Casas Contadas – Capítulo 11: una pequeña cabaña sostenida en la historia

Hay algo mágico que ocurre a veces, cuando se narran recuerdos que involucran, de diferentes formas, a toda una comunidad. Se abren puertas, baúles, cajones. Afloran nuevas historias, nuevas voces. En esta nueva entrega, RSM tuvo la oportunidad de hablar con Isabel Castro sobre la casa de sus abuelos, en una esquina muy antigua del centro de la ciudad.

El fin de semana pasado, Isabel aportó un retazo de su memoria en un comentario sobre el capítulo anterior de Casas Contadas. Desde ahí nos pusimos en contacto con ella para conocer la historia de la casita de sus abuelos, ubicada en Rivadavia y Obeid, a pocas cuadras del Lago Lácar.

Foto: Federico Soto

“Cómo no recordar este supermercado si yo vivía a una cuadra de ahí. Mi casa también es la única antigua que queda en la esquina de Rivadavia y Obeid. Está con su estructura intacta como la hicieron nuestros abuelos”, escribió Isabel, respondiendo a la historia sobre El Entrerriano. 

Al ponernos en contacto con ella, nos cuenta que nació ahí, hace 52 años, y que, efectivamente, fue construida por sus abuelos Romilio Martínez y María Castro. Allí vivió Isabel con sus hermanas y su papá, a quien apodaban “Castrito”, querido y conocido en el pueblo, trabajador de campo, amigo de Chidiak.

Foto: Federico Soto

“Mis abuelos vinieron de Neuquén con mi papá cuando era muy chiquito. Acá había muchos terrenos vacíos. Ellos construyeron una casita en la esquina y en el resto de la manzana, mi abuela tenía una huerta. También había una cabañita, que usaba el señor Funes cuando venía de Buenos Aires a vacacionar”, cuenta Isabel, con un tono alegre que hace pensar en la luminosidad de esos recuerdos. 

La casita, así como la vemos desde afuera, mantiene la estructura original. Hecha enteramente en madera, solo se le cambiaron los pisos por unos de material. Consta de dos ambientes, una habitación y un comedor. La cocina queda aparte, igual que el baño, en el exterior. La calefacción sigue siendo mediante estufa a leña. “Antes también había un galponcito que se desarmó”, agrega.

Cuando le pregunto cómo fue crecer en esa vivienda, Isabel cuenta que en el barrio eran muy pocos vecinos: “Estaban Carlos Sepúlveda y su mamá Doña Moroca, Hernán Ibarra, el señor Escola, Marta Guajardo con sus hijos y el señor Tajina, que trabajaba en el hospital. Nosotras éramos amigas de los hijos. Nos juntábamos en la vereda, jugábamos a la pelota, la payana y las bolitas”, dice Isabel, apelando a una memoria llena de nombres y rostros.

Consultando a Nieves Nuñez sobre quién era Ernesto Tajina, ella resuelve la duda contando que había sido un enfermero, venido como parte del ejército. Su padre, el Dr. Ernesto Núñez, lo convocó para trabajar en la Salita de Primeros Auxilios, para lo cual fue nombrado por Salud Pública. Venía de Córdoba y se jubiló como enfermero en nuestra localidad.

Foto: Federico Soto

La manzana en la que está ubicada esta antigua casa pertenecía a los abuelos de Isabel. Con el tiempo se fueron vendiendo partes y ahora viven allí su primo Mario y su hija Soledad. “Enfrente había dos casas de Gendarmería y en la otra esquina estaba la casa del pino grande, que sigue estando, donde jugábamos con el cerco de madera, aprovechando que nunca había nadie. Le decíamos El Barquito.”

Hacia el final de la charla, Isabel recuerda los inviernos muy nevadores y el lago, que crecía mucho y llegaba a acercarse por algunas calles del pueblo. También menciona a su amiga Sandra, la hija de “la negra”, como la conocían, dueña del bar de la otra esquina. “Con ella juntábamos plata e íbamos a comprar al Entrerriano. Fue una infancia muy linda y tranquila”, concluye.

Foto: Federico Soto

La casita de la esquina de Obeid y Rivadavia le planta cara al paso del tiempo; batalla contra nuevos estilos y construcciones modernas que la rodean; mira, paciente, con ojos de anciana sabia que ve crecer la juventud a su alrededor. Está ahí como prueba consciente de lo que supo haber, mientras todo el resto puja por evolucionar. 

3 Comments on Casas Contadas – Capítulo 11: una pequeña cabaña sostenida en la historia

  1. graciela Troller // 17 de julio de 2021 en 20:32 // Responder

    Muy interesantes todas estas historias! Siempre quise saber de quien era esta casita, sencilla pero con personalidad y alegría!!! Gracias por toda esta investigación tan interesante que hace a la historia de nuestro pueblo.

  2. Hermosa historia, otra casa para hacerle el mantenimiento , respetando los materiales de esa época. Las casas cuentan historias.

  3. Me encantan las hermosas historias que cuentan. Yo vivi felices 20 años, 1971 al 1991. COMO NO VOY A ALEGRARME ??? San Martin te quiero y extraño muchisimo. Hector Olivera

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