Casas Contadas – Capítulo 10: la antigua esquina de El Entrerriano

Las anécdotas que encierran las construcciones históricas muchas veces exceden el propio edificio. Van más allá, de boca en boca, viajando en los corazones de cada vecino. En esta oportunidad, RSM conversó con Noemí Avancini y Ramón Nuñez, dueños del almacén El Entrerriano, para conocer la historia de esa pintoresca esquina de nuestra localidad.

Foto: Federico Soto – RSM

Llueve a cántaros y sin señal de copos de nieve esta tarde de miércoles en la que me acerco por Rivadavia hasta Villegas, al negocio de Noemí y Ramón, un lugar donde el tiempo parece no surtir efecto. La tele suena de fondo y ellos, detrás del mostrador, empiezan a hacer memoria para contarme todo lo que recuerdan sobre el lugar.

“Mi papá lo compró en 1979 cuando era el corralón de materiales Mi Ruca, que se mudó a la otra cuadra. Su idea era abrir el supermercado”, cuenta Noemí, que enseguida me señala la licencia comercial y aclara: “Tenemos una de las más antiguas del pueblo, de 1984, firmada por Juan Carlos Fontanive”.

En esa resolución, plastificada y exhibida a la entrada del local, figura la dirección de Rivadavia 490: “Quedó con la numeración anterior. Después la calle cambió de mano y ahora parece que estamos en plaza Güemes”, me explica.

Antes de ser un corralón, esa esquina tuvo un comercio de Ramos Generales, de la familia Rivarola, que tenía carnicería y continuaba por Villegas hasta donde ahora hay una panadería. En los años 90, por ordenanza municipal, se reestructuró la fachada con maderas y materiales autóctonos, revistiendo el exterior y modificando las ventanas. 

Foto: Federico Soto – RSM

“Cuando funcionaba el almacén de Ramos Generales, en el piso de arriba se jugaba a las cartas. Se contaba que un día apareció un policía nuevo a revisar y los que estaban jugando se escondieron en los placares. Entre ellos había un juez”, cuenta Ramón, entre risas.

“Ahora el piso de arriba funciona como casa particular. Ahí donde ves el piso roto”, dice ahora Noemí, señalando unos agujeros en las baldosas, cerca de la entrada, “era donde bajaban los toneles de vino que traían al almacén”. “Un señor que se llamaba Ramón Fernández tenía un camioncito y repartía de todo: leña, carbón, gas, vino Flor del Prado, ¡hasta los cheques del banco!”, agrega Ramón. 

La mención de los cheques desata una nueva anécdota, que ambos cuentan a dúo, muertos de risa: “Resulta que cuando recién se abrió el Banco Nación, Ramón Fernández traía los cheques para clearing y todos los viernes un grupo de muchachos lo esperaban en la rotonda de la virgen con un asado, para demorarlo, que no llegue al cierre y entren los débitos en cuenta recién el lunes.”

Carlota Thumann – 1986

Estar al frente de un comercio durante más de 30 años los hace acreedores de muchas historias más, como el día en que ocurrió el primer choque de vehículos: “Había solo dos autos en todo el pueblo en ese momento. Uno iba a recibir troncos que venían de Chile y el otro iba al Club Lácar. Chocaron en la esquina del club.”

Exprimo un poco más la memoria de Noemí y Ramón, les pido que me cuenten que tenían alrededor del almacén en esos primeros años: “En frente, sobre Villegas, había un baldío y la carpintería del loco Pérez. En diagonal estaba el bar y pensión de la negra, así le decíamos. En la esquina de Rivadavia estaba la carpintería de Craigman.”

Foto: Federico Soto – RSM

Hace poco pintaron el piso superior, con las ventanas color ocre y el techo verde. Las anécdotas quedaron guardadas detrás del mostrador, junto con la foto que Noemí buscó para mostrarme, sacada en 1986 por Carlota Thumann, “cuando hacíamos muñecos de nieve en la calle”. Ojalá nieve pronto y podamos volver a armar un muñeco en alguna esquina. 

2 Comments on Casas Contadas – Capítulo 10: la antigua esquina de El Entrerriano

  1. Conoci al Sr. Ramon Fernández, entregaba soda en restaurant Del Neuquén y yo compraba en el Entrerriano….

  2. que linda historia

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