Homenajes por Malvinas y un monolito a rescatar
(*) Por Ana María de Mena
La población sanmartinense vivió atenta a lo que sucedía en las islas del Atlántico sur durante la Guerra de Malvinas. No hubo residentes locales que actuaran o perdieran la vida durante los setenta y cuatro días que duraron las acciones, entre el 2 de abril de 1982 y el 14 de junio del mismo año. No obstante, en la Municipalidad se creó un Registro Único de Veteranos, integrado por quienes estuvieron en las islas y luego se radicaron en el pueblo. Se trata de un registro dinámico, porque algunos ya no residen aquí y otros se van sumando.
Años después, mediante las Ordenanzas N° 141/1988 y 3288/99, se homenajeó a quienes participaron en el conflicto, denominando “Héroes de Malvinas” a una calle próxima al arroyo Pocahullo en la margen norte. También se autorizó al Dr. Antonio Sergi, impulsor de la designación de la arteria, a colocar una placa con el nombre del Tte. Miguel Ángel Giménez en esa arteria.

¿A quién recuerda esa placa?
La mención alude al aviador nacido en la ciudad entrerriana de Paraná, en 1954, que estudió abogacía en la Universidad del Litoral e ingresó en la Escuela de Aviación Militar, de donde egresó como alférez aviador. Lo apodaban “Sombra”.
Le tocó pilotear un avión IA-58 Pucará durante las acciones en Malvinas. El 28 de mayo de 1982, durante la batalla de Pradera del Ganso, en un ataque al norte de Puerto Darwin, desde el aire destruyó un helicóptero británico que estaba en tierra. Luego, mantuvo comunicaciones desde el aire por VHF. Después, su aeronave ingresó en zona de nubes y se perdió contacto con él. Dos años más tarde, su cuerpo fue encontrado congelado en la carlinga del avión que pilotaba.
Su padre, Isaías Giménez, impulsó la Fundación Héroes de Malvinas, creada en 1986 para trasladar al país los restos de los soldados sepultados en las islas y realizar acciones evocativas y de ayuda a los veteranos de guerra que las necesitaban, entre otros propósitos.

Isaías Giménez presidió la fundación citada y la Comisión de Padres y Familiares de Combatientes Desaparecidos en Malvinas, e hizo gestiones como tal en Inglaterra y Suiza. Él y su hija Carolina, fueron los primeros argentinos en visitar el Cementerio de Darwin donde está sepultado el Tte. Miguel Angel Giménez.
Era secretario de esa fundación el Dr. Antonio Sergi, que tenía una casa en San Martín de los Andes.
Emotiva inauguración
Al promediar los años ’60, el Dr. Sergi había construido su vivienda en la actual calle Héroes de Malvinas, entre Elordi y Sarmiento. Tiempo después, integrando la fundación, realizó numerosas diligencias para recordar a los argentinos que intervinieron en la gesta, promovió el nombre de la calle e impulsó que se colocara la placa que evoca al Tte. Miguel Ángel Giménez, sobre un sencillo monolito que él mismo hizo construir.
Luego de muchas gestiones, fue inaugurado el 2 de abril de 1988, con la presencia del entonces gobernador Ing. Pedro Salvatori, el senador nacional Elías Sapag, el intendente Raúl Miguel, su secretaria de gobierno Luz María Sapag y miembros del ex Escuadrón Pucará, hoy IX Brigada Aérea con asiento en Comodoro Rivadavia, a la que perteneció el aviador nombrado. También hubo representantes de instituciones y numeroso público. Había pasado poco tiempo de la guerra, por lo que hubo lágrimas y palabras emocionadas durante el acto.

Luego de los discursos, compartieron charla en la casa del Dr. Sergi y, más tarde, los efectivos del escuadrón y la comitiva almorzaron en la estancia Parque Diana. La frase: “Los pueblos que olvidan sus tradiciones llegan a perder la conciencia de sus destinos y los que se apoyan sobre las tumbas gloriosas son los que mejor preparan el porvenir”, de Fernando de Lesseps, está en la placa.
Después del fallecimiento del Dr. Sergi, su hija Liliana, que vive frente al monolito, lo hizo reconstruir por los deterioros sufridos debido al paso del tiempo.
Otros reconocimientos
En 2015, por iniciativa de Jeannette Ardiles y en el marco del Día de la Soberanía, se realizó un mural evocativo con alumnos del taller de tallado en madera de la Biblioteca Popular Ruca Trabún, que se inauguró ese año en la plaza San Martín. Deteriorado, fue restaurado en 2021.

Dos años más tarde, en junio -mes en que se conmemora el aniversario de la creación de la Comandancia Política y Militar de la Argentina de las Islas Malvinas y adyacencias-, se inauguró en el Aeropuerto Aviador Carlos Campos una placa recordatoria por iniciativa del Sr. Luis De Brun. Este vecino suele llevar flores a ese lugar y colocar una bandera argentina, que en el centro tiene la silueta de las Islas, sujeta a dos postes en la costanera Miguel Andrés Camino, frente al lago Lacar.
Por otra parte, en el colegio F.A.S.T.A., a los pies de una imagen de la Virgen María, se encuentra una caja de vidrio con tierra procedente de las Islas, custodiada como una reliquia.
En 2022, los veteranos registrados en San Martín de los Andes fueron declarados ciudadanos ilustres. Sus nombres son: Alberto Faustino Mirabal, José Gabriel Beber, Jorge Alberto Bisso, Ernesto Pablo Hrvatin, Alberto Raúl Bruno, Comodoro Rafael Jorge Hernández, Oscar Edgardo Castro, Miguel Ángel Puentes, Luis San Martín, Daniel Antonio Vázquez y Walter Daniel Zamora. Algunos residieron un tiempo en San Martín de los Andes y luego se mudaron, otros continúan siendo vecinos de la localidad.

Son convocados y habitualmente participan en los actos públicos y acuden a las escuelas a relatar experiencias, cuando son invitados. Si bien el recuerdo de quienes dejaron la vida en el Atlántico Sur permanece y las evocaciones son frecuentes, sería estimulante para la memoria histórica resguardar las acciones y placas-insignias con las que los sanmartinenses expresaron su reconocimiento.
El monolito cercano al arroyo Pocahullo, desde hace mucho tiempo es preservado por una familia. Estando en un espacio público, sería apropiado que el municipio asumiera su mantenimiento para recordar la gesta de Malvinas. Ojalá que divulgar su historia contribuya al cuidado de ese significativo bloque de mampostería que desde hace treinta y cinco años resiste la intemperie.




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