Casas Contadas – capítulo 7: la historia del Cine Amankay

El relato de una comunidad también -o sobre todo- se construye en los espacios comunes que albergan imágenes luminosas y anécdotas inesperadas. En esta nueva entrega de Casas Contadas, RSM conversó con Carlos Weber sobre la historia del cine Amankay y su lugar en la San Martín de mediados del siglo pasado.

“Lo más maravilloso de esta historia es cómo hicieron tres jóvenes de 22 y 24 años para lograr semejante proyecto. Hoy en día no sé si lo podrían hacer”, empieza diciendo Carlos Weber, hijo de Carlos María, uno de los fundadores del cine de nuestra localidad. Con él al teléfono y su voz tan particular abrazandome los oídos, pienso en que las épocas son muy diferentes, nosotros somos distintos, el país es otra cosa.

Cine Amankay, frente a la escuela 5, en vista de San Martín – 1950 – Foto Bruno Sálamon.

Antes de que se construyera el cine Amankay, se pasaban películas con un “biógrafo” en el salón del Hotel Lácar o en Perito Moreno y Elordi donde Elías Aquin también tenía un proyector. Isabel Creide cuenta que su padre había comprado la máquina de cine sonoro en 1938, a un vecino de Junín de los Andes, y la tuvo hasta 1940. 

“Para avisar que empezaba la película se llamaba a la gente con disparos de cañón”, cuenta Isabel, y también Américo Astete, en un precioso documental que agrupa voces en torno al fulgor del cine. Parece ser que hubo problemas con los cartuchos que disparaban al aire e iban a parar al techo del Banco Nación. Quizás el método no era el más seguro, pero qué divertido resulta imaginar la escena.

Proyector de Carlos Weber – Objetos dispuestos en presentación del libro «Maclovia y el pueblo».

En 1943, Salvador Chidiak, Carlos Weber y Farid Obeid empezaron a darle forma al proyecto del cine. Formaron una sociedad, pidieron un préstamo de $50 mil pesos y le compraron el terreno a don Manuel Chidiak. La construcción demoró un año y se inauguró el 18 de febrero de 1944. 

“En un momento, ya teníamos la construcción hecha y los equipos comprados en Buenos Aires, pero nos fuimos a anoticiar de que no había conexión eléctrica en el lugar. A nadie se le había ocurrido pensar en eso. Hubo que comprar dinamos y se solucionó, fue muy gracioso”, cuenta Carlos Weber padre, en el mismo documental, riéndose quizás de la inocencia de la anécdota. 

La primera proyección del cine Amankay se dio con la película “La guerra la gano yo” (1943) de Francisco Mugica, protagonizada por Pepe Arias, en la que un almacenero aprovecha los problemas de la guerra para enriquecerse y especular. Su hijo, un cadete naval, renuncia a su carrera al enterarse de cómo se costea y se embarca en un vapor mercante. 

“Las películas se traían desde la distribuidora de Bahía Blanca hasta Zapala en tren y hasta acá en camión o con el colectivo de Los Lagos. Había doble función los martes, jueves, sábados y domingos, con intervalos entre películas. Los domingos había matiné para los chicos”, me cuenta Carlos aún al teléfono, y agrega que durante la función no se comía, “eso vino después”. 

Hasta la llegada de la televisión, el cine era el divertimento de todas las familias, que se vestían de etiqueta para asistir, al menos durante los primeros años. Había quienes tenían sus propias butacas, que ocupaban siempre, en calidad de habitués. Cada película era una historia fascinante, que absorbía a todos los presentes, al punto de hacerlos preocupar junto con los personajes.

“El 22 de mayo de 1960, cuando ocurrió el gran terremoto, estaban pasando una función de matiné. Hubo que evacuar a los chicos y quedarse en la calle, en la vereda de la escuela, sin saber que estaba pasando. Me acuerdo mucho de ese día”, me cuenta Carlos, cuando le pido alguna anécdota que le haya quedado grabada a fuego.

El cine Amankay funcionó como tal por más de 40 años. En 1986 se vendió a la cooperativa de teléfono y un tiempo después nació el Centro Cultural Cotesma, que mañana cumple 30 años de existencia. Son muchas las familias que crecieron pasando sus ratos libres en ese salón que se mantuvo igual, entre esas paredes, inmersos en grandes historias. Ojalá pronto podamos volver a congregarnos ante sus puertas, saludarnos entre vecinos y disfrutar de la magia del séptimo arte. 

2 Comments on Casas Contadas – capítulo 7: la historia del Cine Amankay

  1. Genia Nati, me encantan tus historias!!!!

  2. Que historia interesante !

Responder a pao benozziCancelar respuesta

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