“Fragmentos de un extravío”: una obra de teatro necesaria y conmovedora
En un pequeño y acogedor espacio en el centro de la ciudad, y ante la atenta, perpleja y confundida mirada de tan solo una decena de personas, las funciones de la obra “Fragmentos de un extravío”, escrita e interpretada por Teresa Istillarte y Lucas Verduga Santillán, siguen sucediendo sábado a sábado, cortando el frío de la noche cordillerana con el cuchillo de la introspección.
En la antesala, el pequeño grupo de espectadores espera a que un telón negro se abra y les permita el paso. Adentro está oscuro, apenas se ve un semicírculo de sillas y algunas cositas que brillan en el suelo. Con cuidado, tomar asiento resulta ya ser parte de la experiencia. Una rotunda cita de Jorge Luis Borges se lee en la cabecera del programa de la obra: versos sobre el tiempo, perderse en el fango, la muerte y el tango. El clima de confusión y expectativa aumenta, mientras uno se pregunta cuál será la perfecta línea diagonal que una todo aquello con el extravío, la fragmentación y la historia de estas dos personas que, al encenderse la luz de sala, ya están presentes, moviéndose por el espacio como almas sueltas.

Durante poco menos de una hora, la conversación entre estos dos amigos va discurriendo por diferentes círculos, en un tiempo sin tiempo, en un espacio que transmite encierro, del que es preciso escapar aunque no se sepa qué hay afuera, o cómo es. Los recuerdos se van amontonando, exacerbados por la irrupción de la música: el rock, el folklore, el tango y hasta un bolero, de esos que sabemos todos y que, tímidamente, algunos de los presentes empiezan a cantar, quizás en una profunda compenetración, quizás como mecanismo de defensa ante la profundidad, dolorosa y a la vez tan humilde y amorosa, de la escena que están observando.
Hay un plan de fuga, sí. Hay también una añoranza de la bella sombra bajo un árbol, que ya nadie busca ni sabe disfrutar. Hay una realidad que se derrumba, en un mundo que se viene abajo ante la mirada cómplice de los indiferentes. Hay sueños de artistas y la búsqueda de una belleza perfecta. Hay, principalmente, una cotidianidad delicada, endeble; una sopa al fuego de la hornalla; y dos personas que se reclinan constantemente una sobre la otra, en mutuo sostén, intentando reunir los fragmentos que han quedado desparramados tras haberse hecho trizas, para convertirlos en un cosmos de belleza que solo tiene sentido para quien reconoce en ellos su propio reflejo.
La puesta en escena: simple, íntima y concéntrica, logra que el espectador perciba la historia a través de todos sus sentidos, que cante, se emocione, se sorprenda, se haga preguntas y se ría, todo a la vez. Porque no somos robots, no da todo igual. Hay sangre que nos recorre, piel que envejece, filos que hieren y tiempos que se acortan hasta agotarse. Entonces, hacia el final de la obra, uno vuelve a preguntarse, visto lo que ha visto y oído lo que oyó..¿dónde queda lo importante?
Aquellas personas que quieran disfrutar de esta gran experiencia teatral, pueden contactarse por whatsapp al 2972 431406. Allí podrán conocer nuevas fechas de funciones, horarios y adquirir las entradas. Los cupos por función son limitados.
Dramaturgia y actuación: Teresa Istillarte y Lucas Verduga Santillán
Asistencia técnica: Adriana Martínez Araujo
Imagen de programa: Leandro Uteola




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