Palabras clandestinas: una crónica por la Memoria, la Verdad y la Justicia
A 40 años de la vuelta a la democracia, y como cada 24 de marzo, desde diferentes instituciones y organizaciones sociales se convocó a la comunidad a participar de numerosas propuestas a lo largo de la semana, con el propósito de conmemorar a las y los desaparecidos de la última dictadura cívico militar. Entre ellas, recogemos en esta crónica el paso de la obra “Cabe en un pez”, y la marcha por la Memoria, insignia de esta fecha.

“Habrá que levantar a los chicos
con cuidado que no se rompan.
Darles de comer, bañarlos
y llevarlos a la escuela. Allí estarán bien
hasta que toque el timbre de salida.
¿Quién los cuidará cuando nadie los pase a buscar?”(*)
“Cabe en un pez” es la obra de teatro que presentó el elenco de teatro de la Universidad Nacional de Cuyo. Varias funciones fueron ofrecidas a alumnos de las escuelas secundarias de nuestra ciudad, que acudieron al Centro Cultural Cotesma para vivenciar la resignificación que, desde el arte, estos actores pudieron hacer sobre temas tan poco conversados. Frases tales como “esta es la metáfora de un país perdido que tiene que saldar deudas con la memoria” o “cómo un argentino le va a hacer eso a otro argentino” se escucharon en la sala, entre susurros que interrumpían el silencio.


“La obra nació como una necesidad de hablar de Malvinas, un tema con el que la dramaturgia tiene una deuda pendiente. A través de la obra buscamos generar una valoración, encontrar una metáfora, que es en definitiva lo que busca el teatro, que el lenguaje no sea lineal sino que genere reflexiones; abordar el tema desde un lugar en que compitan diferentes sentimientos hacia la guerra”, explicó Fernando Mancuso, quien junto a Francisco Molina representan a los dos personajes de esta obra.
Un combatiente de la guerra de Malvinas, designado al buque General Belgrano, hundido el 2 de mayo de 1982, se encuentra viviendo 40 años en el estómago de una ballena, animal que lo engulle tras encontrarlo congelado en el agua. Digo combatiente, y no “ex”, porque él no sabe que la guerra ha terminado. No sabe que su “escuelita” ya no existe, que ahora es el Museo de la Memoria de la ESMA, y que en esas tierras por las que tanto luchó hace décadas que flamea una bandera extranjera. Tampoco tiene noción del tiempo transcurrido. En su mente, sigue siendo un pibe de 19 años que nunca supo cómo hacer una guerra o cómo salir de ese barco que se hundía.

Un maestro de escuela rural de un pueblito de montaña viaja con sus estudiantes a la Península Valdés para conocer el mar y a las ballenas. Gracias a un mareo y un descuido, también se hunde en el mar y termina deglutido por el mismo animal. Él sí sabe todo lo que ha pasado, y en ese intento de explicar(se) lo sucedido, entabla conversaciones delirantes con su compañero de encierro. Por momentos, el juego entre nacionalismo exacerbado e ingenuidad resulta gracioso. Por otros, la sensibilidad y la emotividad ganan terreno, llevando a los espectadores a empatizar más allá de los conocimientos históricos que traiga cada uno.
“En la obra hay un cruce de generaciones con 30 años de diferencia que ayuda a los fines didácticos con los que se representa para escuelas. En general, todas las funciones que hicimos fueron para adultos, en encuentros por la Memoria en Mendoza. Acá es la primera vez que lo hacemos para adolescentes y nos encontramos con que participan desde el silencio y el respeto. No están acostumbrados a la temática y nos han dicho que se llevan muchas asociaciones para seguir pensando”, comentó Francisco.

Lo cierto es que la obra suelta sobre los espectadores muchas referencias históricas contundentes, difíciles de tragar hasta para los más avezados en historia nacional. Los hechos que desencadenaron en el hundimiento del buque Belgrano, los vuelos de la muerte, la ESMA y el continuo pedido de un tratamiento humanitario a prisioneros de guerra son algunas cosas que pueden escaparse al entendimiento de los más jóvenes y que quizás requieran de una contextualización o indagación posterior.
“Una chicharra sorda. Un grito atroz.
No habrá miedo en la garganta. No habrá rendición.
Volarás en caída libre. Nadarás
hasta devenir” (*)
Durante la jornada del viernes, y bajo un brillante sol de otoño, la convocatoria comenzó pasadas las 13hs, en el espacio en el que se proyectó la plaza Fito Teberna, junto a Espacio Trama. Vecinos, vecinas y organizaciones sociales se hicieron presentes para compartir una serie de actividades que continuaron hasta las 18hs e incluyeron intervenciones artísticas, palabras de recuerdo a compañeros y compañeras fallecidos y la inauguración de una placa en nombre del vecino Teberna, nacido y criado en San Martín de los Andes, con un pañuelo hecho a mano por el grupo de ceramistas de nuestra ciudad.



Al momento de descubrir por primera vez esta insignia de memoria, se escucharon las palabras de Matías Lavandeyra, secretario de ATEN, junto a las de Sandra Monteagudo y Eleonora Arias, referentes de Espacio Trama, y la invaluable historia de vida de Serena Gutiérrez, compañera de vida de Rodolfo. Durante un largo tiempo, en que los presentes escucharon con atención, algunos conteniendo el aliento, otros soltando algunas lágrimas, Serena contó anécdotas de su vida juntos, trayendo a la memoria la cotidianidad de un matrimonio perseguido y violentado por el terrorismo de estado. “San Martín no estuvo ajena a esa noche oscura. Yo soy una sobreviviente por ser compañera de Fito. Él quería ver la realidad de su pueblo” y “para enseñar dignidad está el pañuelo blanco” fueron algunas de las frases que quedaron flotando en el silencio tras su voz.



“Lloverás,
serás agua sobre nosotros.
Nos encontraremos
cubiertos. Bailarás.
Volverás a casa
en la memoria.
Volveremos” (*)
Luego de este emotivo momento, la columna de marchantes se formó y transitó por la calle Gral Roca, haciendo un alto frente a las instalaciones de Gendarmería, recordando que allí estuvieron detenidos vecinos de nuestro pueblo. Tras recorrer la avenida principal del centro de la ciudad, la manifestación se dispersó en la plaza San Martín, donde tuvo lugar un encuentro artístico y social. Allí, el dúo local Polemma, integrado por Paola Ilabaca y Emanuel Rocha, compartió un concierto musical, mientras en el centro de la plaza se secaba la pintura blanca con la que volvieron a pintarse los pañuelos, una tarea compartida entre adultos e infancias.






El colectivo artístico El Cofre ofreció una intervención teatral que incluyó la interacción con el público, extrañando y estremeciendo a más de uno con poemas susurrados y la interpretación de una pieza de Teatro por la Identidad. Finalmente, el cierre incluyó la socialización de un documento escrito en conjunto por organizaciones sociales locales, el recuerdo de vecinos recientemente fallecidos y la intervención del colectivo autoconvocado LGTBIQ+, con la que recordaron la persecución y violencia sufrida por miembros del colectivo, tanto en dictadura como en democracia, y reclamando definiciones sobre la desaparición de Tehuel.







La semana de conmemoración concluyó de esta manera, tras días de encuentros, eventos, producciones artísticas y charlas ofrecidas en escuelas locales. La memoria es un ejercicio colectivo que se pone de manifiesto contínuamente, cuando la comunidad se reúne y mantiene vivo el recuerdo.
(*) Fragmentos del poema “Los salvajes”, de Ángela Urondo Raboy, ilustradora, poeta y escritora. En 2013 logró restituir legalmente su identidad, que hasta 1994 desconocía. Es hija de la periodista Alicia Cora Raboy, desaparecida, y del poeta Francisco Urondo, asesinado en el marco del genocidio. Sobreviviente.
Fotos: Leo Casanova – RSM



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