Artistas por Artistas – Tom Cat: «Las artes son fundamentales para ejercitar la empatía con el otro»
En esta columna dominguera, RSM conversa con artistas locales para conocer sus proyectos, saber cómo perciben el panorama cultural actual y qué otras personas los influyen y recomiendan. En esta entrega, hablamos con Tomás Stancati (Tom Cat), mencionado en la columna anterior.

RSM: ¿Cuándo empezaste a dedicarte a la música y cómo surgió ese interés?
TS: Creo que era tan pequeño cuando me surgió un interés por la música que diría que la música se interesó en mí primero y dijo: éste es para mí. Recuerdo estirar los bracitos para llegar a las teclas de algún piano, siendo bebé, en lo de un pariente o en el jardín de infantes o donde sea que hubiese uno, mientras iba creciendo, las teclas blancas y negras se iban acercando a mis manos. La música sonaba en mi casa todo el día, desde la mañana, desde el tocadiscos, podía ser Caetano con Chico, Nina Hagen o Stravinsky, si no era que mi mamá se sentaba en su cama a cantar y tocar algo en la guitarra o mi tío se juntaba a ensayar con sus amigos, escaleras arriba. Siempre música.
Cuando a los 12, con plata que junté vendiendo golosinas en el colegio, me compré mi primer tecladito, esa relación con el arte de combinar los sonidos se convirtió rápidamente en una «sana obsesión». Cursé dibujo en el bachillerato de bellas artes, en La Plata, y en sus edificios estaba lleno de pianos, era un paraíso. Pasaba horas, días y noches enteras tocando el piano. La música me fue guiando, me fue conectando, conmigo mismo y con los demás.

A los 20 emprendí la aventura del mochilero que se va al sur a dedo y, obviamente, lo hice con el teclado. Desde entonces, y gracias a la música, me establecí en este hermoso pueblo patagónico dedicándome a participar en proyectos musicales y artísticos y a dar clases. A partir de que llegué en 1997 formé parte de La bandurria Jazz Band, Los relojes de Dalí, Blues Valentín, Orbis, entre otras bandas locales y actualmente integro JazzApp, Standards, Parque, Smokers, proyectos con los que toco en establecimientos locales y regionales y también dos proyectos en donde ejecutamos piezas de mi autoría: Banda de Möebius y Fsus4.
RSM: ¿Cómo describirías tu estilo y tu ambición musical?
TS: Cuando yo era chico, mis tíos participaban de la primera formación de Los Redonditos, mi vieja cantaba en una banda de rock en La Plata y los Moura venían de visita a casa, o un día aparecía Luca en la cocina. Me encantaba ir a ensayos, la dinámica de las bandas, ver como nacían los temas. De a poco ya no era un observador y empezaba a participar, a cubrir a algún músico que faltaba o sumarme descaradamente tomando cualquier instrumento que estuviera libre.
Luego, mi búsqueda encontró en la composición una respuesta a una pregunta que tarde o temprano todos nos hacemos: ¿que voy a hacer con mi vida? Componer. Tocar el piano y componer. ¿Eso es un trabajo? Supongo que sí, por momentos es muy parecido. Buscando un estilo grabé ya veinte discos solista en los que deambulo por diversos géneros, y en estos últimos treinta años toque en incontables proyectos de lo más variados y compuse música para cortos o publicidades. Tuve la suerte de acompañar a músicos como Willy Crook, Fabiana Cantilo, Claudio Gabis o Jorge Pinchevsky, entre otros, y recorrer el país con la música. Siempre agradecido de que la música se haya fijado en mi.

RSM: ¿Cuál creés que es el rol de la música y de la cultura en general, en el contexto actual?
TS: Para mí, el lenguaje de la música (instrumental) tiene una característica singular: nos habla sin palabras. Nos cuenta algo, se lo cuenta a nuestro cuerpo, nos hace bailar, reír o llorar sin «decirnos» nada. Es un pensamiento, un sentimiento inequívoco, sin dobles lecturas. Es comunión con el otro, estimula una unión que colisiona contra el individualismo que se intenta (y bastante se logra) instalar en la sociedad de hoy, es algo que se comparte y se multiplica. Ergo la necesidad de expresiones culturales adquieren mayor relevancia en momentos donde cuestiones más mundanas (fríamente calculadas) sumergen a la gente en debates que en realidad nadie quiere bailar. Las artes, todas ellas, son fundamentales para ejercitar la empatía con el otro, para conocernos más y, en el mejor de los casos, entendernos entre nosotros.
RSM: Te pido que recomiendes otro artista local (puede ser de cualquier tipo de arte, no solo música) y porqué.
TS: No soy un hombre de mundo (tal vez cuando sea grande) pero por lo que he recorrido de este bellísimo, vasto y variado país diría que el argentino es un artista, a veces pintor, a veces actor, cómico o ladrón, pero ojo, como dije antes: no soy un hombre de mundo pero sospecho que debe ser así en todos lados, los humanos somos artistas, eso somos, animales artistas, y cuando el último deje de fingir que no lo es, bueno, supongo que va a ser alto baile. Uno de esos que ya nos hace bailar con su música, que ejecuta desde instrumentos que él mismo hace, es Juan Kovadloff, guitarrista, compositor, tallerista y luthier y vive y nos comparte sus saberes aquí en el pueblo patagónico de San Martín de los Andes.




El pianista Raúl Breser
Yo,viviendo en San Martin de los Andes,Sacromonte»,frente al ACA.mirando la ruta de vez en cuando,ese día en particular,vi un joven ,haciendo dedo ,con su mochila y un teclado,pasaban las horas ,no recuerdo ,si fue el o yo. El caso es que hablamos, voy al Bolson dijo,me es dificil con el teclado,puesta dejalo, yo te lo cuido, pasaron unas semana, me preguntaba que seria de el aal ver su teclado,….así le conoci.