Un viaje por Trasandinia: la experiencia de escritoras neuquinas difundiendo letras y voces
Un camino transcordillerano. Dos destinos: una lectura en Puerto Montt con la Fundación Voces Locales y otra en Ancud, en la librería El Gran Pez. Cinco poetas neuquinas: Natalia Belenguer, Viviana Nuñez, Cristina Venturini, María Martha Paz y Tamara Padrón Abreu, tras la incierta misión de llevar libros y continuar hilvanando una cartografía poética y afectiva. Este viaje, con su antecedente anterior a la pandemia, viene a reforzar la idea de que las voces se difunden boca a boca.
“Hace tres años, en febrero de 2019, las escritoras Graciela Rendón, María Martha Paz, Cristina Venturini y yo iniciamos un viaje por lo que llamamos Trasandinia, ese territorio que rebalsa el imaginario de la frontera y que hermana ambos lados de la cordillera, recuperando la idea de Wallmapu Ancentral o la idea de Suralidad, es decir una zona construida por las voces del sur de Argentina y Chile. En aquella oportunidad nos dirigimos a la isla de Chiloé a compartir presentaciones con la admirada poeta y maestra Rosabetty Muñoz. Esa es la génesis de este nuevo viaje, más amplio quizás, pero con esa misma semilla. Transcordillerar”, explica la escritora y docente Tamara Padrón Abreu.

“Empezamos el 9 de febrero a organizar el viaje. Salimos de San Martín de los Andes el sábado 18, bien temprano, demoramos mucho en la aduana, había kilómetros de autos para cruzar. En Puerto Montt nos esperaban para leer en la biblioteca Pública Dr. Matías Yuraszeck a las 18 hs. Llegamos una hora tarde, cansadas por casi 12 horas de viaje en auto. Nos conmovió la espera amorosa de una sala llena, había un genuino interés en escuchar tanto nuestra poesía como la experiencia de atravesar el territorio juntas, cinco mujeres en un auto pequeño no tan pequeño”, recuerda la poeta y traductora María Cristina Venturini.
“Durante la lectura presentada por Mauricio Díaz Ellis, compartimos la mesa con Ariela Santana y Pandora Saad, escritoras y gestoras culturales de Puerto Montt. También estuvieron presentes escritores como Juan Pablo Ignacio Rudolffi Ugarte, José Mario Cárdenas y Harry Vollmer, con quienes se dio una interesante conversación sobre raíces literarias y autores”, continúa narrando Venturini.


“Conversamos durante el viaje sobre qué leeríamos, intentando dar una unidad a la presentación. Pero, cuando llegamos a Puerto Montt, se impuso el semblante de las personas que estuvieron esperándonos. Sus miradas atentas, su intención de escucha. Una vibra expectante sobre qué diríamos estas poetas trasandinas. Entonces leímos poesía que declara que la cordillera es un puente y nos involucra en lo que sucede en las poblaciones, las comunidades que están al otro lado del puente. Y no nos equivocamos, porque la poesía es eso: tener la mirada atenta a lo que nos pasa como sociedad. Abrimos las puertas a la celebración de ese encuentro, donde nuestras pares chilenas dialogaron con su voz poética y la nuestra, que se hizo, a esa altura, la voz de todas y también de todos los presentes”, recuerda la poeta Viviana Nuñez.
“Algo que me parece interesante compartir es la valoración que se hace sobre las poetas en tanto portadoras de poesía. Y es una valoración que habla de la identidad comunitaria. Pues la hemos percibido desde el paso fronterizo, tanto como en el fundo donde nos hospedamos y claro, en las salas de lectura. Un signo que refuerza la responsabilidad que se tiene sobre el acto poético”, agrega Nuñez.


“En Ancud nos recibió en su hogar Rosabetty Muñoz. Compartimos comidas, charlas alrededor de la literatura pero también sobre maternidades, jardines, recetas, hablamos sobre la situación política de nuestros países, reunidas en una mesas, charlamos sobre la vida. Y comimos, no puedo dar cuenta de cuánto comimos en realidad. En la ciudad chilota , volvimos a presentar en la Librería el gran pez. Además de Rosabetty, nos acompañó el poeta Ítalo Berríos. Fue una lectura diferente, entre sillones y copas de vino. Muchas personas que nos habían visto tres años atrás volvieron, pero también nos recibieron caras nuevas. Dejamos libros, nos trajimos otros”, agrega Padrón Abreu.
Entre los libros presentados se encuentran: El paraíso tembló de Natalia Belenguer, Bitácora y Tren Patagónico de Viviana Nuñez, Tilda o los animales saciados de Tamara Padrón Abreu, La luz en el nogal y Jaguar de abril de Cristina Venturini y Duérmete Pichikeche y Sueños Enredados de María Martha Paz, así como también la antología Nos queda el mundo ( algún poema tienen que haber), editado por la Casa San Martín de los Andes de la Colectiva de escritoras patagónicas.


En cuanto a las proyecciones del viaje, fundamentalmente encuentran dos. La primera tiene que ver con el nacimiento de la Casa Cordillera dentro de la Colectiva de Escritoras Patagónicas que unifica las Casas de San Martín de los Andes y Villa La Angostura. Algo que venía sucediendo en los hechos y ahora oficialmente se acaba de concretar. Lo segundo tiene que ver con la posibilidad de construir un registro escrito y en un primer momento virtual sobre la experiencia de Puerto Montt. Una antología que recopile las voces de las poetas que leyeron pero también las voces de quienes estaban entre el público y por cuestiones de tiempo no pudieron leer.
“De este lado de la cordillera haremos lo mismo, sumar a las compañeras que no pudieron ser parte del viaje por distintos motivos, para que sus voces queden en esta especie de correspondencia entre ciudades. Creemos que no es menor que cinco escritoras neuquinas lleven libros no solo propios sino de otras autoras de la provincia, pero también de la región. Si bien todo fue hecho de manera autogestiva, sentimos que deberíamos tener algún apoyo por parte del Estado, porque se trata de poner en valor lo que escriben las mujeres de nuestro territorio. Sabemos que esta aventura no termina acá, tenemos más proyectos y más invitaciones, porque las montañas, lejos de ser una frontera, para nosotras constituyen un puente”, concluyó Padrón Abreu.
Un recuerdo poético, por Cristina Venturini:
Blanca nos espera con salmón, carne asada, sopaipila, tomatitos de su huerta y ensaladas de colores intensos, decoradas con flores de zapallo y ciboulette, zambas y chacareras, y su charla desde el fondo del corazón en la cabecera de la mesa. Preparó cada detalle para recibirnos en su casa y alojarnos en sus cabañas de Panitao Bajo, donde atiende un almacén, la casa, la huerta, animales (por un pato mudo se cayó y se fracturó una muñeca, pero eso no le impide trajinar todo el día entre ollas, flores y papeles). Blanca nos cuenta la historia de su vida, su familia y su fe en el trabajo constante. Su sonrisa y sus lágrimas tendidas como ese mantel blanco.
Fotos: cortesía.




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