Lucía Bonato, la artista visual sanmartinense que investiga el erotismo con perspectiva de género
A partir de diversas circunstancias que le tocaron vivir a nivel familiar y personal, Lucía empezó a hacer arte desde la emergencia, o desde la espera que precede a la catástrofe. Celular en mano y ojo fotográfico son sus armas para desarrollar un concepto que nació de forma espontánea pero desencadenó una profunda investigación sobre el erotismo y los cuerpos captados en imágenes. En esta nueva conversación hablamos con ella sobre sus comienzos, sus principales interrogantes, los proyectos artísticos que desarrolló en los últimos años y lo que se viene. “La opresión se traduce en violencia”, dice, arrancando suave.

Lucía, o Lulú, o Enriqueta, o Beca, pseudónimos de una misma artista, nació en 1989 en Buenos Aires. Su familia estaba formada por artistas independientes de diferentes disciplinas. Su madre trabajó en cine y publicidad; su padre, director de cine; sus tíos se desempeñaron en teatro y música. La sensibilidad por la imagen, el foco y la intervención de la luz viene de ahí, de la cuna. A los 10 años se mudó con su mamá a Junín de los Andes, en donde comenzó su formación artística en el Centro de Iniciación Artística nº3.

“El CIA se volvió mi segunda casa. Hice talleres de dibujo, pintura, grabado, teatro, fotografía, cine y video. Después, en 2008 me fui a estudiar a Fiske Menucko, Río Negro. Empecé muchas carreras en el área de Artes Visuales y Cinematografía, pero no terminé ninguna. Al principio renegué de la imagen y pasé por todas las artes plásticas. En 2011 volví a Junín para criar a mi hijo y en 2014 me dieron una beca en Chile por un proyecto de tatuajes. Fue justo un momento en el que hubo fuertes incendios en la ciudad en la que estábamos. Por la emergencia, la residencia se suspendió. Yo había llevado mi cámara en plan turismo, pero empecé a producir fotos de lo que estaba ocurriendo, desde la convivencia, en los comedores, en los puestos de ayuda, desde el disfrute ante la emergencia. De ahí salió un libro de fotos”, cuenta Lucía desde su casa, una vez que ha dejado listo el almuerzo para la familia.

Hace 5 años reside en San Martín de los Andes. Una vez más, dos circunstancias personales moldearon su destino y dieron orígen a proyectos artísticos: la separación de su pareja y el diagnóstico de cáncer de su mamá. “Estaba en la sala de espera del hospital, sin nada más que hacer que esperar, acompañando los estudios y tratamientos de mi mamá. Tenía el celular siempre en la mano y empecé a registrar distintas imágenes de esos momentos, a modo de diario íntimo visual, en la desesperación de producir algo. Dos años estuve haciendo estos registros diarios, con la facilidad de la inmediatez de la herramienta, el espacio expositivo de Instagram y la posibilidad de reventar la imágen para que se convierta en otra cosa”. De ahí nació “De cuando todo se detiene”, una producción que estuvo expuesta en la sala Lidaura Chapitel.

El otro proyecto, que da origen a toda su posterior investigación sobre los consumos de erótica visual, nació a partir de una anécdota fortuita: “Yo me casé muy chica y me separé a los 29 años, con un feminismo muy fuerte. Tengo mucha militancia gorda encima, luchando contra estereotipos físicos en los que nunca encajaba. Salí al mundo diez años después, con la urgencia de reencontrarme con mi identidad y mi sexualidad. A partir de ahí todo se fue dando desde la casualidad”, explica la artista.
“Conocí a un pibe en tinder y sin habernos encontrado empezamos a sextear. Esto del celular y la distancia me permitía seguir explorando algo que en vivo no se podía dar. Un día, por abril del 2019, armando una carpeta segura con todas estas imágenes, me encontré con fotos que tienen encuadre y están bárbaras”. Desde ese momento, una sucesión de proyectos expositivos la llevaron a ella y a sus fotos por espacios diversos. En noviembre del 2019, junto al grupo de artistas locales “Fuego en la torre”, creó la muestra “Erótica por celular”, en la que se apoderó del espacio del baño de la casa en la que viviera Lidaura Chapitel.

“A partir de la pandemia empezó a darse una nueva libertad. El concepto principal de mis exposiciones es liberar a la sexualidad femenina de tabúes. Esa es mi militancia. Mostrar la sexualidad desde el deseo femenino y no el masculino. El nivel de misoginia que manejamos en la sexualidad es por no hablarlo. Yo milito por hablar del deseo femenino, entrar en contacto con todo eso. El producto porno está pensado por varones para varones y hay que buscar otro tipo de contenido. La opresión se traduce en violencia. Hasta que no ves lo más horrible del porno visual que se exhibe gratuitamente en cualquier web no entendés de qué se trata. Por eso ahora la sexualidad hetero está en crisis y la ESI es tan importante”, concluye.
Además de sus muestras fotográficas, Lucía participa en Espacio Rara, una plataforma de formación en fotografía contemporánea, de Neuquén, en donde da el taller titulado “El deseo es nuestro”, sobre fotografía, erótica y feminismo. “El arte es arte porque lo desarrolla una laburante del arte”, resume de forma contundente sobre su propuesta. Cerrando la charla hablamos sobre el feedback que recibe del público en sus muestras: “Las mujeres celebran la exposición de varones desnudos. Hay una pregunta que queda sembrada en todo esto, que es ¿dónde consumimos erótica las mujeres heterosexuales?. Los varones reaccionan al no saber que nosotras también queremos consumirlos, volverlos objetos sexuales, como hacen ellos con nosotras. Lo importante es seguir hablando del tema, hacernos más preguntas, investigar”.
Fotos: Cortesía.



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