Corina Bresler habló sobre Martín y bautizó dos lagunas

Por Ana María de Mena (*)

Annie Kurina Bresler nació en Hopefield el 14 de noviembre de 1894, en una colonia de El Cabo, Sudáfrica, y era hija de Daniel Marthinus Bresler y Katharina Wilhelmina Zoutenckyk. Cuando su hermano Martín, que llevaba el mismo nombre que el padre, regresó al país por el paso Hua Hum, convencido de poder probar su inocencia,  acusado de varios delitos, después del motín de 1916 en la cárcel de Neuquén, pasó por su casa. Lo permitieron quienes lo detuvieron, por el respeto que sentían por el jefe de familia que había liderado la inmigración bóer a nuestro país (ver Realidad Sanmartinense del 8-1-23). En esa ocasión, Martín le contó sus peripecias a Kurina.

Retrato de Kurina, de un documento consular

Kurina (o Corina como se la llamaba aquí) se había criado junto a ocho hermanos varones. Había aprendido a tirar y lo hacía muy bien. Arreaba caballos a la par de un hombre y ganaba premios en los torneos que en las primeras décadas del siglo pasado organizaba el Regimiento de San Martín de los Andes. Acostumbrada a los rigores de entonces, cuando regresaba al pueblo en familia, las sendas a Quechuquina eran tan oscuras que los caballos llegaban por instinto. En una oportunidad, la oscuridad era tanta que se pusieron trapos blancos en la cabeza para orientarse unos a otros. Así lo dejó escrito ella.

La muchacha se unió al administrador chileno de una compañía inglesa en la precordillera, de apellido Charpentier, según parece.  Cuando nació su primera hija el personal de la empresa era masculino, así que se arregló con la ayuda de una anciana indígena y un libro con instrucciones para el parto.  Cuando llegó el padre de la criatura con el médico, la beba había fallecido.

Firma de la única hija mujer del capitán bóer

Muchos años después, casada con un sr. de apellido Macdonald y viviendo en Bariloche, fue amiga de Helga Stämpfel, propietaria de la librería “Mitre”. En una oportunidad Kurina le pidió a ella que escribiera a máquina un texto que le deseaba dictar. Necesitaba contar lo que recordaba. 

Pasaron los años, Kurina se mudó a Buenos Aires y en la librería quedaron copias de aquel relato, hechas con papel carbónico. 

Quien pasaba por la librería cuando iba a Bariloche era Eberardo Hoepke, vecino que aprovechaba a conversar en alemán con la sra. Helga. En una ocasión, charlando sobre su trabajo en Quechuquina, Hoepke le comentó que haciendo pozos para plantar árboles, había encontrado enterrado un revólver sin el tambor. Estimaba que probablemente habría sido de Martín Bresler, anterior propietario de tierras en ese lugar.

La sra. Stämpfel le dio una copia de ese escrito en alemán que, gentilmente la tradujeron en distintos momentos Hoepke y Rolando Schierenbeck. El mensaje de Kurina sobre su hermano, escrito en tercera persona, dice así:

“Relato de Kurina Bresler de 76 años – 19-6-1970”

“El padre (el suyo) tenía propiedades en Sudáfrica. Allí había encontrado diamantes. Como en la guerra anglo bóer había resultado derrotado, no quería quedar bajo dominio inglés, por lo que decidió emigrar a Argentina.

Fragmentos de dos páginas del relato en alemán

(…) “Algunos bóeres llegaron con Daniel Martín Bresler, otros se fueron a otros destinos. El primer invierno fue terrible. 

(…) “En la cordillera vivían los indígenas que sobrevivieron a la campaña militar. San Martín de los Andes tenía algunos colonos, el resto eran personas de poca confianza.

“Entre Argentina y Chile no había convenio para la repatriación de criminales.

“Los vecinos que tenía (Martín Bresler hijo) hacia la parte alta de los cerros, le robaban constantemente el ganado. Había amenazas de muerte. Toda la familia, incluida la niña de doce años (Kurina), iba armada.

“Había un peón que tenía una hija a la que Daniel Martín Bresler había ayudado a salvarle la vida. Este peón, un día le confesó a su patrón que había sido espía para colaborar con el contrabando. En la confesión agregó que en gratitud por el salvamento de su hija, sería leal desde ese momento en adelante.

Estos párrafos de Martín, escritos desde el hospicio donde vivió y murió, denotan su adhesión a una secta, como cuenta su hermana

“Una vez en que Bresler (hijo) limpiaba su arma, llegó un hombre en bote diciendo que tenía mercadería en la orilla del lago y que la entregaría con la condición de que fuera a buscarla. El salió con el arma, pero por descuido lo hizo sin balas.

“Al llegar al muelle se encontró con cuatro hombres que lo amenazaron de muerte. La señora de Bresler se dio cuenta que el marido estaba en peligro. Ella llevó a los hijos armados, incluida Kurina. Así fueron escondiéndose entre los arbustos, hasta el muelle.

“El mensajero no estaba más; Bresler estaba con el agua helada hasta el cuello. Los cuatro forajidos esperaban en la orilla con cuchillos y machetes. La señora disparó un tiro al aire y la nena se mostró, para que Bresler la vea y advirtiera que llegaron para ayudarlo.   

“Las cuatro personas volvieron al bote y la señora rescató al esposo. Le dio las balas. El disparó varios tiros y los malhechores desaparecieron tras la isla Santa Teresita. Bresler no quería lastimarlos porque esas personas actuaban en combinación con la policía. Recibían dinero por permitir pasar ganado a Chile en forma clandestina. No se animó a dispararles.

“El hijo mayor (Martín) viajó a Inglaterra donde conoció a su esposa. Al regreso su padre le dio una porción de tierra (en Quechuquina) junto a la suya. Allí la pobló de hacienda.

Ubicación de Las Corinas

“Alrededor había un cerco de palos gruesos El vecino, un turco, no tenía acceso al lago, única vía de comunicación hacia San Martín de los Andes. El turco amenazaba con que se iba a apropiar del acceso.

“Un día el turco estaba con su hacienda al lado de la tranquera, sobre la empalizada y le dijo a Martín Bresler que iba a cruzar el cerco. Los dos estaban armados y se amenazaron. ‘Acá no vas a pasar’ dijo Bresler. Nunca pensó que el vecino con su caballo podía saltar el cerco. Lo saltó rápidamente, le sacó el revolver a Martín Bressler y lo golpeó con un machete. Martín pudo agacharse rápidamente, por lo que solamente le hizo un corte en la cabeza de arriba hacia atrás. Como el caballo siguió galopando y Bresler no tenía el arma, trepó a un árbol. Allí sentado trataba de parar la sangre que le corría desde la cabeza a los ojos. El hombre volvió y lo buscaba pero como no lo encontró, siguió a caballo. Martín lavó su herida en el arroyo y fue a ver a su padre. No tenía paz porque el vecino intentaba amedrentarlo y lo amenazaba. 

“Un día apareció el turco con el comisario y lo acusaba a Martín de haberle robado un animal. Bresler respondió que tenía suficientes animales gordos y no necesitaba las vacas flacas de su vecino; si querían podían recorrer la propiedad para buscar la vaca perdida. No sabía que el vecino había enterrado un cuero de vaca en su propiedad, por lo que enseguida encontraron los restos. El comisario detuvo a Bresler y unos días después fue enviado a la cárcel de Neuquén.

“El padre de Martín escribió al Gobernador Elordi que era un buen amigo. Este contestaba que estaba claramente convencido de la inocencia de Martín y en poco tiempo lo iban a dejar libre, pero había que hacer trámites que eran los procedimientos necesarios. Las cartas de Elordi están en poder de la familia.

“Así Martín se encontró junto a asesinos y delincuentes. Había entre ellos un abogado que estaba ensayando una fuga. Martín no quería participar pero lo obligaron bajo amenazas de muerte. Cuando la fuga estaba planeada, el abogado cobardemente escondido en la celda indicó que hacía falta un líder. Martín fue obligado bajo amenazas de muerte a tomar la dirección del grupo.

“Él tomó el mando porque sabía que seguirían cometiendo delitos para lograr la fuga. Para evitarlo decidió intervenir. Todavía hay gente que se acuerda, especialmente comerciantes, que recuerdan haber sido salvados de saqueos gracias a Martín.

 Aspecto de una de las lagunas

“No pasó mucho hasta que los delincuentes se desbandaron.

“Por otro camino él trató de volver a la propiedad de su padre. Como estaba  cerca del límite con Chile, quería avisar a su padre para que se preparara porque había delincuentes sueltos.

“Tenía que cruzar el Collón Cura que corría con mucha agua. No quedó otra alternativa que enfardar la ropa y el arma sobre la cabeza y medio muerto de frío cruzó. Corría ida y vuelta para calentarse, hasta que un policía y dos personas estuvieron cerca y lo amenazaron con un arma. Justo se había podido poner su ropa y respondió amenazando con la suya; como igual se le acercaban, tiró a uno en la pierna y así los tres se retiraron.

“Ahora él fue consciente del doble peligro de su situación. Buscó a un indio con el que tenía buena relación y este indio lo escuchó, lo alimentó y lo trató bien. Al final lo acompañó a una senda desconocida, que inclusive Martín no conocía. Por ella lo acompañó a Chile. El seguía siendo líder de los fugados y lo buscaban inclusive en ese país.

“El indio lo mantuvo un tiempo oculto en una cueva. Sin embargo corrieron rumores y un francés que escuchó del tema le pedía a Martín que se pusiera en contacto con él porque lo iba a ayudar. El indio entró en comunicación con el francés y al final, cuando supo que no era una trampa, accedió. El francés tenía documentación falsa y le aseguró que lo ayudaría a emigrar de Chile. La condición para ayudarlo era que Martín luchara dos años por Francia en la segunda guerra mundial. Martín lo hizo.

“Luego se reunió con americanos con los que consiguió ascenso militar y también fue distinguido.

“Cuando terminó la guerra se radicó en Estados Unidos, hizo trasladar hasta allí a su familia y vivió de rentas como ex oficial del ejército. Adhirió a una secta cristiana que tenía como ley más importante el mandamiento de la verdad. Así, un día decidió volver a la Argentina para declarar las cosas como realmente fueron y -a través de la ley- conseguir su rehabilitación.

“Aunque en Chile le advirtieron que eso era peligroso, su conciencia no le dio descanso y también quería que sus hijos tuvieran un apellido limpio.

“En Argentina no lo escucharon y esposado pasó un año preso en Neuquén. Ahí no le dieron oportunidad de justificarse. Después lo mandaron a Buenos Aires. En el tren se cayó y estuvo malherido. Murió en un hospital”.

Conclusión

En 1970 cuando Corina Bresler dictó el escrito a su amiga Helga, comentó que las cartas del gobernador Elordi prometiendo ayudar después de cumplir los requisitos que ordenaba la ley, estaban en poder de la familia. ¿Dónde habrán ido a parar?

Después del derrotero de Martín, que parece una ficción de aventuras increíbles, poco a poco la familia se fue alejando de San Martín de los Andes.

Quedó en el recuerdo de los antiguos vecinos, el comentario del hijo del capitán bóer que fue apresado por una vaca que no había robado y la historia de película de haber sacrificado su caballo para abrigarse con el cuero del animal, en una terrible tormenta de nieve cuando cruzaba a Chile.

Corina, que con el tiempo dio nombre a dos lagunitas inmersas en el bosque, en su relato ofrece alguna información difícil de comprobar y comentarios que coinciden con testimonios del expediente policial. Como sea, agregan detalles de película a la figura de Martín Bresler que ya es legendaria en la Patagonia.

(*) anamariademena@gmail.com

1 Comment on Corina Bresler habló sobre Martín y bautizó dos lagunas

  1. Muy interesante quisiera saber si hay algun libro que cuente su historia. Gracias

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