«Todas las abuelas cantan a sus nietos”: un proyecto que rescata voces y formula preguntas sobre el arte de maternar
Las docentes Sabina Nó y María Martha Paz se encontraron en esta vida para formar una dupla imparable que produce, desde su propia editorial: La punta del Ovillo, libros infantiles con peso y sustancia. Su último proyecto, la colección titulada Todas las abuelas cantan a sus nietos, parte de la pregunta sobre cómo nos hacían dormir cuando éramos niños e intenta proponer respuestas a partir del rescate de la tradición oral.
“La idea de esta colección es pensar en la forma en que se materna a las infancias según cada cultura. Todas tienen canciones. Entonces, ¿qué nos cantaban a nosotros para hacernos dormir?”, dice Sabina. El primer libro producido bajo este concepto se titula Duérmete, Pichikeche y salió en junio del 2021. En él se reproduce mediante código QR una nana mapuche, acompañada por dibujos que sobre ella hicieron niños de la escuela de Payla Menuco.

“Durante la pandemia me puse a hacer muchos cursos. Entre ellos, hice uno sobre libros infantiles con códigos QR y me llamó la atención las canciones que usaban. Haciendo memoria, todas las canciones de cuna que conocía y que encontraba en internet eran extranjeras, incluso grabadas en otros idiomas. Así surgió la pregunta sobre las nanas de pueblos originarios, pero también sobre nuestras infancias y cómo nos hacían dormir”, cuenta María Martha.
Un fragmento del proyecto por el cual obtuvieron la beca del Consejo Federal de Culturas dice: “Muchos niños y niñas en el mundo a lo largo de la historia se quedaron dormidos en cunas o brazos con el arrullo de sus madres que les repetían las canciones que las abuelas les cantaron anteriormente. Así, hoy en día muchas son las nanas europeas (especialmente españolas, italianas y alemanas) famosas y registradas por la memoria occidental en audios y videos de fácil acceso en los medios. Sin embargo, no ocurre lo mismo con la música que acompañó los sueños de la gente del territorio que habitamos en la Patagonia”.


El proceso de producción de este primer libro tuvo varias instancias. La primera y principal fue lograr el acercamiento a las comunidades, a las abuelas que supieran las nanas, y pedirles que las canten. Para ello tuvieron la invaluable ayuda de Clarita Gonzalez, Kimeltufe de Payla Menuco, quien fue el nexo de acceso para lograr este contacto tan íntimo, junto a la directora de la escuela.
“Yo había trabajado ahí en 2019 y ahora volví. Me conocían y eso ayudó a generar confianza. No es fácil compartir algo tan profundo. Muchas madres salieron a trabajar y cortaron la transmisión de esas canciones a sus hijos. Otras familias tienen temor de compartir su cultura por haber sido castigadas por tanto tiempo. Son muy pocos los niños de la escuela que saben hablar y entender la lengua mapuche”, explica Sabina.


12/02/2021 – Payla Menuco: Llegamos a la escuela. Solo están Naty (directora), Clarita (Kimeltufe – maestra de cultura mapuche) y los auxiliares de servicio. Son cuatro: dos mujeres limpian el SUM, dos hombres tratan de reparar la caldera. Las sillas están levantadas sobre las mesas. La escuela está abierta hace pocos días. Estuvo cerrada por once meses. Nos saludamos con golpes de puño. Sacamos sillas y una mesa en donde apoyamos nuestros libros. Nos sentamos en ronda. Las cabras bajan por la ruta. Las montañas nos escuchan. Charlamos sobre el proyecto, la pandemia y el pueblo. Clarita dice que es difícil encontrar quien quiera participar. Hay mucha gente de la comunidad que no quiere compartir los saberes y que no recuerda haber visto a abuelas que canten. Yo no canto, dice, y eso que soy corajuda. Surgen ideas, nombres, canciones, historias, sonrisas. Clarita nos hace escuchar a Stefi en su celular. La niña cuenta un “epew” (cuento) sobre un zorro. Hablamos de los sueños. Clarita nos comparte un “pewma” (sueño). Pensamos el próximo paso, el próximo encuentro. Se extrañan el mate y los abrazos. Esto es tan solo la punta del ovillo.(Diario de trabajo compartido por las autoras en su Padlet)
Los dibujos que componen Duérmete, Pichikeche tienen la fuerte impronta del carbón. “Para ellos es un elemento muy importante, que está presente en el fogón que hacen para cocinar o calentarse, símbolo de encuentro y que luego sirve para dibujar. También se ve una mamá con su hijito en brazos, muy cerca de una ruca y de una constelación. Están presentes las montañas, los paisajes, los animales sueltos. Al final vemos al zorro, que aparece en todos los dibujos para que lo busquen, pero que ahora duerme tranquilo junto al niñito”, explica Sabina sobre las ilustraciones que acompañan a la grabación de la nana.
Este libro ya fue presentado en varias ferias del libro y encuentros de literatura infantil en diferentes ciudades de la región. Muchas maestras de nivel inicial lo piden para trabajar y reconocen en él posibilidades múltiples de abordaje. Lo que quedó pendiente es la presentación en la mismísima escuela del paraje Payla Menuco, debido a la problemática edilicia que tienen, como tantas otras escuelas de nuestra ciudad. Ya llegará, sin duda, el felíz momento de compartir con toda esa comunidad educativa el resultado del proyecto que al principio parecía tan misterioso y ahora es un material hecho realidad.
Una vez concluida esta primera entrega, la dupla de La punta del ovillo se prepara para encarar la próxima parte: un libro sobre relatos, que siga la misma dinámica que este, pero contenga un “epew”. Para ello ya consiguieron un reconocimiento y apoyo del Fondo Nacional de las Artes. El Lonco Carlos de la comunidad Curruhuinca será quien relate los recuerdos de lo que se escuchaba en su casa para luego inspirar las ilustraciones de los niños.

Al dorso de Duérmete, Pichikeche se puede leer: “¿Conocemos acaso las canciones que las abuelas cantaron a los niños neuquinos a la hora de dormir? ¿Escuchamos alguna vez las voces de estas ancianas mapuche que maternaron? ¿Sabemos de sus ritmos y melodías? ¿Cómo llegaron estos saberes a esas abuelas? ¿Quién los creó? ¿De qué hablan?”. Quizás seamos muchos los que en este momento estemos con ganas de hacer memoria.
Fotos: cortesía.




Genias, genias !!!!