Pandemia y ansiedad, la fórmula para una alimentación poco saludable
Hace 15 meses, cuando la pandemia comenzó, mucha gente pensó que con el tiempo extra en casa iba a poder aprovechar para hacer ejercicio, meditación, cocinar sano y anotarse en ese curso que tanto le gustaba, pero que nunca había podido hacer. El problema surgió cuando el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) se fue alargando y factores como el miedo y la ansiedad comenzaron a aparecer y a afectar la salud de muchas personas.

Felicitas Lema, licenciada en Nutrición, explicó a RSM por qué la pandemia y el encierro llevaron a un consumo excesivo de alimentos poco saludables. “La pandemia tuvo un peso importante en nuestra alimentación y en nuestras conductas alimentarias”. Detalló que “se nos desorganizó todo de repente y nos apoyamos mucho en la comida para sobrellevar este tiempo que fue muy angustiante y que generó miedo, sobre todo al principio, cuando no sabíamos qué iba a pasar o cuándo se iba a terminar”.
Al estar en casa todo el día, “la gente se agarró mucho de la comida y del acto de comer. Necesitábamos descargar en algún lado, y esta fue la vía fácil”, enfatizó Felicita, y aclaró que “esto pasa a menudo, pero particularmente en la pandemia a mucha gente le sucedió, que, por ansiedad o nervios, hacía lo que llamamos picoteo”.
Asimismo, la profesional de la salud, dijo que “como estábamos muy encerrados en casa, comíamos de todo y a todo momento”. En este sentido, afirmó que “el problema mayor es que hubo un aumento en el consumo de harinas blancas porque la gente comenzó a hacer preparaciones en casa como medialunas, panes y pizzas que, aunque sean caseros, no son del todo saludables”.
En cuanto a su experiencia personal, Felicitas expresó: “Cuando me tocó volver al consultorio noté que la mayoría de los pacientes, cerca de un 70% habían aumentado de peso” y aclaró que “en algunos casos fueron pocos kilos y en otros más”.

Finalmente, la licenciada Lema, aseguró que todos estos desarreglos en la alimentación fueron el resultado de una disminución en la actividad física, sumado a la ansiedad por el encierro, que generaba un mayor consumo de alimentos. “Lo que pasó fue que se juntaron las dos cosas, comer más y estar más sedentarios. Eran pocos los que se movían en casa o hacían una clase online”, concluyó. Será tiempo de consultar a una nutricionista y retomar hábitos más saludables a la hora de alimentarnos para estar mejor.


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