105 años de una gran idea: generar un espacio de participación ciudadana
Durante toda esta semana, la Biblioteca Popular 9 de Julio ofreció a la comunidad una variedad de actividades culturales, desde talleres y masterclasses de ajedrez hasta charlas sobre diversos temas de interés. El motivo no es menor: este viernes 4 de noviembre se cumplieron 105 años de su fundación, en una San Martín muy distinta, allá por 1917. En esta nota, compartimos un recorrido por aquellos primeros tiempos, que sin dudas resultará breve en comparación al camino transitado por esta icónica institución.

Corría el año 1917 y en un pueblo que contaba con recientes 19 años de fundación, entre casas de madera y adobe, había apenas ochocientos habitantes. Aunque ese número hoy nos parezca increíblemente pequeño, albergaba un enorme deseo de progreso y gestión cooperativa, el espíritu que hizo posible la creación del primer espacio de participación ciudadana. Por aquellos tiempos, las decisiones venían de funcionarios que no residían en la provincia o de cúpulas militares, algo que contrastaba con la nueva realidad de contar con asambleas, espacios de discusión de proyectos y voto democrático.
San Martín estaba brotando, poco a poco, con sus molinos harineros, sus dos usinas hidroeléctricas, algunos comercios y una única escuela, con cien alumnos, ubicada en un galpón frente a la plaza de instrucción del regimiento. A dos cuadras quedaba la comisaría, pero no había médicos, ni hospitales ni iglesia. Las fiestas de casamiento, los bailes y otras reuniones se organizaban en el Gran Hotel San Martín, en donde la recién creada Comisión de Fomento ocupaba una habitación.

Este, en resumidísimas palabras, fue el contexto en el que se fundó la primera biblioteca popular, cuya idea se venía gestando desde el 9 de julio de 1916, durante los festejos por el Centenario de la Independencia. Por tal motivo, la Comisión de Festejos del Centenario brindó un aporte económico, aunque la obra en sí misma se vio demorada un año por diversos motivos. Molestos por estas circunstancias, un grupo de vecinos tomó la iniciativa de hacer notar dichas dilaciones.
Finalmente, se convocó a una asamblea vecinal, realizada el 4 de noviembre de 1917, que tuvo por objetivo la construcción de la tan ansiada biblioteca. Su nombre fue dado en honor a la fecha en que fue plantada la primera semilla de esta gran idea, y se ratificó en funciones a la comisión provisoria, creada ese último año e integrada por Arturo Mancini, Miguel Camino, José Calderón, Zacarías Chidiak, Ramón Palma, Antonio Ragusi y Emilio Mailhes.

Dos asambleas más, celebradas ese mismo mes, despertaron el interés de la población, que participó para terminar de conformar la primera organización comunitaria. El 11 de noviembre se aprobó el estatuto, donde se registraron el reglamento general y los propósitos de la biblioteca, entre los que se contaron, además de la promoción de la lectura, otros que reflejaban su rol político, como “fomentar el espíritu de asociación” y “proveer de vestuario y calzado a los niños pobres para que puedan concurrir a las clases”, además de oficiar como intermediaria ante el Consejo Nacional de Educación, a fin de conseguir el suministro de libros y un espacio más adecuado y apto para el desarrollo de la cursada.
Además de las funciones sociales ya mencionadas, la biblioteca puso a disposición de los sanmartinenses un servicio de información gratuita sobre leyes y decretos; un conjunto de acciones pensadas para afrontar la problemática del alcoholismo que asolaba a muchos habitantes; y diversas propuestas culturales. En 1922, la biblioteca fue sede de las primeras proyecciones de cine de la localidad. Años más tarde, en la década de 1930, también brindaría el espacio para que se desarrollara el primer grupo de teatro amateur, con funciones que se exhiben en el hotel Lácar.
La primera comisión directiva fue finalmente elegida en la tercera asamblea, el 18 de noviembre de 1917, con Emilio Sadzawska (panadero, jefe de la oficina postal y principal impulsor de la Escuela N53) como presidente, José Calderón con vicepresidente, Osvaldo Coltella como secretario, Zacarías Chidiak como tesorero y Emilio Mailhes, Miguel Camino, Ramón Palma, Carlos Gingins y Feliz Obeid como vocales.


El primer lote de libros enviado por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) llegó en enero de 1918, previo reconocimiento de la institución por dicha entidad. En mayo de ese mismo año se inauguró la sala de lectura, en un espacio anexo a la comisaría, vinculando así a la biblioteca con el gobierno nacional, dejando claro que la organización gozaba de su reconocimiento. Para festejar este hecho, se hizo un acto al que asistieron gran cantidad de vecinos, se ofreció un lunch y los alumnos de la escuela cantaron canciones patrias.
Sería imposible abordar todos los hechos relacionados a los inicios de la Biblioteca Popular 9 de Julio en una sola nota. Sin embargo, es nuestro deseo honrar su 105 aniversario con la mención de estos hitos fundacionales, rememorando tiempos que se sienten tan lejanos pero cuyas marcas lleva impresa la comunidad sanmartinense en su amor y apoyo constante a la cultura local.
Fuente: información tomada del libro “Un siglo de libros: historia de la Biblioteca Popular 9 de julio, primer espacio de participación ciudadana de San Martín de los Andes”; Santos, de Mena, Vázquez Moure; 2017.




Que maravilla !!, la cultura combate la pobreza. Hay que leer mas y fomentar la lectura desde la niñez. Felicitaciones!!!