Vidas contadas: Paco Sánchez y el recuerdo de la navidad pasada

A pocos días de iniciarse los festejos de fin de año, RSM quiso saber cómo había sido la Navidad Cordillerana en sus comienzos, hace casi 30 años atrás. Para eso, desde este espacio en el que conversa con vecinos y vecinas de San Martín de los Andes sobre sus vidas y memorias, fue a charlar con Paco Sánchez, quien, entre otras miles de cosas, estuvo a cargo de la organización del evento por muchos años.

“Estuve dando vueltas por diferentes partes del país, porque trabajaba en la construcción de diques y caminos. Empecé a conocer Neuquén en una obra en Cerro Colorado. Mis hijos fueron naciendo en diferentes provincias, de norte a sur. Viví 30 años en Buenos Aires, pero se volvió imposible, como dicen, vivir se puede, pero no te dejan. Entonces renuncié a la empresa, mientras mi mujer se tiraba de los pelos (risas). Hicimos una excursión por Bariloche, Bolsón, San Martín y decidimos quedarnos acá porque, si bien era un pueblo muy chico, tenía la infraestructura que necesitábamos con dos hijas chiquitas. Eran los años 90.”

El relato de Paco arranca solo, sin necesidad de abrir ninguna pregunta. Es de esas personas interesadas en contar historias, con una impecable memoria que acusa 82 años de vivencias. Cuando pactamos la entrevista me preguntó de qué se iba a tratar. Le dije que quería charlar sobre sus recuerdos del pueblo, principalmente de la Navidad Cordillerana. Sentada frente a él veo que tiene, a un costado de sus manos, una listita: “Temas sobre los que te puedo contar”, me dice. La lista es larga.

“Me acuerdo que cuando vine, al principio, solo y en auto, a ver cómo me iba y organizar la mudanza, vine por la Ruta del Desierto, no sé si lo ubicas, es una recta de 200 kilómetros hasta Rio Colorado. Se me habían hecho las 11 de la noche y en eso miro para arriba y veo un cielo estrellado que era una maravilla. Me tiré a la banquina y me quedé mirando, impresionado. Mirá, te lo cuento y me emociono: la noche tan negra y esas estrellas”. Es verdad, de repente le brillan los ojos y la voz le da mínimos saltos de intensidad. Sin pensarlo mucho más, y tras una comida especial para convencer a su esposa, Paco decidió instalarse en el pueblo.

Foto: Club Náutico – 2014

La mudanza implicó el traslado en auto de la familia, con todos sus petates, más una lancha de madera lustrada, que Paco buscó tras haberse encariñado con una similar, que aparecía en la película La Laguna Dorada. Gracias a esa lancha se empezó a vincular con la gente del Club Náutico y un día le propusieron formar parte de la comisión.

Desde ahí, empezaron a ver que a muchos jóvenes les interesaba practicar Kayak porque habían arrancado a organizar los tetratlones y en esa disciplina podían sacar ventaja: “La seguridad nos preocupaba mucho, en esa época soplaban vientos mucho más fuertes que ahora. Después del accidente de un chico que se había recibido de guardia marina, hijo de una familia local, que había salido en kayak canadiense sin flotadores. Un viento lo dio vuelta, llegando al Bandurrias y nunca más lo pudieron encontrar. Vinieron buzos de Buenos Aires con cámaras de compresión, pero desapareció. A raíz de eso, empezamos a hacer cursos de seguridad con un muchacho que había sido campeón olímpico y era el secretario de deportes de Neuquén.”

Foto: Club Náutico – 2014

Cuando Paco narra sus recuerdos, sonríe con toda la cara. Mueve las manos, gesticula como si esas historias estuvieran materializadas delante nuestro y las pudiéramos acariciar. Seguimos en los años 90, por esa época también empiezan a organizar premios para las distintas disciplinas, que se otorgaban a la caballerosidad deportiva y que llamaron Premios Trompúl.

Le gusta involucrarse en organizaciones, le digo, impresionada. Me mira, risueño: “Ah sí, claro, es que la gente siempre dice que si te vas a vivir a un pueblo nadie te da bolilla. Mirá, si vas a un lugar donde hay un entorno armado y no te involucras, nadie te va a ir a buscar. Ahora, si te involucras la gente te empieza a conocer y a apreciar.”

Tiempo después se involucró en la asociación hotelera y en la conformación del ENSATUR. En el año 1994 empezó a vincularse con los dueños del Colegio San Pablo. Durante un tiempo ejerció tareas de organización administrativa, mientras la institución crecía y sumaba cursos. Todavía no habían incorporado el secundario. Las gestiones de Paco hicieron que consigan el obrador de una obra de Collón Cura que justo había finalizado, maderas que aún se conservan en el edificio actual. Luego, como podrían los lectores adivinar, empezó a formar parte de la fundación.

Desde ahí, conversando con un profesor de música, organizaron cursos, con profesores de Buenos Aires, en los que se anotaban personas de todas las provincias. Cada día la clase tomaba locación en un lugar diferente y hermoso. Durante tres años se llevaron a cabo estas jornadas, que finalizaban con un concierto grupal en el Teatro San José. “Yo no me puedo olvidar, al medio día, después de comer, como se juntaba un violinista, con un guitarrista y otro con un saxo, a toca, ahí en Catritre, era maravilloso.”

Hace aproximadamente 8 años se empezó a gestar una asociación que ayuda al hogar Los Amigos para personas que padecen alcoholismo. En primera instancia, un grupo de señoras los asistían llevándoles comida. Luego, a través de un concurso provincial, se logró construir el hogar de tránsito. La asociación empezó a organizar, además, talleres, charlas, actividades recreativas y asistencia psicológica. Paco asiste dando un taller lúdico de ping pong.

“Empezaron a aprender y estaba linda la cosa, pero bueno, como todo, es difícil conseguir gente que quiera participar ad honorem para seguir agregando servicios. La idea es seguir creciendo, armar un galpón para talleres relacionados con la construcción y poder generar, de a poco, el hábito de la constancia”, cuenta, aunque ahora esté todo parado por la pandemia y solo se mantenga la asistencia alimentaria.

Primer pesebre viviente – 1977

Llevamos más de una hora charlando y me doy cuenta que aún me queda una pregunta muy importante por hacerle a Paco: la Navidad Cordillerana. “Uy, la Navidad Cordillerana, sí. Entre 1993 y 1994 retomamos los festejos que había empezado a organizar un actor, en la década del 80. En esa época yo tenía contacto con el Padre Linch, el cura párroco, y le pregunté si quería que organicemos una representación del pesebre, con la ayuda de los chicos de la parroquia. Armamos un libreto; conseguimos a la virgen María, que era la hija de un profesor de folklore, una chica hermosa que hacía el papel justo; logramos que nos prestaran un bebé (risas) y preparamos el pesebre detrás de la caminera. Durante dos años se hizo ahí la representación. Los chicos hacían de pastorcitos y hasta trajimos un burro (risas)”, me relata, mientras se ríe a carcajadas de sus propios recuerdos, palpables, vivos.

Al año siguiente, a la festividad la organizaron los chicos de Interac, la rama juvenil del Rotary Club, liderado por Lucía, una de las hijas de Paco. Se hizo en el Manzano Brujo, con representaciones, escenografías, puestas de danza a cargo de Albricias y el coro Inaún. Parece ser que el clima amenazaba con no acompañar y la angustia de no poder disfrutar de tanto trabajo realizado pesaba en algunas cabezas. Finalmente, y quizás a causa de tanto esfuerzo invertido, fue una noche maravillosa, dice Paco, ahora con menos risas y más emoción, con orgullo. Ese fue el cierre de una primera etapa de festividades navideñas.

Foto: Navidad Cordillerana – 2015

En el 2003 volvió a aparecer el bichito del entusiasmo, cuando encontraron el mejor lugar, en la virgen de la montaña. Se hicieron gestiones con la policía para cerrar el camino, con el EPEN para iluminar, con el municipio para armar el escenario. En el momento en que se armaba el pesebre, aparecían los pastorcitos, arrancaba la música y la danza. Participaban actuando más de 100 personas.

“Lo hicimos durante 5 años, hasta que al final fue muy difícil convencer a las personas para que participen y colaboren. Al quinto año, estábamos trabajando la mujer de Rauli Miguel y yo. Es una pena, habíamos organizado tantas cosas y traído iluminación de Buenos Aires para poner estrellas en la calle. Había un concurso de pesebres entre los comerciantes, con una señora que daba clases de pesebrismo”, cuenta acelerado por el recuerdo, y sigue: “La Navidad arrancaba el 8 de diciembre con un rosario viviente, acá en la plaza Sarmiento. Cada persona era una cuenta diferente y representantes de las fuerzas vivas ocupaban el lugar de los padrenuestros. Después venía la Fanfarria. El 25 de diciembre se organizaba un concierto en la parroquia, con el Coro Inaún, que también iba por las esquinas cantando villancicos. Se armaba linda la cosa, hasta el 2007 que fue el último año.”

Foto: Navidad Cordillerana – 2015

Actualmente, la Navidad Cordillerana está en su tercera etapa, con el Pino Reciclado y el Papá Noel de los caramelos, aunque reducido y demorado a causa de la pandemia. Ante la falta de realidad, recurrir a los relatos es una manera de mantener viva la magia que ciertamente supimos tener. Paco y sus memorias kilométricas nos recuerdan que alguna vez tuvimos espíritu navideño, y quizás los volvamos a encontrar, con suerte, en algún rincón del pueblo.

Deja un comentario