Michael Rinke: “La música es el idioma que más me genera sentimientos”

Mientras comienzan los trabajos de refacción del mirador ubicado en la cuesta Quiroga del cerro Comandante Díaz, aprovechamos para compartir algunos recuerdos que de Michael Rinke tienen quienes lo conocieron. 

Michael Rinke nació el 5 de septiembre de 1957 en Montevideo, Uruguay. A los pocos días de vida, su familia se trasladó a la provincia de Buenos Aires, donde se instalaron y vivieron hasta 1965, año en que se mudaron a Ginebra, Suiza. Vivió durante cinco años allí junto a su familia, hasta que regresaron a Buenos Aires, donde vivió con su hermano Jaime y su hermana Annette.

En 1984 viajó al Centro de Ski Penitentes, en la provincia de Mendoza, a trabajar de camarógrafo. Ese fue su primer contacto con el medio. Luego, en 1986 empezó a hacer las temporadas de invierno en el Cerro Chapelco de nuestra localidad, hasta que en 1987 se instaló definitivamente en San Martín de los Andes. Aunque él se definía como nómade, la mayoría de las actividades las desarrolló en el pueblo.

Artista multifacético, ideasta, documentalista, fotógrafo, dibujante, pintor, escultor (especialmente de madera), diseñador de escenografías, joyas y logos, guía de turismo, esquiador, traductor, escritor, hombre de radio (entre otros programas, hizo durante varios años “Música para ver”, en Radio Fun), ornitólogo por afición, melómano, políglota, Rinke “fue un especialista en mirar. Se merece esta distinción. Ser reconocido por esta cualidad que tanto ejerció y promovió”, expresó su hermana al enterarse del homenaje que se llevó a cabo en 2015, a un año de su fallecimiento, cuando se denominó al mirador con su nombre.

Justamente, el mismo Michael escribió sobre la acción de mirar en su libro “Aves de San Martín de los Andes”: “Vivimos rodeados de naturaleza y por más que es  “natural”  que  así  sea,  no  solemos  prestarle  su debida atención. El dedicar tiempo a algo tan cotidiano como  mirar  lo  que  nos  rodea,  suena  casi  ridículo. Pues bien, es justamente la propuesta que podría ser diferente. Dense un respiro a sus múltiples actividades y busquen un poco de información sobre las aves que habitan junto a usted en donde quiera que esté. Aprender  a  observar  implica  un  poco  de colaboración  de  su  parte,  ya  que  descubrir  las sutilezas requiere de ilustrarse en algo que se suele desconocer”.

En una época, en San Martín de los Andes, Michael llegó a ser tan conocido que cuando necesitaba alquilar un departamento, en las radios decían “Michael Rinke necesita alquilar” y no era necesario ningún dato adicional para que los dueños lo contactaran”, escribió Marcelo Gobbo sobre su amigo, como inicio de su relato titulado “Michael”, incluido en su libro Nombres Propios. Conflictuado con el origen alemán de su nombre, se hizo llamar Michel (Miyel), con pronunciación francesa, instalando el misterio y la duda permanente en quienes, años más tarde, buscan sus datos en obras y libros. 

En el mismo relato, Gobbo escribe: “Todos sabían quién era Michael. Ese reconocimiento nacía, en parte, de su misma presencia: la delgadísima silueta, el sombrero, o en su defecto, la gorra, coronando el mechón de pelo delgado y rubicundo, la barba larga, de un extraño fulgor bajo la luz del sol, los anteojos y la nariz aguileña, todo eso hacía que no pudiera pasar desapercibido”.

En el pueblo, son muchos quienes recuerdan a Michael por ser el primero en filmar sobre esquíes en el Cerro Chapelco. Por esas hazañas, terminó siendo entrevistado por Juan Alberto Badía (YouTube). Sin embargo, más allá de sus múltiples pasiones e inquietudes, “hubo dos cosas que amó por sobre todo: su hija, Brenda, y la música”, tal como destaca Gobbo en su relato, en el que algunas líneas antes escribe: “la música es el idioma (que no sé hablar, lamentablemente) que más me genera sentimientos, me dijo una vez (Rinke)”.

“Conocí a Michael Rinke en el año 1985, en Cerro Catedral, donde él era camarógrafo de carreras de ski. Era todo un personaje, todo lo que hacía, lo hacía esquiando hacia atrás. Era muy llamativo. Luego de algunos años, nos reencontramos en San Martín, en el 93 aproximadamente, cuando ya se estaba instalando en la localidad y haciendo un trabajo de reconocimiento de aves de la Patagonia, con circuitos largos, durante semanas, buscando aves que después plasmó en documentos y videos”, recuerda la concejala Fernanda González, quien luego impulsaría el proyecto para renombrar el mirador. 

“Con Michael nos unió la historia y la amistad. Nos encontrábamos continuamente en diferentes ámbitos y actividades, teniendo también amigos en común. Después, cuando yo era subsecretaria de cultura de la ciudad, Michael decidió finalmente hacer una muestra de sus obras. Fue muy hermoso poder lograr eso junto a él, desde la gestión municipal, porque nunca antes había sucedido que expusiera su trabajo. En esta muestra hubo soportes de todo tipo: visuales, de papel, filmación. Se las arregló para intervenir la sala con diferentes imágenes proyectadas y efectos que para la época eran muy sorprendentes. Fue maravilloso tener el honor de hacer esta muestra con él en vida”, cuenta González.

“Un día nos dejó, se fue a volar con sus aves, y en ese momento tuve otro honor, el de estar en su homenaje en el mirador que lleva su nombre, donde había una escultura maravillosa de un colibrí (del artista local Jorge Vilchez) hecha en metal que nos emocionó a todos. Era la imágen clara, una síntesis de Michael. Destaco su humildad, su simpleza y su gran talento”, concluyó. 

Según informaron desde la municipalidad hace algunos días la obra, titulada «Puesta en Valor del Mirador Michael Rinke de San Martín de los Andes» tendrá un costo total de 2.500.000 pesos. El Ministerio de Turismo de la provincia gestionó el financiamiento a través del programa «50 Destinos» que lleva adelante el Ministerio de Turismo de la Nación.

El proyecto consiste en el reacondicionamiento y reparación de uno de los miradores más importantes de la localidad, ubicado en calle Juez de Paz J. Quiroga del cerro Comandante Díaz y popularmente conocido como el de la subida al ex Hotel Sol. La obra consiste en la reparación de barandas con acabado de pintura sintética; compactación del suelo; construcción de 100 metros cuadrados de piso para área recreativa que incluye accesibilidad; delimitación del estacionamiento; y colocación de carteles interpretativos y carteles indicativos.

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