Historias de comedor 3: No solo de comida se alimenta el ser humano

En el comedor comunitario que funciona en la sede vecinal de Chacra 30, cuatro mujeres trabajan en equipo junto a profesionales y miembros de otros sectores para brindar a los vecinos no solo comida, sino amistad, contención y sobre todo creatividad para crear momentos especiales. En esta historia, hablan Elizabeth, Lucia, Marisa y María.

Este espacio empezó a funcionar hace cinco años, poco antes de que se desarrollara la pandemia de Covid 19. Allí, Elizabeth fue la primera en llegar. Luego se sumó Lucia y dos años atrás, María y Marisa. Tres de ellas cocinan y una desempeña tareas de maestranza, pero todas forman un equipo coordinado en el que colaboran a la par para que todo salga como planean diariamente y brindar su mejor esfuerzo.

Al comedor asisten diariamente 135 personas que retiran viandas para llevarse a sus viviendas. «Armamos nosotras el menú según la mercadería que nos traen, día a día. Tratamos de que en verano sea liviana y en invierno reforzar. Hacemos los pedidos de alimentos secos y vegetales a Desarrollo Social, y lo que es carne nos envían ellos según lo que haya disponible. Antes hacíamos pedido también pero ahora es según las cantidades que se puedan manejar», explican.

«En pandemia llegamos a recibir a 160 personas. Trabajamos con todos los protocolos de cuidado disponibles y hubo un aumento de gente. También, mientras se estaba haciendo el trabajo en la ruta, hacíamos 25 viandas más para colaborar con los trabajadores que estaban ahí», agregan. Hablan todas juntas, por turnos, con acuerdo tácito de lo que comentan las compañeras.

«La gente es muy agradecida, muchas veces nos traen pequeños regalos, como plantas o algo de comida para compartir. También, junto con la delegación vecinal, solemos juntar donaciones de ropa y calzado para ayudar a las familias, a los adultos mayores y a los nenes. Tenemos grupos familiares de 4 a 7 personas. En el caso de los abuelos, se les da vianda de almuerzo y cena, según las recomendaciones que haga la asistente social de la delegación», expresan.

Al compartir edificio, el trabajo del comedor se articula con el personal de la delegación vecinal, del que participan tanto la delegada, Cecilia Urra, como asistentes sociales y el gabinete de psicología. «Tenemos muy buenos compañeros, se puede trabajar bien. Ha pasado que uno de los abuelos no podía venir a retirar la vianda y entonces se la llevaban con la camioneta de la vecinal para que no se quedara sin comer», agregan.

Entre las anécdotas de trabajo que recuerdan estas cuatro compañeras, está el caso de una vecina que llegó desde otro barrio, encontró el comedor y empezó a acercarse cada tanto con bizcochuelos o algo para compartir con el equipo: «No viene a buscar comida, viene a estar acompañada, a charlar y compartir». También hay otros casos en los que lo más importante que se brinda es la contención, la charla y la amistad: «Hay un chico del barrio que viene siempre, sabe que acá puede estar, viene a desayunar con nosotras, a contarnos cosas, a pedirnos ayuda. Charlamos, le damos comida y ropa seca, que le conseguimos con la vecinal, porque está en situación de calle».

Además de su tarea diaria de preparar la comida y asistir a los vecinos que llegan, en más de un sentido, a Elizabeth, Marisa, Lucia y María les gusta poner creatividad a la obra y preparar, cada tanto, alguna comida especial para sorprender a sus vecinos. Así, durante un mes estuvieron juntando pollo para poder hacer arrollados que acompañaran la ensalada rusa en la vianda del día de noche buena. «Otra vuelta, nos propusimos hacer canelones. Pedimos la acelga e hicimos más de 300 panqueques. Como no teníamos panquequeras acá, las fuimos trayendo de nuestras casas para poder hacerlos. Hasta hicimos la ricota casera porque sabíamos que eso no nos iban a dar. Así, de a poco vamos juntando ingredientes y podemos hacer una comida especial», cuentan.

No solo de comida se alimenta el ser humano. También se alimenta de contención, de cariño, de apoyo. De la posibilidad de encontrar un lugar a resguardo, donde sentarse a conversar, y de la sorpresa de encontrar una comida tradicional en un día festivo. Lo que estas personas realizan es su trabajo, pero la forma de hacerlo es su intención personal. Cada uno, desde su lugar, puede dejar huellas. Solo hay que proponerse que sean positivas.

Fotos: cortesía.

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