Adolfo Bellocq: el primer artista consagrado que pintó en el Lácar

Por Ana María de Mena (*)

El gran movimiento artístico actual sanmartinense es una realidad relativamente reciente. Veamos.

Lucrecia Nydia López Jove, en un trabajo sobre la historia de las expresiones artísticas provinciales, sostiene que la mayoría de los artistas fueron autodidactas, generalmente formados en la observación de obras clásicas, copiadas y corregidas hasta obtener un resultado satisfactorio.

No había escuelas donde aprender arte ni lugares donde exponer obras. En tal contexto y distante de los centros de producción artística, hacia 1940 comenzó a viajar al sur cordillerano el grabador Adolfo Bellocq (1899-1972).

Justamente, con motivo del 50° aniversario de su fallecimiento, este año se iniciaron una serie de evocaciones a nivel nacional, para  homenajearlo.

¿Quién fue Bellocq?

Bellocq  había nacido en Buenos Aires y era autodidacta. Pudo viajar a Europa donde visitó museos y observó la labor de grandes artistas. Su pasión fue el grabado.

Vale subrayar que el grabado es el arte que plasma el dibujo sobre madera (xilografía), piedra (litografía), metal (calcografía), malla tensada (serigrafía) etc. que  permite obtener varias copias de un diseño. 

Bellocq perteneció al Grupo de Boedo, un conjunto de literatos de la talla de César Tiempo, Álvaro Yunque y Raúl González Tuñón, y artistas plásticos como Abraham Vigo, Guillermo Facio Hébequer y Agustín Riganelli, entre otros grabadores sobresalientes. Se reunían donde funcionaba la editorial Claridad, en la calle Boedo al 800 de Buenos Aires, en una zona obrera que dio nombre a la agrupación.

Fueron los llamados “Artistas del Pueblo” que plasmaron el mundo del trabajo y de la gente humilde como forma de protesta, que ofrecía estampas a bajo precio y acercaba el arte al público que no tenía grandes recursos. 

En 1922 Bellocq ilustró el libro “Historia del arrabal” de Manuel Gálvez, con cuarenta y cinco xilografías y en 1930 se publicó una edición de cuatrocientos ejemplares del “Martín Fierro” de José Hernández destinados a bibliófilos, con los grabados impresos sobre papel especial y detalles cuidados, más una edición económica de dos mil ejemplares.

Fue jefe del taller de grabado en la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova” y profesor en la Escuela de Artes Decorativas de la Nación. En 1931 organizó la Primera Exposición del Grabado Argentino.  

En sus memorias escribió: No puedo olvidar que nuestra escuela de estudios fue la calle, el puerto, la fábrica, los inquilinatos, los corralones De allí salieron las obras de Facio Hebecquer, Vigo, Arato, Riganelli y mías, pues encontramos los modelos más característicos y económicos, de acuerdo también a nuestras posibilidades, que en su momento fueron expuestas en algunos salones… Nosotros mirábamos al pueblo en su trabajo, en su fatiga, en su dolor, y ansiábamos reivindicarlo

Había recibido el Premio Único del Salón Nacional, cuando en 1937 recibió la medalla de plata de la Exposición Internacional de París. 

También ilustró con bellísimos grabados una edición de “El matadero” de Esteban Echeverría, “Nacha Regules”, de Manuel Gálvez, “La guerra gaucha” de Leopoldo Lugones, “Airampo” de Juan Carlos Dávalos y  un libro de poemas de Angel Estrada.

En 1941 hizo los grabados para “Allu Mapu – El país de la lejanía” (Visiones, paisajes y leyendas de la Patagonia) de Fernán Félix de Amador, con veinticinco relatos, publicado en Buenos Aires por Editorial Araujo.

Tapa del libro de Fernán Félix de Amador, con las iniciales AB debajo del grabado central.

En la cordillera

A fines de los años ’40, cuando ya era un artista consagrado, comenzó a visitar la zona cordillerana, que plasmó en algunas obras, como “Lago Correntoso” (óleo, 1948) y “Peñascos sombríos – Villa La Angostura” (acuarela, 1950).

“El solía venir con su esposa, la escultora y escritora Martha Bassi, para pasar las vacaciones en Hua Hum y se alojaban en la hostería de Rosa Castro que estaba en ese paraje, recuerda Maclovia Torres, la memoriosa vecina de San Martín de los Andes, quien trató al matrimonio. Además de disfrutar las bellezas cordilleranas, Bellocq pintaba y grababa, mientras su señora escribía poesía y hacía bocetos de futuras obras.

Durante esas estadías entabló una sólida amistad con el Dr. Rodolfo Koessler y su esposa, Doña Bertha Koessler Ilg. Interesado en la tarea de recopilación del lenguaje y la cosmovisión indígena, Bellocq profundizó con ella sus conocimientos en esa temática e ilustró una serie de las leyendas araucanas que compendió Doña Bertha.

En un catálogo de 1944 del Museo Provincial de Bellas Artes “Emilio Pettorutti” de Buenos Aires, figura expuesto el óleo “Coñilafquen” (La hija del lago), inspirado en una leyenda de la sra. Koessler Ilg.  

De 1952 son los grabados: “Leyenda del Cordón Chapelco”, “Leyenda del volcán Lanín”, “Leyenda de la madre luna y el padre sol”, “Leyenda de la venganza de la madre luna”, “La maldición de los caballos blancos” y el óleo “Península Quetrihue”. 

Al año siguiente realizó el óleo “Arrayán en flor” y los grabados inspirados en los textos de Doña Bertha “Leyenda del cerro Domuyo” y “Coñilafquen” (1955), que poco después expuso en la prestigiosa Galería Van Riel. Con la muestra de estas obras, Bellocq llevó a través de su arte la temática indígena neuquina, a la acreditada pinacoteca de Buenos Aires. 

De esas visitas también surgieron las obras “Nocturno en Hua Hum” (óleo 1949); “Peñón Angostura-Cordillera de los Andes” (óleo, 1951); “Cordón del Chapelco” (óleo 1952), “Río Nonthue” (óleo, 1952); “Desde el cerro Malo” (óleo, 1953); “Lluvia en Nonthue” (óleo, 1953); “Desembarcadero del puerto Hua Hum-Lago Lacar-Neuquén” (óleo, 1953); “Muelle en el río” (óleo 1953); “Cómo se inició el primer nguillatún” (xilografía, 1954); “Cordón del Chapelco” (óleo, 1954); “Nieve y lluvia” (óleo, 1954); “Garganta de la cascada Chachín” (óleo, 1954) y “Río Quem-quemtreu” (óleo, 1955). Excepto la segunda de esas obras, las restantes se encuentran en el Acervo Sada, de la Asociación Mexicana de Archivos y Bibliotecas.

La relación amistosa que el matrimonio Bellocq mantuvo con Maclovia Torres, se prolongó a lo largo de todas las visitas que los esposos hicieron a la localidad. De aquellas estadías, Maclovia guarda un ejemplar del libro de poesías escrito por la sra. Martha Bassi titulado “Dios en el alma”, dedicado por la autora. La familia Koessler  conserva estampas y catálogos autografiados por Bellocq.

Rio Nonthue, óleo de 1952

En el Congreso del Área Araucana

Cuando se realizó en San Martín de los Andes el Primer Congreso del Área Araucana, congregó a los antropólogos, arqueólogos y científicos más destacados de nuestro país y a expertos chilenos. 

En esa oportunidad Bellocq abordó las artesanías indígenas (alfarería, cestería, tejeduría, piezas en cuero, hueso, crines, plumas, etc.). Expresó en las conclusiones: Creo que los artistas plásticos del país debemos compenetrarnos de esta tierra de los Mapuches (sic) de todo aquello que comprende su artesanía, leyendas y costumbres y transmitirlo espiritualmente para bien de la cultura del país.

En un análisis sobre la presencia en Neuquén del eminente grabador, dice Marcelo del Hoyo: …instala a la población indígena en un espacio acrónico, espacio de la leyenda fundante, modelos a emular en la ‘nueva raza’ que pueble el territorio, convoca a sus contemporáneos a recuperar, para la creación plástica, la esencia de la producción artesanal.

Paralelamente hubo dos exposiciones: una de piezas de arqueología aportadas por el Parque Nacional Nahuel Huapi, Mario Gentili y el sacerdote Oscar Barreto y otra de arte con obras de Rafael Cayol y Bellocq. Se exhibieron cuarenta y siete xilografías del “Martín Fierro”. 

En el Congreso del Área Araucana, el Dr. Carlos Pereyra, Adolfo Bellocq (de anteojos), el Dr. Gregorio Álvarez e Ismael Moya. Foto gentileza de la Dirección de Patrimonio Cultural de Neuquén.

La crónica del diario “La Nueva Provincia” menciona los elogios de su obra formulados por José León Pagano en nuestro país y críticos europeo como el francés Camille Mauclair, entre otros, y dice: En el conjunto que se expone aquí, los motivos se inspiran en las leyendas indígenas recogidas por la folklorista señora Bertha de Koessler Ilg, y agrega sus títulos. A los citados anteriormente, se suman “Leyenda de Cai Cai y Tren Tren” y  “Leyenda del cerro Tronador”.

La exposición simultánea al Congreso del Área Araucana es la primera muestra con la presencia de un artista plástico de reconocida trayectoria en el país y el exterior en nuestro pueblo y, probablemente, en la provincia. En abril de 1961, después del Congreso, se exhibió en el Palacio de Correos y Telecomunicaciones de Neuquén.

Bellocq donó a la Gobernación neuquina nueve óleos y diez xilografías, aguafuertes y mezzotintas. Varias de ellas se habían exhibido durante el Congreso  del Área Araucana. Lamentablemente algunas de esas obras están perdidas, otras arrumbadas y algunos óleos presentan cortes en la tela. 

También obsequió el óleo titulado “Coñilafquen” a la Municipalidad de San Martín de los Andes, que había estado expuesto en el Museo la provincia de Buenos Aires. 

Realizó la versión en xilografía de Coñilafquen, obra adquirida por el Museo Municipal de Milán, Italia, para su prestigiosa Galería de Estampas.  

Richard Morse y Jorge Hardoy, analizaron su obra y sostienen que Bellocq abordó (…) todo aquello que es característicamente nuestro y que viene a engrosar el caudal artístico y documental de nuestro país.

Vale la pena saber que una obra de este gran artista forma parte del patrimonio local.

(*) anamariademena@gmail.com

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