Victor Soleño: un pionero en la ruralidad neuquina
(*) Por Ana María de Mena
Nacido en el pueblito pampeano de Metileo hace ochenta años, Víctor Eladio Soleño se crió alternando juegos, escuela y actividades en el predio de la casa donde sus padres sembraban, cosechaban y formaban a sus tres hijos en el trabajo y la buena vecindad. Nunca aprendió a bailar, pero desde niño aprendió a montar a caballo y disfrutó mucho de hacerlo, recorriendo campos y aprendiendo los secretos de la vida en la llanura.

Cuando tuvo que decidir en la adolescencia, se inclinó por estudiar en la Escuela Agrícola de Victorica, de donde egresó con el título de Práctico Rural. Siguió su aprendizaje en la Escuela Nacional de Agricultura de Bell Ville, en Córdoba y en un establecimiento similar de Casilda, Santa Fe.
Ese itinerario lejos del hogar le enseñó que no hay desarraigo pero sí oportunidades de conocer diversidades que enriquecen. En esos años aprendió de ganadería, agricultura, maquinaria agraria, avicultura, lechería, arboricultura, horticultura y apicultura. Su innata curiosidad lo entrenó en observar para resolver imprevistos, armar y desarmar herramientas e ingeniárselas para salir del paso, aún con escasez de elementos y gastando lo menos posible. Un período de trabajo en un establecimiento productor de semillas en la localidad de Murphy fue otro espacio de aprendizaje hasta que llegó el momento de cumplir con el servicio militar obligatorio.
Llegada al sur
Fue destinado a Junín de los Andes, que lo hizo conocer la Patagonia, con sus distancias, sus carencias y posibilidades. También fue una instancia para instruirse sobre los entretelones de la vida en la montaña. Y aquí se quedó.
La veterinaria del Regimiento 6 de Infantería de Montaña le reveló intríngulis para curar caballos y mulas del cuartel, y su comportamiento prudente y respetuoso posibilitó que el teniente veterinario con el que le tocó desempeñarse lo invitara a trabajar con él cuando su retiro coincidió con la baja en la conscripción.

Así empezó su vida laboral patagónica, en el Servicio de Luchas Sanitarias, actualmente SENASA, que lo llevó a recorrer los departamentos: Huilliches, Aluminé, Catan Lil, Chos Malal, Collon Cura y Lácar. En San Martín de los Andes conoció a Nieves Núñez con quien se casó y formó la familia que integran sus hijos María Clara, Diego y Jimena, que le dieron nietos que lo enorgullecen.
La vida le fue presentando circunstancias que lo llevaron a trabajar como mayordomo en los establecimientos rurales más importantes de la provincia. En ellos, comenzó la aventura de resolver con ingenio los inconvenientes de mayor escala. Fueron más instancias para adquirir experiencia.
La fama de inventor
Así fue que, para simplificar el riego y optimizar la tarea, con perspicacia y la ayuda de un manual, construyó un aparato para abrir canales, que resultó muy útil, y ese “canalero” fue copiado por otros establecimientos.
También simplificó la apertura de cerraduras de las tranqueras, mediante la modificación de llaves que facilitó el uso de candados. Cuando trascendió la eficacia lograda le pidieron que replicara el sistema para aplicarlo en otras estancias.
Ideó una funda para llevar los frascos de vacunas para los animales, agregada a un cinturón que evita la elevación de temperatura del contenido y un autodosificador de solución para combatir un parásito que afecta al ganado.

Fue comisario en la Sociedad Rural del Neuquén, donde concibió un sistema para el desplazamiento de animales que abrevia la tarea sin perder eficiencia y modificó el cierre de tranqueras con el mismo resultado. Esos desarrollos se impusieron y se usan en la actualidad.
Para las cacerías, mejoró el sistema de encierre de los ciervos durante los arreos, que evita lesiones y no obliga a sacrificar al animal lastimado, un sistema que adoptaron varios establecimientos. Soleño armó un dispositivo para cargar vacunos enfermos o ciervos heridos. Este “carguero” también fue útil para cargar y descargar la manga en el brete especial para la marcación de animales. En una de las estancias, solucionó las dificultades que planteaba una sembradora, cortándola por la mitad y acondicionando su nuevo estado para usarla exitosamente.
Esos son solamente algunos de los inventos que le valieron el apodo de “Pardales”, un personaje de historieta también llamado “Giro sin tornillos” y pariente del Pato Donald, que siempre ideaba novedades.
Campo a la vista
Cada vez que notó que alguna tarea se hacía de una forma deficiente porque “siempre se hizo así”, introdujo modificaciones exitosas. La asistencia a una reunión de CREA (Consorcio Regional de Experimentación Agrícola) le hizo notar que intercambiar experiencias era enriquecedor. El transcurso del tiempo se lo confirmó. Entonces, empezó a hablar con colegas y encargados de otros establecimientos y conformó un grupo de trabajo de ayuda mutua. Esa agrupación se inició el 8 de octubre de 1975 y funcionó durante varios años.

Después de visitar establecimientos de distintas provincias, los lazos personales se fueron fortaleciendo y, prácticamente, se convirtió en un núcleo de amigos que colaboraban entre sí en la resolución de problemáticas comunes. Fue Domingo Fernández Bestchtedt quien lo bautizó “Campo a la vista”.
Con ese grupo recorrieron varios establecimientos patagónicos y viajaron a capacitarse a Chile. Víctor Soleño también viajó a Estados Unidos por iniciativa de Jorge Birkner, un técnico del INTA. Lo hizo con él y otros colegas, con los que hicieron un recorrido de importante capacitación.
Además, fue el pionero neuquino en aplicar el sistema Tally Hi, una modalidad de esquila que superó las formas tradicionales, ya en desuso y fue el primero en aplicar la esquila pre parto. También fue de los primeros que aplicó inseminación artificial en la provincia del Neuquén.
Sembró mucho a lo largo de su vida laboral y, ya retirado, disfruta la familia y sigue yendo a las muestras de la Sociedad Rural del Neuquén, que lo nombró socio vitalicio por sus aportes. Gran lector, respetuoso, amable, es un referente de perfil bajo.
Un ingeniero agrónomo de Santa Fe lo presentaba diciendo: “Don Víctor sabe todo lo que hay que saber para manejar un campo”, una buena presentación para un hombre siempre dispuesto a aprender. Es, además, un vecino sanmartinense que goza de respeto y aprecio mucho más allá del lugar donde reside.
(*) anamariademena@gmail.com



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