Entre débiles papeles y poesía: una jornada que dejó muchas emociones a flor de piel

Este lunes 11 el feriado se disfrutó a pleno en la Feria Regional del Libro. Con gran cantidad de personas paseando por los stands y atendiendo a las charlas, el cierre se demoró hasta casi las once de la noche, gracias a una audiencia que se negaba a dar por terminada la charla con el poeta Juan Solá.

Tras la masterclass de ajedrez brindada por la campeona nacional Marisa Zuriel, el auditorio dio paso a la presentación del libro “Estos débiles papeles son más fuertes que los ladrillos”, del fotógrafo e investigador Abel Alexander. Si bien al comienzo se ciñó a datos de rigor científico, poco a poco la conversación se tornó cercana, con Abel alentando la participación del público y explicando técnicas de conservación para las fotografías que guardamos en nuestras casas, los legados familiares que van pasando de generación en generación.

El trabajo de Abel Alexander como investigador de la historia de la fotografía en Argentina comenzó con un hecho curioso: el descubrimiento de que su bisabuelo, su abuelo y cinco hijos se dedicaron a este oficio sin que hubiera de esto registros familiares.  Adolfo Alexander se dedicaba al arte del daguerrotipo desde 1847. Luego, tras emigrar a Chile, abrió un estudio de fotografía en Valparaiso, que después trasladó a Mendoza, lugar en el que se asentó la familia. Así, desentrañando la historia de su propia familia, Abel comenzó sus investigaciones que llevan ya 30 años de trabajo.

El libro contiene textos que abarcan el período de 1840 a 1930. Además es un entusiasta defensor de la creación de fototecas municipales para preservar las imágenes que la mayoria de las veces conservan las familias, para que además pasen a ser dominio público, como parte de la historia nacional. Una vez finalizada la charla, Alexander recorrió la muestra fotográfica junto a los presentes, agregando anécdotas a cada retrato.

Y si esta charla tocó algunas fibras internas en cuanto al resguardo de la memoria colectiva y la preservación de imágenes que perduran aún cuando caen grandes construcciones, hacia el final de la noche el poeta Juan Solá terminó de incendiar corazones. Durante casi una hora y media, el jóven escritor dialogó con un auditorio repleto, entre olas de aplausos que estallaban muy a pesar de su verguenza y lecturas que dejaban a todos conteniendo el aliento.

Autor de títulos como Invisible, La Chaco, Ñeri, Microalmas, Épicaurbana y Galaxia, la convesación abarcó sus procesos creativos, su vuelta constante a temas de la infancia y la necesidad de buscar, no el entretenimiento, sino la utilidad en la lectura de sus textos. “La infancia es el eje transversal de la historia de todos nosotros. Recupear la voz, representar esos mundos en papel y pensar existencias como abanicos de posibilidades, sin binomios héroe-antihéroe, para resignificar la realidad que nos contiene”, explicó el escritor.

“La ficción construye tratando de resignificar lo irreversible. Yo no busco sanar sino aprender a convivir con la herida”, decía Solá en referencia a los temas que convocan sus libros: las disidencias, las diferentes formas de vida que conviven en una sociedad, el miedo, la violencia y también el amor. “No creo en el don de la palabra. Es un oficio que se puede trabajar y mejorar. Cuando me pongo a escribir es porque se me presenta un personaje y me habla. Es un fragmento de mí mismo que no va a permitir que me haga el tonto. A partir de ahí me interno a escribir horas y días. Cuando baja la idea quiero sentarme y disfrutar de ener un decir honesto”, agrega en relación a sus momentos creativos.

“La literatura es una piedra en el zapato, tiene que molestar. Si no lloro no es cierto. Si no me conmueve a mí, no es cierto. Tenés que tener mucha conciencia de vos mismo a la hora de escribir”, comentaba Solá ante un auditorio colmado de personas atentas, junto a Soledad Iannello que lo acompañaba en su presentación. Hacia el cierre compartió varias lecturas y anécdotas. “El poder es una disputa constante. Hay que tratar de entender que construimos ficciones para poner en tema determinadas situaciones”, concluyó para cerrar una charla que podría haber seguido, si no estuvieran por cerrar el lugar.

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