Tras el cierre del 18º encuentro patagónico de tango, Marcos y Analía siguen abriendo el camino para la región
Marcos Avilés y Analía Braun son referentes del tango en San Martín de los Andes y en la provincia. Desde el 2002 trabajan incansablemente para hacer de esta disciplina su forma y sustento de vida, capacitando a bailarines de todas las edades. En esta nueva conversación de fin de semana hablamos con ellos para conocer más sobre este último Encuentro Patagónico de Tango y sobre toda su carrera profesional.

Corría el año 1998 cuando esta pareja se conoció en Cipolletti, en un taller municipal de tango. Empezaron a bailar juntos y la buena química no se hizo esperar. En 2002 se mudaron a nuestra ciudad con una valija llena de proyectos y deseos que hoy en día se han hecho realidad: “Él me convenció, yo lo seguí y acá estamos. Dejamos todo para jugarnos por esto y la remamos todos los días”, dice Analía. “Vinimos con la idea de dar clases, hacer shows para extranjeros, recorrer el sur de Chile y organizar festivales. Hemos hecho todo eso y más”, agrega Marcos.

La felicidad con la que hablan de su profesión es inspiradora y se cuela en cada anécdota. “Nos enfocamos 100% a esto para que pueda ser nuestra fuente de trabajo. Es un subibaja que requiere mucho compromiso y generar proyectos continuamente. Cuando vinimos había que buscar un lugar, hacerse conocido. En ese tiempo teníamos que formar a toda la gente desde cero, no había nada de tango acá. Sin embargo nos recibieron muy bien y el pequeño grupo de alumnos fue creciendo”, cuentan a dúo.


Marcos y Analía llevan 14 años al frente del taller municipal de tango: “Empezamos en la época de Flavio Caldas. Él nos dio una mano terrible para empezar”, cuentan. Además de este taller, dan clases en el CIART, en el Concejo de los mayores y en el Centro de jubilados Añoranzas, sumado a las milongas que se organizan en diferentes espacios para aquellos que quieran acercarse a bailar.

Hace 18 años comenzaron a organizar pequeños encuentros de tango, con gente de los alrededores. De a poco se fueron sumando bailarines de toda la provincia y de Chile. Ante el entusiasmo de los asistentes, apuntaron a traer bailarines y profesores que den seminarios para perfeccionarse.
“Es el festival más viejo de la patagonia. El tango creció mucho en la región, con profesionales de muy alto nivel. Este año, con apoyo de la municipalidad de nuestra ciudad, pudimos traer a una pareja de jóvenes que ganaron el mundial de tango en 2007. También asistieron parejas que vienen avanzando mucho y están planificando su gira. Fueron tres días, 25, 26 y 27 de febrero, con clases, seminarios, exhibiciones y milonga”, explican los bailarines.


“La pandemia nos afectó mucho, nos quedamos sin nada. Por suerte hubo mucha gente que se acercó a darnos una mano. Recién en el verano, cuando se reabrió la temporada, pudimos retomar los shows para turistas”, cuentan. Junto con las presentaciones en vivo volvieron las clases y la milonga, que ahora funciona en el espacio del centro de jubilados Añoranza: “Empezamos a organizarlas en el casino y después pasamos por diferentes lugares. Se van formando grupos y amistades. Es un ambiente social muy lindo, no importan las edades o las condiciones socioeconómicas. Solo hay que querer bailar”.
Algo muy interesante es el cambio de roles que percibieron los bailarines en este tiempo: “Hace años que se da el formato pareja con rol conductor y rol receptor, sin importar el género de cada persona. Se rompió con el estereotipo de hombre conductor y mujer que sigue”.

Para concluir, la pregunta sobre qué es el tango para esta pareja, que es un equipo dentro y fuera de la pista de baile, encontró una hermosa respuesta: “El tango siempre fue nuestra pasión, nos atrapó en todo sentido. Es nuestra forma de vida, más allá de ser nuestro trabajo. Requiere mucho compromiso pero también ayuda a las personas a generar vínculos. Nosotros nos llevamos muy bien por suerte, combinando la familia y la pareja laboral. Hacemos equipo y todo fluye”.



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