Vidas Literarias: Marcelo Bardelli y los relatos polifónicos

En esta nueva entrega del ciclo que busca conocer los recorridos de nuestros vecinos escritores, RSM charló con Marcelo Bardelli, co-fundador de La Grieta, editor, publicista y la voz literaria de RSM Radio.

Nacido en Temperley, provincia de Buenos Aires, Marcelo inició su camino como lector de muy chico: «Antes de empezar la primaria yo ya sabía leer y escribir. Me encantaba la colección Robin Hood y me iba a acostar todas las noches con un libro. Cuando me quise dar cuenta ya estaba infectado con la lectura. Podría decirte que quien me impulsó a escribir fue El príncipe valiente

Terminado el secundario, inició la carrera de Antropología en la Universidad de La Plata. El Servicio Militar Obligatorio interrumpió sus estudios: «Me tocaron tiempos bravos. Hice 14 meses de servicio entre 1975 y 1976. La noche antes de que se produjera el Golpe de Estado nos fugamos con unos compañeros con quienes estábamos acuartelados en el Colegio Militar de la Nación. Al día siguiente vi en los titulares de Crónica la caída de Isabel Perón. Si volvía iba en cana, así que me quede afuera unos días más. Cuando volví era tal el caos interno que no se dieron cuenta de mi ausencia, pero al menos no tuve que participar directamente del golpe.»

Tiempo después, ya trabajando en la Ciudad de Buenos Aires, Marcelo empezó a asistir a un taller de escritura a cargo de Grillo Della Paolera y César Mermet: «Estuve tres años en ese taller, fue la enseñanza más fuerte que tuve. Cesar era profesor del ISER y tenía una voz impresionante. Él fue quien más me inspiro en la lectura porque narraba muy bien y era un placer escucharlo. Grillo era un intelectual, amigo personal de Borges, a quien había llevado un par de veces al taller.» Pocos años más tarde, una de sus primeras actividades docentes fue dictar talleres literarios para adolescentes, sobre la base de lo aprendido en ese tiempo: «Fue una experiencia muy linda, aún sigo en contacto con muchos de ellos. También fue el trabajo más difícil de mi vida, manejar ese nivel de exigencia y el descubrimiento de las temáticas graves de la adolescencia.»

La siguiente parada de este viaje formativo fue a través de su trabajo en publicidad y diseño: «En esa época trabajábamos con fotocomposición, absolutamente manual. Dentro de la agencia empezó a surgir la posibilidad de escribir reseñas de películas. Yo me re enganché, poniendo en práctica técnicas aprendidas de redacción. También escribía ficciones de personas que habían probado productos para campañas de venta directa. Donde sí comprometí más mi escritura fue en el diario Tiempo Argentino, cuyo suplemento estaba dirigido en ese momento por Miguel Briante. Me daban libros y yo escribía reseñas literarias. En ese momento empecé a asumirme más en el palo de la literatura.»

Al momento de escribir, Marcelo se define como un «cuadernicola», llenando cuadernos con textos de formatos y géneros diversos: «Al principio trataba de ordenarlos, según si eran ficción o experimentaciones poéticas. Siempre fue una forma de catarsis para mí la escritura. Con el tiempo se acomodaron solo y de esos cuadernos salieron cuentos, poemas, artículos y ensayos.»

A principios de 1990 Marcelo se fue de la capital, movido por los cambios laborales y saturado de las exigencias de la ciudad. Pasó una temporada trabajando en Sierra de la Ventana y finalmente, en 1993, se radicó en San Martín de los Andes. A partir de ese momento empezó a escribir y dibujar para varios medios locales, como La Bandurria y Periódico de los Andes. En 2001 comenzó a trabajar en la revista La grieta, escribiendo artículos y aportando al diseño de los suplementos. En 2004 se formó la editorial, junto con Daniel Tórtora: «Sacamos 14 títulos en un par de años, lo que fue una patriada. Yo funcionaba como diseñador y editor.»

Antes de irse de Buenos Aires, participó de un concurso en el diario La voz del interior, de la provincia de Córdoba: «Escribí un cuento con intención de que sea una parodia. De hecho lo titulé El lugar común, porque utilizaba todos los lugares comunes de la literatura policial. Salió premiado y se publicó en Córdoba. Siempre agradecí mucho la amabilidad que tuvieron con ese texto.»

En cuanto a sus publicaciones propias, Marcelo cuenta con tres libros, dos ediciones de autor y el último bajo el sello de La Grieta: «De Perfiles, de caricaturas literarias, y Apuntes de Bitácora, fueron dos pequeños libros que edité en su momento con la ayuda de la Libreria Sapieri, que me regaló las fotocopias de todos ellos, me dio una mano muy grande. Luego salió La pulpería medicinal, en el 2005, con la editorial. Después tengo un par de libros que aún siguen dando vueltas, sin publicar. Mientras no les ponga el punto final vale todo. Yo creo que, como decía Borges, publico para dejar de corregir.»

Cuando le pregunto por su registro de escritura, Marcelo piensa un instante: «La pulpería medicinal tiene un tipo de narración abierta. Sigo trabajando en la segunda parte, que salió más abierta aún. No tengo claro si hay un género o forma determinada en mis textos, pero sí hay un sentido de polifonía, múltiples voces que reaccionan a hechos reales. Hay un único discurso general formado por fragmentos diferentes. Me siento cómodo en esa suerte de miscelánea»

Promediando el final de la charla, le pedí a Marcelo que elija un solo autor que haya influenciado su escritura o tenga de referente: «Uf!, un montón, pero si tengo que elegir uno, te digo Haroldo Conti, porque es hacia donde hubiera querido ir con la escritura. Para mí es esa síntesis entre lo despojado y lo profundo.» Para cerrar quise saber, como siempre, qué música suena en su cabeza al momento de escribir: «Me resuenan muchos ritmos, están muy presentes en toda la literatura, pero habría que imaginarse un balance entre el jazz y el tango, que son formas urbanas con las que me identifico mucho.»

A partir del pasado jueves 11, Marcelo se unió al equipo de RSM Radio, con su columna literaria semanal, compartiendo interesantes lecturas y actividades de las Bibliotecas Populares de la localidad, en el programa «Fe de Erratas».

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