Casas Contadas – Capítulo 34: El Refugio Graeff y la historia de un hombre apasionado que dejó un inmenso regalo

En este especial navideño de Casas Contadas vamos a recordar juntos cómo surgió la propuesta de construir este histórico refugio de montaña, uno de los obsequios más lindos que se le pudo hacer a la comunidad de un pueblo de montaña.

Federico Graef fue un geólogo alemán que se radicó en San Martín de los Andes en la década del 40, luego de haber recorrido el país trabajando para empresas petroleras y como miembro de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos de Buenos Aires. Fue él quien delineó las pistas del Cerro Chapelco y sugirió, en 1946, la construcción de un refugio que cumpliera la función de albergar a los esquiadores. 

A la edad de 60 años, Graef había comenzado a sentir molestias en el estómago y un médico en Buenos Aires le había diagnosticado un tumor, con pronóstico desalentador. Luego de haber visitado San Martín de los Andes debido a su trabajo, decidió que este pueblo cordillerano sería su lugar de retiro. Así fue que se radicó en la década del 40.

Graef, que era un personaje sociable y entusiasta, se relaciona con todos los jóvenes que fueron luego parte de un grupo de aficionados que subía todos los fines de semana al Cerro Chapelco, a pesar del esfuerzo que representaba escalar la montaña después de cada deslizamiento desde la cumbre. En aquel entonces, los jóvenes subían a esquiar al cerro trepando a pie la montaña, porque no existían medios de elevación. Llegaban cansados y la imposibilidad de tener un lugar seguro para descansar no permitía realizar ascensos más largos.

Entonces, Graef decidió construir un refugio de montaña en la cota 1720, contando con la colaboración de quienes subían a disfrutar de la nieve. Surgió así, en el verano de 1948, un salón con una única ventana y muros de “troncos sin maquinar, apoyados unos sobre otros en forma horizontal, trabados con cajas realizadas con barreno manual y espigas de piezas de madera redondeada en forma rústica”, según surge de un informe de obra.

La construcción se asentó sobre piedras del lugar, para evitar los efectos de la humedad. Las paredes tenían rendijas por donde se filtraba el aire, que se rellenaron con “barba de viejo”, el liquen que abunda colgado de los árboles. Se puso mucha atención en cerrar las pequeñas aberturas ya que, según la orientación del viento, la nieve podía ingresar al refugio. 

Al principio, solo contaba con un ambiente, donde se colocaron cuchetas. Después se agregó un segundo ambiente, una galería cerrada y se construyó la torre para acceder a diferentes niveles. En los momentos más crudos del invierno, el refugio desaparecía bajo la nieve, por eso se instaló un mástil con una pala atada a lo alto, para ubicarlo, como una ingeniosa medida de quienes lo habían construido.

Don Federico también inició un club de esquí. En esa época existía un club de andinismo y un club social y deportivo que se llamaba Independiente. Él logró fusionar las tres instituciones, y así se fundó el Club Lácar.

Finalmente, el diagnóstico médico que lo había traído a San Martín quedó diluido y olvidado entre tantos proyectos emprendidos. Federico Graef vivió hasta los 96 años, 30 de ellos en nuestra ciudad. Luego decidió volver a su Alemania natal, cerrando así su mítico ciclo de vida.

Durante muchos años, el refugio quedó olvidado y necesitado de refacciones. Luego, por iniciativa del club y de esquiadores pioneros, fue rescatado y declarado patrimonio histórico y arquitectónico de la ciudad. A pesar de ello, el tiempo y el uso dejaron marcas en la estructura, por lo que estuvo un tiempo cerrado, esperando planes de recuperación. Fue a mediados del 2019  que esos planes comenzaron a llevarse a la acción, gracias  vecinos y socios del club Lácar que tienen parte de su corazón guardado en ese antiguo lugar.

La primera tarea a realizar fue conseguir el financiamiento. El dinero fue destinado al pago de la mano de obra, mientras que los materiales se fueron consiguiendo a partir de donaciones de vecinos que se acercaban a preguntar con qué podían colaborar. “Intervenir un patrimonio histórico no es tarea fácil, y muchas de las dificultades previas que afrontamos tuvieron que ver con esto”, decía al respecto Ramón Villalba, director del Club Lácar, consultado por RSM sobre dichas tareas, y agregó que fue necesario encontrar un equilibrio entre el uso que se le da al lugar y los planes de restauración. 

“El Graef es muy representativo para mucha gente y los planes de restauración tuvieron un efecto social muy importante, donde las personas empezaron a querer involucrarse”, contaba Villalba. Además de los comunicados de prensa, a fines de mayo se realizó una transmisión especial en vivo en la que Américo Astete, Hector «Cachi» Quiroga y Mario Muglia, charlaron sobre la historia del refugio y sus experiencias. Esta charla, que puede verse en el canal oficial de YouTube del Club, generó mucha difusión y colaboración de la comunidad.

Las tareas de remodelación comenzaron a principios del 2020 y debieron detenerse por la cuarentena. Sin embargo, se llegó a instalar un techo completamente nuevo y se cambiaron los dos tabiques más importantes, que estaban podridos. Para terminar las cenefas y la torre se organizó una última subida en motos de nieve.  

Respecto a su valor histórico, Villalba concluye: “Para mí es un símbolo fundacional del club y define parte de su identidad, la de Chapelco y, por lo tanto, también la de San Martín. El Graeff es lo que genera en las personas que más lo vivieron. Por eso es tan importante recuperarlo.”

En septiembre de este año, al cierre de la temporada invernal, Chapelco inauguró una escultura de don Américo Astete, uno de esos jóvenes entusiastas, pioneros del ski, que impulsaron el deporte en el pueblo. Se lo puede ver sentado en una de las históricas sillas dobles de elevación, custodiando el refugio, de cara al volcán Lanín. 

Fuentes: Club Lácar – Libro de los 100 años.

2 Comments on Casas Contadas – Capítulo 34: El Refugio Graeff y la historia de un hombre apasionado que dejó un inmenso regalo

  1. que historia interesante !

  2. En una época llegábamos a Chapelco con la «Chancha», un camión Chevrolet Canadiense de la Municipalidad, que lo manejaba Muñoz. Eran varias horas de transito por una huella que comenzaba atrás del Hotel Los Andes. Horacio Perícola.

Deja un comentario