumple nada menos que un año. Un año sumido en una pandemia que como en el resto del mundo, truncó sueños, deseos y hasta proyectos que por el momento no pudieron ser cumplidos. Pero claro está, justamente estos 12 meses de esta gestión, no serán recordados por la imposibilidad de haber continuado lo que se había empezado a hacer en los primeros tres meses.

Foto: RSM

Repasemos. Saloniti y su troupe comenzaron una gestión que hizo sin lugar a dudas ilusionar a los sanmartinenses. En el inicio, el intendente la tenía medianamente fácil. San Martín necesitaba alumbrado, barrido y limpieza, se estuvo preparando casi 9 meses, como secretario de Hacienda, hasta tomar las riendas de la ciudad.

Se rodeó de algunos funcionarios y asesores que en principio fueron cuestionados puertas adentro, pero las obras y actividades llevadas adelante dejaron de lado las dudas. Parecía que todo iba encaminado a ser el equipo «asombroso» que declaró en todos los medios.

Hasta el momento en que se declaró pandemia el coronavirus, la ciudad había cambiado su aspecto. Si bien se presentaron algunos errores, rápidamente fueron subsanados y la ciudad empezó a parecerse a eso, a una ciudad donde el Estado estaba presente. En una entrevista con RSM, a Saloniti se le preguntó cómo pensaba que iba a ser el año 2020 para los sanmartinenses. «Yo imagino que en el 2020 la comunidad va a cambiar la relación que tenía con la municipalidad. Vamos a estar amigados y no va a haber tensiones. A nosotros como gobierno nos va a exigir un esfuerzo pero estoy seguro de que los resultados van a ser positivos porque va a cambiar el eje. Vamos a terminar con los reproches y todos vamos a hacer lo que tenemos que hacer», vaticinó.

Pero como en el cuento de la Cenicienta, se hicieron las doce y todo lo bueno que había comenzado a generarse empezó rápidamente a desaparecer. Si antes de asumir habían tensiones, con la pandemia de por medio, los enfrentamientos, la falta de transparencia, los cuestionamientos y los problemas empezaron a aflorar.

Equivocadas decisiones, errores internos, confusión, la falta de gestión, etc, comenzaron a hacerse visibles mientras toda la comunidad se encontraba encerrada en sus viviendas cumpliendo la cuarentena. Lo primero que explotó fueron los pagos de las horas habituales como horas extras a los empleados municipales a quienes el mismo intendente catalogó como el recurso más importante que tiene el municipio. Se asoció a ellos, no les cumplió y en las últimas semanas se lo hicieron saber.

Esta fue una decisión política sin precedentes, no solo en la provincia sino en el país, ya que en medio de una pandemia, donde los recursos claramente menguaron, en San Martín se les abonó como horas extras las horas habituales a trabajadores esenciales. Eso le costó a las arcas municipales una suma de dinero cercana a los 40 millones de pesos.

Por semejante decisión y las chicanas políticas, además Saloniti logró distanciarse con 10 de los 11 concejales. Políticamente algo inentendible, dado que cuando más apoyo debía conseguir, se encargó de quedarse solo con sus secretarios, que dicho sea de paso, tres de ellos fueron denunciados penalmente por falsificación de documento público. Ahora la Justicia está investigando por qué motivo se intentó fraguar burdamente documentos que fundamentaban el pago de horas extras que no correspondían.

Después allá por septiembre una funcionaria debió renunciar abruptamente luego de que se constató que cobraba dos sueldos al mismo tiempo. En medio de eso, la comunidad comenzó a mirar con recelo el accionar de algunos funcionarios políticos, incluyendo al intendente, eso acrecentó una tensión dentro del Gabinete que comenzó a ser más evidente. ¿Los motivos? La incapacidad de solucionar problemas como el transporte público urbano, la recolección de residuos, las decisiones tomadas por el Comité Operativo de Emergencia Municipal, los entredichos con la prensa, etc, etc. Es decir, son contados los funcionarios que no tuvieron problemas en los últimos meses.

Algunos, además de haber sido denunciados por falsificación de documento público, también han sido objeto de denuncias por violencia laboral, malos tratos, discursos violentos, descalificaciones y hasta de haber contratado por izquierda a «gente amiga».

En fin, se podría escribir un buen rato sobre las decisiones polémicas a lo largo de estos meses. Pero lo importante es conocer cómo revertir esto porque no es una situación fácil la que tiene Saloniti por delante. Como intendente primero debe volver a recuperar la confianza del vecino, de la comunidad y de sus pares, quizás lo más difícil, después de tantas idas y vueltas. Políticamente necesita de gente capaz que lo ayude justamente a revertir el actual panorama. En las últimas semanas trascendió que estaría pensando en un cambio de nombres en diferentes sectores. ¿Hay gente capaz? Seguro que la hay, pero habrá que ver si impone firmeza o si le tiembla la mano. Deberá demostrar si puede llegar a buen puerto o si prefiere seguir en un barco que por ahora parece tener muchos problemas para mantenerse a flote.

Claramente, es necesario renovar los compromisos y enfrentar nuevos objetivos que le cambien la realidad a la gente, ya no alcanza con limpiar las calles, poner algunas luces y sacarse fotos. Se viene un año con elecciones y ya hay protagonistas trabajando en serio, pero eso quedará para otro análisis. Lo cierto es que recién pasó solo un año; pero parecieron muchos más.

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