Claudia Piñeiro: “Toda exposición tiene un costo, pero también lo tiene ignorar lo que pasa”

Con una amena y entretenida charla que recorrió su carrera, sus hábitos y anécdotas personales, la escritora Claudia Piñeiro inauguró el ciclo de presentaciones de la 15º Feria Regional del Libro en nuestra ciudad. Hubo espacio para preguntas y el humor fue un gran protagonista.

Pasadas las 20 hs del domingo, el auditorio de la sala Lidaura Chapitel se llenó de vecinos y vecinas que se reunieron a escuchar la presentación de esta reconocida guionista y dramaturga. Además de los premios ganados y el recorrido internacional de sus novelas y cuentos, traducidos en varios idiomas, la convocatoria acercó también a los que la conocieron por primera vez gracias a la controversial serie El Reino, estrenada en Netflix hace poco más de un mes. 

Mientras la invitada se acomodaba en la mesa y se sacaba el barbijo, signo indiscutible de esta nueva forma de reunirnos, la Colectiva de Escritoras Patagónicas le alcanzó un cartel que rezaba: “¿Qué pasó con Ayelén Barria?”, junto a pañuelos verdes y naranjas. Piñeiro lo recibió con emoción y lo tuvo a su lado durante toda la charla. Luego se volvería a referir a ese acto grupal en varios momentos de la conversación, cuando se hiciera alusión a su exposición política.

La charla, conducida por el periodista local Hugo Bonigo, comenzó con una particular anécdota, que marcó el tono de humor e intimidad mantenido a lo largo de casi una hora. Los problemas con la letra “ñ” en el apellido de la autora, que le traían permanentes inconvenientes en aeropuertos, boletas y contratos, derivaron en un relato sobre el reconocimiento de la propia identidad, enmarcado en un “derrotero kafkiano de humor”, como ella misma lo caracterizó. El mismo se encuentra incluido en las obras reunidas en su última publicación “¿Cuánto vale una heladera?”.

“Escribo desde chica porque siempre necesité hacerlo, pero me costaba pensarme escritora”, cuenta Piñeiro, quien además es contadora. “Un día vi en el diario Ámbito Financiero, que leía por mi trabajo, un concurso de novela que sacaba la editorial Tusquets. Me propuse escribir una novela solo para ese concurso, porque sino me iba a explotar la cabeza. El problema fue que la convocatoria era para “La sonrisa vertical”, un tipo de concurso de novela erótica. Yo ya tenía media novela escrita y tenía que agregarle esas escenas para calificar. Entonces me puse a leer la literatura erótica que había en esa época: Anais Nin, Henry Miller. Cuando me llegó la tarjeta de invitación a la ceremonia de premiación fue el primer espejo que tuve de afuera para sentirme escritora”.

Además de repasar sus comienzos, la charla ahondó sobre el lugar de la mujer en la lucha política e ideológica. “¿Hay que hacer acopio de poder para decir ciertas cosas?”, preguntó Bonigo. Piñeiro respondió con una media sonrisa y una seguridad que afirmó tener desde siempre: “Sí, pero yo también soy muy mandada, y mucho de lo que digo es por eso. Como contadora me contrataron en una firma que solo tomaba hombres, el primer año en que empezaron a contratar mujeres. Teníamos que tener los mejores promedios. Hay que poder llegar a lugares que siempre estuvieron reservados para varones. Los ejemplos individuales no sirven más que para anécdota. Lo que vale es lo grupal, como esto que hicieron las chicas acá”, dice en referencia al cartel y a los pañuelos. Entonces el auditorio estalló de aplausos y algunas lágrimas de emoción.

“Cuando un hecho artístico abre el debate a un tema, quiere decir que el tema ya estaba en la sociedad”, dice Piñeiro cuando se le pregunta por las repercusiones de la serie El Reino. Se expresó sobre las cartas que recibió de pastores y de la Alianza Cristiana, que la designaron como única responsable y descargaron sobre ella una violenta censura. “Toda exposición tiene un costo, pero también lo tiene ignorar lo que pasa”, dice la autora, que también se refirió a las críticas que recibió Mercedes Morán por su personaje.

“En 2018, a partir del debate sobre el aborto, mucha gente se enteró de mis opiniones y me empezaron a preguntar por todo. Siempre está la pregunta por el rol de los intelectuales, que es una palabra tan bastardeada. Yo hablo de los trabajadores de la palabra. El escritor aporta determinadas cosas a la sociedad, desde el desarme de un discurso. Las mujeres, por otro lado, cumplimos muy bien el rol de organizar tareas grupales para lograr ser escuchadas”, cuenta Piñeiro.

Hacia el final de la charla el público pudo acercar sus dudas, que rondaron principalmente en sus hábitos de escritura. Sobre esto, Piñeiro explicó que escribe durante largas horas y que en la pandemia tuvo que encerrarse en una pequeña habitación, porque su casa se llenó de gente que constantemente preguntaba “¿Qué comemos?”. Las risas acompañaron este momento, porque más de uno se identificó con esta dinámica familiar. 

Para concluir dejó algunos detalles sobre su proceso creativo: “Tengo una imágen disparadora, de la categoría de los sueños, desde la que parto para escribir. Hay definiciones importantes al inicio, como quién cuenta la historia y cuál será el final, aunque después cambie cuando desarrolle la trama. Tener la estructura bien pensada es muy importante, sino se derrumba todo”.

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