Casas Contadas – capítulo 20: Cien años de historia de la sociedad Elorriaga-Elguero en San Martín de los Andes

Según las estadísticas, el espacio laboral es el lugar en el que pasamos más tiempo en nuestras vidas. Cuando el pueblo apenas estaba dando sus primeros pasos, un comercio de Ramos Generales se instaló en el corazón del casco céntrico y creció para convertirse en el shopping de la época: todo en un solo lugar. El próximo 21 de septiembre, la sociedad comercial Elorriaga-Elguero cumple cien años de vigencia y para conmemorarlo, Orlando Elorriaga nos regala un montón de historias.

Foto: Federico Soto

La última vez que hablé con Orlando fue para conocer la historia de la casa de su padre, Juan Elorriaga, que aún permanece de pie sobre la avenida San Martín, casi esquina Curruhuinca. En aquella oportunidad, entre pilas de anécdotas e imágenes bellísimas de tiempos inmejorables, se mencionó el centenario de la sociedad comercial que su abuelo Damián había formado, primero con don Arrázola y luego con Pedro Elguero, para instalar en San Martín de los Andes un local de Ramos Generales. Ahora que estamos tan próximos a ese histórico 21 de septiembre, retomamos el hilo de la conversación para desempolvar nuevos recuerdos.

Una preciosa mañana de sol nos descubre reunidos en el local Elos, en Elordi a metros de San Martín, que en otro tiempo formó parte de la histórica tienda, siendo la entrada principal. Aquí converso largo y tendido con Orlando y con su esposa, María del Carmen. Ambos tienen una memoria fabulosa y una gran paciencia para los detalles, por lo que esta charla tendrá momentos de sillón y momentos de recorrida turística. “Bueno, estamos en el lugar que era la oficina de la tienda, como le decían. Acá empezaba todo”.

Damián Elorriaga llegó desde España a finales del siglo XIX. Se instaló primero en la ciudad de Neuquén y luego se trasladó a Piedra del Águila, donde puso el primer negocio de Ramos Generales y Frutos del País, junto a don Arrázola. “Querían aprovechar el paso de carretas hacia Bariloche. Después se trasladaron a Collón Curá junto a un tercer socio que fue Zingani, en el mismo lugar en donde Perito Moreno había sido prisionero de Sayhueque. Allá no les fue muy bien porque no había tanto movimiento como esperaban, asi que se vinieron a San Martín y abrieron el comercio en el terreno que iba desde Elordi hasta Belgrano, lindero al entonces Banco Nación, donde también mi abuelo construyó su casa”, empieza a contar Orlando, mientras hace señas en el aire indicandome donde estaba cada cosa.

Ese comercio se inauguró el 21 de septiembre de 1921 y en 1931 don Arrázola se vuelve a España, dejando su parte del negocio a su primo Pedro Elguero. El despliegue de depósitos iba de esquina a esquina, incluyendo mercería, ferretería, juguetería, tienda de ropa, alimento para animales, elementos para consevación de huevos, lácteos, cemento y combustible. “El negocio tenía entrada por Elordi y por el local de la esquina, que conserva parte de su frente original. Tenía mostradores de madera, de punta a punta, con una trastienda. Se compraban vagones de mercadería que venían de Zapala para vender durante todo el invierno”.

Foto: Federico Soto

En 1932 se convirtieron en agencia de YPF, agregando un surtidor sobre Elordi y otro sobre San Martín. “Lo que era la estación de servicio es la casita en la que ahora funciona la cervecería. Ahí adelante había un surtidor de gas oil también. El combustible venía de Plaza Huincul. Donde ahora hay un jardincito, en el centro de la galería, estaba la entrada de camiones y atrás, los depositos de cemento y kerozen, que tenían un segundo piso donde estaban los lacteos y quesos”, narra don Elorriaga, quien más tarde me llevará a recorrer todo el perímetro y visitar cada local para señalarme algunos techos de Raulí que sobreviven y otros detalles.

Después de la estación de servicio y los depósitos venía la casa de Damián Elorriaga: “Como era toda de madera hubo que tirarla abajo por las nuevas medidas de seguridad de YPF. Tenía un patio enorme que llegaba hasta gendarmería, con un aljibe que mandó a hacer mi abuelo, y en donde había árboles frutales, quinta y caballeriza. Mi abuela Mercedes facturaba cerdos y mi abuelo iba a la Vega a cazar patos”, me cuenta y, atento a mi cara de desconcierto, agrega que con “facturar” se refiere a hacer embutidos. Mi vocabulario campero aumenda con cada historia.

Seguido a la casa estaba la antigua panadería, donde ahora funciona otra: “Lo mandaron a mi papá a Buenos Aires a comprar maquinaria industrial y hornos para hacer pan flauta y galletas de campo. Después, de la vereda de enfrente, donde ahora está la comisaría, le alquilaban el terreno a Rosendo González, que tenía una verdulería, y al lado estaba Céfero, el artesano que trabajaba tallando piedras. Casi todas las lápidas y bases de estufas de esa época estaban hechas por él, también el frente del local de la esquina de Elordi. ¿Te acordás que te había contado que Céfero le había regalado un hogar con piedras talladas a mi papá para su casamiento? Sigue estando”, me dice, y claro que recuerdo. 

Entre las muchas anécdotas que suelta Orlando en torno al comercio de Ramos Generales que su padre y su abuelo administraban junto a Pedro y su hijo, Luis “Lulu” Elguero, recuerda un terreno que Damián tenía por la subida al Barrio Cantera, donde iba guardando los animales que le traían los clientes como parte de pago: “En esa época era muy común que la gente pagara su cuenta una vez al año, entre septiembre y octubre, cuando se esquilaban las ovejas y parían los animales. Se llevaba la cuenta todo el año porque no había inflación y porque la palabra tenía valor”, explica. Al escucharlo recuerdo las palabras de Marisol Lerín, sobre la naturalidad de lo solidario que con el tiempo se fue perdiendo.

En esa misma línea, Orlando cuenta con cariño la anécdota en la que su padre Juan y un tío fueron un día con el juez Del Valle a firmar la cesión de una estancia que se extendía entre la subida de Alihuen Alto y la curva de Lolog, en concepto de pago por una deuda con el negocio: “Cuando mi abuelo se enteró les dijo que con lo que la gente está mal no se juega, que pagaran cuando pudieran, pero que eso no se hacía. Y les devolvió el terreno”.

Primer surtidor de nafta

“Desde el negocio se mandaba mercadería a Hua Hum, parajes y estancias, hasta La Rinconada y Villa La Angostura, con la lancha de Parques Nacionales. Trabajaba mucha gente con ellos. Acuña era el encargado y estaban las familias Castillo y Obeid, entre otros. En ese momento la plaza Sarmiento estaba alambrada y la nieve llegaba hasta ese nivel, entonces hacían un caminito en diagonal hasta el hotel Lácar o el bar de Muglia, para ir a las 11 de la mañana a tomar una copita de Jeréz”, cuenta Orlando, entre risas. 

En la oficina de la tienda estaban siempre Juan Elorriaga y Lulu Elguero. “La gente entraba a ver un barómetro que tenían, que era uno de los pocos que funcionaba bien. También se armaban discusiones de futbol, que escuchaban por la radio”, concluye don Elorriaga, que ahora se prepara para llevarme a recorrer los lugares de los que antes me habló. Entramos a varios locales, desde la casa de fotografía, antes ferretería; el local de la esquina, con su frente de piedra y sus techos de raulí originales; hasta la zapatería, antes archivo de papelería del negocio y depósito de aceites. 

Foto: Federico Soto

En el medio del paseo, nos detenemos un rato a conversar con Claudio Covre, quien fuera en 1987 el primer inquilino de la galería: “Tengo hermosos recuerdos de don Juan y Lulu, eran como mis parientes, había mucha hermandad. Juan siempre me llamaba para las fiestas. Yo vine solo, a los 22 años, y ellos casi me adoptaron. Me festejaron mi primer cumpleaños en el pueblo y me invitaban siempre al vermut, aunque yo fuera mucho mas chico que ellos”, cuenta emocionado.

Hoy en día la historia queda resguardada en la memoria de sus herederos, y ahora también en la nuestra. Nada nos une más como comunidad que repartirnos la responsabilidad de los recuerdos y comprometernos a cuidarlos como propios, para que puedan seguir pasando de generación en generación, porque es esa la única herencia que en verdad importa. 

1 Comment on Casas Contadas – capítulo 20: Cien años de historia de la sociedad Elorriaga-Elguero en San Martín de los Andes

  1. Que pioneros !, linda historia

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