Julieta Muñiz Saavedra realizó su descargo en el juicio ambiental por el depósito de barros cloacales
En el desarrollo del juicio ambiental que se desarrolla en nuestra ciudad, en la audiencia de ayer hizo uso de su espacio para descargo, Julieta Muñiz Saavedra, una de las acusadas en la causa. En su discurso mostró sus antecedentes académicos y profesionales, marcó un perfil de preocupación por al ambiente y estableció cómo fueron los procesos de trabajo cuando estuvo al frente del Organismo de Control Municipal. Insistió en un sentimiento de impotencia, durante su gestión.

Foto: RSM
“Cuando empecé con el Organismo del Control Municipal fui a ver el relleno sanitario y me encontré con una celda que estaba por la mitad. Estaba desbordado, no había cerco y había muchas construcciones sobre el relleno sanitario”… “Le dije a Brunilda que debíamos erradicar el relleno sanitario de la ciudad porque, esas construcciones, en un momento iban a tener gente”.
También remarcó las trabas que le generaban un sentimiento de impotencia. “Las actividades del Organismo de Control las abordé con responsabilidad. Responsabilidad como la habilidad de responder. Esto quiere decir que las acciones son limitadas. Si no hay decisión política, si no hay acompañamiento de gestión, si no hay presupuesto, se ven limitadas.
Después de haber enfatizado su compromiso dentro del Organismo de Control Municipal, se concentró en señalar los trabajos que logran la estabilización de los barros cloacales. Muñiz Saavedra explicó que el tratamiento que se le da a los barros en una planta de nivel terciario, como la que tiene San Martín de los Andes, y destacó que es muy distinto al de las plantas de nivel primario o secundario.
Después de explicar todo el proceso de tratamiento de la planta local, indicó que los barros salen pretratados y contó que históricamente fueron puestos en distintos establecimientos. Entre estos lugares estaban la misma planta PTE1, después en la PTE3, y finalmente se habían utilizado para la cobertura de las celdas ya cerradas, a través de un plan piloto de la Subsecretaría de Ambiente de adecuaciones ambientales. Se trabajaba con resto de poda, o chips o resto de madera, y se producían volteos para terminar el proceso de estabilización.
En su declaración, Julieta Muniz Saavedra remarca que le pidió a la cooperativa que no se continúe con el depósito de barros en el Vertedero, una vez que se presentó el reclamo de las familias y esto comenzó una discusión. En este sentido explicó que mientras Brunilda Rebolledo quería consensuar con la cooperativa, ella buscaba que la sancionen. “Ella no entendía la gravedad. Yo no quería seguir tirando los barros en el relleno sanitario porque habían empezado las quejas de los vecinos por el volteo.”
Además aclaró: “Nosotros estábamos ahí. Yo sentía el olor y sabía que había que mejorar esa situación y por eso insistí”.
“Yo tenía mucha impotencia porque siempre trabajé de manera responsable. Ni la Secretaría de Obras Públicas ni la de Planificación hacían las gestiones a nivel provincial o nacional para terminar con la disposición de los residuos. Yo me reunía con la gente de Junín de los Andes y Villa La Angostura, armaba lo posible para que la gestión se hiciera”.
Su abogado le pidió que hablara sobre cómo vivió el desarrollos de las diversas audiencias públicas en Cordones de Chapelco. “En las audiencias públicas la pasé muy mal. De cada una de ellas me fui con el auto roto”.
Sobre el cierre de la declaración se volvió a poner el foco en el proceso de tratamiento de los barros. Este es un tema esencial que se debe definir en las audiencias porque se discute si los barros son contaminantes o no. La fiscalía le pidió que respondiera por si o por no, “si en serio creía que a los barros los iban a estabilizar los rayos ultravioletas”, a lo que Julieta Muñiz Saavedra se negó a responder. Después aclaró que los rayos ultravioletas, que son más intensos en San Martín de los Andes, forman parte de los procesos que se aplican junto a los volteos.




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