La murga «El sueño del pibe» cumple 20 años y lo festeja en dos coloridas jornadas
Este fin de semana habrá fiesta en el Arenal. Con motivo de celebrar los 20 años de vigencia de la murga más antigual de San Martín de los Andes, El sueño del pibe invita a la comunidad a acercarse al barrio y disfrutar de la murga, la feria y el brindis. RSM habló con Débora Pafian, una de sus referentes, para conocer más detalles y recordar su historia.
«Eramos unos niños cuando empezamos con esto. Estuvimos mirando fotos de los comienzos y no lo podemos creer. Crecimos con la murga, junto a Pablo y mis hermanas. La murga es la familia que elijo”, dice Débora al aire en la 98.5 RSM Radio. Hace tiempo que vienen organizando el festejo, que se extenderá durante todo el fin de semana.
El sábado, desde las 15hs habrá feria de emprendedores en el playón del barrio El Arenal. Luego, desde las 18hs se desarrollará el desfile de murgas, junto a grupos de Bariloche, Zapala y Junín. La jornada finalizará en el playón, con el escenario para las muras y grupos musicales invitados. Luego, el domingo reanudarán los festejos a las 14hs, con más música, color y brindis.

«La murga la creó uno de mis tíos, mi tío Chule y su mujer María, hace muchísimos años. Yo tenía 5 años más o menos cuando empecé a bailar en una murga que se llamaba El Rejunte y a los 7 u 8 años, él creó El sueño del pibe con María. En la murga hay contención. En el barrio hay muchas situaciones que los chicos vienen a contar, se desahogan un rato y se sienten mejor. Hay chicos que viven solo con su mamá o su papá, tienen que salir a trabajar y por ahí están diez horas, vuelven y vienen a bailar. Con la murga también viajamos. Somos autogestivos y a veces cuesta juntar la plata para viajar pero siempre hacemos algo», cuenta Débora.

El sueño del pibe se financia a sí misma, no recibe ayuda de ninguna organización. Los chicos se hacen sus propios trajes, cosen sus banderines a mano, decoran el barrio. Ellos mismos se organizan para poder comer y tener dónde dormir en los viajes. Ensayan en el patio de la escuela 142, o en el playón de El Arenal, entre tres y cuatro veces a la semana, aunque en vísperas de carnaval lo hacen todos los días. A veces tienen suerte y reciben telas o instrumentos usados en donación.
«Para mí la murga es mi vida, yo fui criada ahí y toda mi familia colabora. Mi abuela siempre nos apoyó, mi tío más que nada que fue el que la creó y mi mamá también, que no es de la murga, pero cuando hay que vender números, todos salen a vender, hay que cocinar un bizcochuelo y todos cocinan. Es mi vida. Hasta mi sobrino que tiene tres años está en la murga, mi hermana embarazada pasó bailando en la murga. Para mí la murga es mi familia. Somos pocos pero nos conocemos tanto que si le pasa algo a alguno nos pasa a todos. Estamos muy unidos», concuye Debora.




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