Historias de comedor 4: el espacio de «los amigos y el trabajo de alentarlos a cuidarse
Ubicado en el casco céntrico, sobre la calle Rodhe, el hogar y comedor Nuestros Amigos funciona justo al lado del comedor municipal pero se gestiona de forma privada, con el trabajo voluntario y las donaciones de tiempo e insumos de muchos vecinos y vecinas de la comunidad. En esta nota, RSM conversó con varios voluntarios y voluntarias, para conocer cómo es el día a día en este espacio tan necesario para la comunidad, que en este momento se encuentra vendiendo porciones de locro para financiar la compra de alimentos.
La Asociación Centro de Ayuda Hogar Nuestros Amigos nació como tal hace más de 10 años, pero se comenzó a trabajar con el voluntariado unos 5 años antes, dando de comer, allí donde estuvieran, a hombres mayores en situación de calle, todos ellos con consumo problemático de alcohol. «Con el tiempo, se consiguió un espacio donde darles de comer bajo techo y desde allí hasta ahora no hemos abandonado esta tarea de acompañarlos, supliendo muchas veces a sus familias en cuanto a contención, ropa, alimento y sobre todo cariño. Todos los días les brindamos un abundante almuerzo y pueden acercarse durante todo el día a pasar un rato ameno», empieza a explicar Silvana Medina, coordinadora del hogar.

«De aquellos primeros «Amigos», como les dimos en llamar, ya casi no quedan muchos. La población fue cambiando en franja etaria y en el tipo de adicciones que atraviesan, pero nuestro trabajo sigue siendo el de acompañarlos en sus necesidades básicas, cuestiones médicas, trámites de documentos, ayudarlos en la búsqueda de trabajo o en la terminación de alguna formación escolar básica, y en todo momento brindarles el calor de hogar que han perdido, festejarles sus cumpleaños e incluso a fin de año, compartir el espíritu navideño. Esa es nuestra tarea, queremos que la conozcan y que puedan ser parte. Ayudando a ayudar también se puede cambiar el mundo que nos rodea, dando cada día, un pasito mas», cuenta Silvana.
Sobre sus inicios en el hogar, comenta: «Yo empecé en el año 2016, recién jubilada. Me invitó Sandra Pamich, miembro de la comisión original de la Asociación. También estaban Susana Ascheri (presidente), Ester Adin, José Ortiz (secretario), Manuel González (tesorero) y Carlos Fabi (revisor de cuentas), entre otros. Se puede decir que era toda gente movida por su responsabilidad social, y con la fortaleza que da la fe. A poco de ingresar, fui sintiéndome parte y entendiendo lo difícil de la situación de la gran mayoría de los Amigos; que cocinar y servir la mesa, era solo una mínima parte, era como la excusa para tratar de hacerlos sentir en la familia que no tenían, o habían perdido, todo como consecuencia de la enfermedad, de la adicción».

«La idea era y es llegar más allá, mostrarles que si se quiere y con mucho, muchísimo esfuerzo y acompañamiento, poden superarse, mejorar su autoestima, capacitarse, conseguir changas, perseverar en los buenos hábitos, reconstruir algunos afectos, hasta conseguir poder sostener un trabajo. Nada es de un día para otro, y puede que sean dos pasos para adelante y uno o dos para atrás, pero sabiendo que se los aprecia y respeta va surgiendo la fuerza de intentar una y otra vez», concluye Silvana, una entusiasta y convencida del trabajo que realizan, y un gran pilar para la continuidad de la Asociación.
Además de la voz de Silvana, otros miembros del equipo expresaron su experiencia. Una voluntaria de cocina de los viernes comentó: «Yo intento mejorar el mundo, con un granito de arena en mi ciudad, dando lo poco que puedo o sé, un plato de comida, un abrazo, una palabra o una escucha a gente que carece de muchas cosas desde vaya a saber cuánto tiempo. Es mi manera de agradecer por lo que Dios me ha dado, y se que no es suficiente, que se necesita mucho más. De mi parte hago lo mejor que puedo aunque a veces la situación me supera por mí falta de capacitación para tratar a hombres que han sufrido mucho y ademas tienen adicciones. A veces aprendo más yo de ellos que lo que puedo enseñar; así que estar en el Hogar es para el bien de todos, hasta de los que me rodean y pueden conocer una realidad que la sociedad intenta tapar, enterrar haciendo la vista ciega».

Una de las voluntarias que cocina los días domingos aportó: «Yo soy voluntaria porque me hace sentir mejor persona y, de cierta manera, devuelvo un poco de todo lo que me dio la vida. Me puedo comunicar más con la gente que necesita compañía, escucha, y sentirse personas respetadas. Se trata de ser útil, con tanta necesidad que hay en este momento».
Por otro lado, una voluntaria de los martes agregó: «Yo soy voluntaria cocinera desde después de la pandemia. Siempre participé en muchos lados, pero estaba con ganas de hacer algo más. Lo comenté con gente conocida y a raíz de eso, recibí la visita de Silvana Medina. La realidad que ella me contó, recibiendo a gente totalmente marginada, desde hace tantos años, nunca parando de ayudar, nunca dejando de dar de comer, me encantó. De a poco me fui encariñando con cada uno de ellos. A mí me gusta cocinar, es una satisfacción hacerles mi tuco y ellos se ponen re contentos. Todos hacemos lo que sabemos cocinar y le ponemos mucho cariño. Cada vez tenemos más personas que vienen a comer y nunca hemos dejado el comedor sin abrir. Lo haremos por todo el tiempo que podamos y nos dejen».



A estas voces se van sumando otras, como la de un voluntario de los sábados, que dijo: «Participo desde los comienzos, cuando dábamos de comer en la calle con donaciones de comida que íbamos pidiendo a restaurantes. Todo inició por una necesidad espiritual, para ayudar al prójimo, brindar un servicio a los más necesitados, porque se hizo muy notorio que nuestros hermanos, que estaban en la calle, necesitaban que alguien los atendiera». En línea con esto, una voluntaria que asiste los días lunes comentó: «Participo hace 3 años. Me invitaron unas compañeras de trabajo que ya eran voluntarias allí y que necesitaban mas gente para poder llevar adelante esta enorme tarea. Preparo y sirvo el almuerzo, pero va bastante más allá de eso. Cuando uno logra familiarizarse con la historia de cada uno, puede acercarse más y brindar una escucha, una palabra en el momento necesario, colaborar con un consejo o compartiendo un rato de charla. A veces hay momentos duros, con historias muy complejas y otras veces, momentos divertidos de festejos y risas».
Otro voluntario, de 84 años, que prepara tortillas y cubre ausencias de operadores municipales, contó: «Tengo el gusto de colaborar en el Hogar desde hace ya unos cuantos años y cada día, al ver la realidad en la que vivimos, me entusiasma más hacerlo. En comparación con el trabajo de otros voluntarios, lo mío no es tanto ya que asisto en algunas de las opciones de colaboración y, por ejemplo, me encargo de hacer algunas compras o participar en reuniones que se realicen puertas afuera dando mi punto de vista, y esas cosas que con el diario avatar van apareciendo. Pero también participo en algunas oportunidades, más bien unas cuantas, haciendo tortillas de papas fritas con los ingredientes que van llegando de donaciones al Hogar, cosa que los amigos me piden insistentemente y a mi me gusta muchísimo. También cubro espacios, huecos que quedan por la ausencia de quienes deberían hacerlo y no lo hacen, a pesar de que son pagos y tienen unos cuantos años menos que yo. Y en esos momentos, tengo el tiempo y el gusto de prestar mi oreja a los muchachos, ya que al verme a menudo y jaranear con ellos, me cuentan sus cosas y les doy mi opinión y apoyo, que creo que es un elemento muy valioso, y decirles ‘estoy acá, te veo y te acompaño’. Se sienten muy solos y a veces una palmadita en la espalda tiene mas valor que un plato de sopa».

«También tenemos otro voluntario octagenario que juega con ellos al ping pong una vez por semana y cubre horarios en días de paro. Otro es constructor y nos ayuda, venta de locro de por medio, para remendar las casitas de los que la tienen. El locro del año pasado fue para techar una casita de uno de los Amigos, a la que se le había caído buena parte del techo. Somos unas 15 cocineras y dos cocineros voluntarios. Además hay voluntarios que ayudan de otra forma, como con espacios de escucha. Allí son 3 realizando ese importante trabajo, gente que se capacitó en eso. Otros ayudan con ropa para los muchachos, camas, colchones, frazadas, sábanas, insumos comestibles, como por ejemplo el Club de Leones; la Avícola, la pollería; la panadería Las delicias de la Patagonia, entre otros. Los socios del Rótary y las señoras de la rueda rotaria siempre nos ayudan de distintas formas. La Cruz de Malta nos envía frazadas o ropa interior», concluye Silvana Medina.

Para financiar la compra de insumos para cocinar y mantener el espacio, el equipo del Hogar Nuestros Amigos está vendiendo porciones de locro, especialmente preparado por el chef Hernán Crescimone, para este 25 de Mayo. Las porciones se encargan por teléfono (2944661543 / 2944419883) y se retiran en El Arenal.
Fotos: Cortesía Asociación Centro de Ayuda Hogar Nuestros Amigos.




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