Vidas contadas – Lucas Lobos y un recorrido musical lleno de reflexiones y vivencias: “Me estoy empezando a hacer cargo de lo que creo”
Lucas Lobos es músico y docente, radicado en nuestra localidad hace varios años. En vistas de su próxima presentación en el Centro Cultural Cotesma, RSM aprovechó para charlar con él y conocer su historia.
Después de la sorprendente tormenta eléctrica del fin de semana anterior, el sol por fin se apersona y cae sobre la Plaza Sarmiento arrancando más de una sonrisa. Por supuesto, ese es el tema de conversación inmediato que abre la charla con Lucas, sentado junto a mí entre árboles y transeúntes. Hay una intensidad ígnea en su mirada, algo que va equilibrando con gestos de risas y manos que vuelan en el aire mientras habla, intercalando pausas y tonos, sobre su vida y su profesión.

Nacido en San Francisco, provincia de Córdoba, explica su falta de tonada valiéndose de la geografía: “Viví 27 años ahí, pero no tenemos acento porque es una ciudad que está a 130 km de Santa Fé. Tampoco tenemos sierras, ríos o alfajores”, dice, entre risas que se traslucen barbijo mediante. Allí quedan sus padres y tres hermanos menores. En vistas de un lugar para iniciar una nueva etapa de su vida, Lucas siguió los pasos de parte de su familia paterna y encaró para el sur.
Tras dos años de Ingeniería en Sistemas, el amor por la música lo llevó a cambiar de carrera y estudiar en el Conservatorio para ejercer la docencia. “En San Francisco trabajé en barrios en situación de riesgo y al venir para acá mi idea era trabajar con las Comunidades Mapuches, en zonas rurales. Estuve dos años en Aucapan y Nahuel Mapi. En Marzo del 2019 ya me establecí en San Martín.”

Las pausas premeditadas que hace al hablar le dan a la charla un halo teatral que invita a afinar el oído y predispone a la anticipación: “Estoy buscando las palabras correctas para expresarme mejor”, me explica. “Cuando llegué a Junín de los Andes me di cuenta que, caminando por la calle, pasaba a la gente. Eso fue una invitación a reflexionar sobre la velocidad que nos acostumbramos a tener en otras ciudades. Uno siempre encuentra gente con la cual conecta y cuando te mudás a un lugar tan diferente hay un sentido de aventura en empezar a transitar los espacios e incluso a trascender a la gente para encontrarte con vos.”
Su encuentro con la música comenzó en 2005, cuando lo invitaron a formar parte de Eufórica, una banda con amigos de la escuela. Ahí aprendió a tocar el bajo y desde entonces, su ruta musical nunca se detuvo. La banda tocó durante varios años, sacó un primer disco y grabó el segundo: “Durante ese período de tiempo tuve mi primer acercamiento a escribir canciones. Además, como San Francisco en esa época no tenía bajistas, me empezaron a llamar para participar en grupos musicales de todos los géneros posibles. Aproveché a conocer los estilos y eso me sirvió después en el conservatorio y en cada invitación que surgía. Aprendí a manejar todos los lenguajes musicales.”

Esas primeras experiencias también le dieron herramientas para construirse como artista y poder abrir las puertas que se le iban presentando, entre participar en otros grupos y telonear bandas: “Viniendo de una ciudad chica y siendo una persona muy tímida, elegí una carrera que me pone constantemente al frente de muchas personas, tanto en clase como en una banda. Mi ambiente más cómodo es el rock o el pop pero transito todos los estilos.”
Cuando le pido que comparta anécdotas se ríe e imagino que está buscando la que más le guste: “Bueno, de tocar con otros músicos, la experiencia de acompañar a Adrián Abonizio fue muy importante. En retrospectiva, felicito a ese pibe de 16 años que se animó a preguntar si podía tocar con él. Estábamos tocando Mirta de regreso, y yo estaba haciendo arreglos en el bajo, para hacerme el canchero, y en un momento Adrián se da vuelta y me pide improvisar un solo. Salió muy bien y nos terminamos riendo de ese desafío.”

Otra experiencia que cuenta con cariño es la que ocurrió en Córdoba, una noche en que fueron a ver tocar a Jorge Drexler: “Cuando terminó salió a saludar, muy amoroso como es siempre, y estaba la idea de que después iba a ir a otro bar, entonces decidimos ir también. Esperamos una hora y como no pasaba nada nos fuimos. Al salir, lo encontramos en la esquina, mirando para todos lados. No había querido entrar porque había demasiada gente, pero nos invitó a ir a otro bar, donde charlamos, tomamos Fernet y hasta se puso a mostrarnos en el celular lo que había estado escribiendo, a contarnos ideas y formas de ver el mundo. Lo lindo de los artistas, de cualquier ámbito, es cuando pueden conectar desde lo humano.”
Sobre sus procesos creativos, Lucas hace un revisionismo constante: “Yo escribo bastante y eventualmente descarto mucho. Hay momentos de quiebre en los que uno reflexiona y encuentra cosas que ya no lo representan. Canciones de la época de Eufórica, por ejemplo, cuando éramos adolescentes. Empecé a registrar sólo las canciones que tengo ganas de salir a tocar. Fue un trabajo de mucha introspección y de empezar a hacerme cargo de lo que estaba creando.”

En este último tiempo, además de sus tareas docentes, Lucas grabó 6 canciones, que espera salgan muy pronto, en el marco de su proyecto solista llamado Soliloquio. Durante el último recital que hizo, en el ciclo de Mu.Sa, tocó 6 temas de su autoría y ahora se prepara para presentarse, el próximo sábado 13 de febrero, en el Centro Cultural Cotesma: “Ya tengo elegida la lista de canciones para esa noche, entre propias y covers, aunque a último momento puede variar. También contemplo espacios de charla, me gusta mucho escuchar e interactuar con el público, viste que hablar no me cuesta nada.” (Risas)
Este 2021, el desafío será buscar músicos para formar una banda propia y empezar a tocar todas sus canciones. Mientras tanto, habrá que seguir creando, creyendo y haciendo muchas preguntas que ayuden a seguir el camino deseado.




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